Antes de publicar la primera parte del Quijote en 1605, Cervantes ya había vivido demasiadas vidas: soldado, cautivo en Argel, funcionario de la Corona y recaudador perseguido. Entre 1587 y 1600 recorrió Andalucía, primero como comisario de abastos —requisando, comprando y certificando trigo, cebada y aceite para la Armada— y después como recaudador de impuestos atrasados. Fue una etapa ingrata, llena de deudas, pleitos y problemas con la Hacienda Real, que incluso lo llevó por poco tiempo a la cárcel de Sevilla en 1597.
De esa época precisamente procede el manuscrito que la casa de subastas Durán saca a la venta en Madrid el 27 de mayo por casi 150.000 euros: 120.000 euros de salida más el 23% de comisión. La pieza ha despertado expectación por su excepcionalidad histórica —una carta de pago fechada en 1593 ante escribano público—, por la práctica ausencia de escritos privados de Cervantes y por la larga batalla judicial que acarrea desde que la Junta de Andalucía denunciara su extracción del Archivo Histórico de Sevilla.
Se trata de una carta manuscrita de pago a Miguel de Cervantes Saavedra por parte de Andrés de Cerio, fechada en Sevilla el 8 de julio de 1593, en la que el futuro autor del Quijote reconocía haber recibido 600 reales de plata por sesenta días de trabajos vinculados al embargo y provisión de aceite para abastecer a las galeras españolas que salían desde Sevilla rumbo a las Indias.
Desaparecido del archivo de Sevilla
La historia tiene su interés. En 1998 sale a la luz la subasta de este ‘acta notarial’ en Barcelona por 11 millones de pesetas ( 66.111 euros). El vendedor era el abogado mallorquín José María Casasayas Truyols, un reputado cervantista y principal impulsor ese mismo 1998 de la Asociación de Cervantistas, con sede en Alcalá de Henares. El comprador, una librería de Londres (pero nunca saldría de España por no recibir del Ministerio de Cultura la autorización de exportación).
La reaparición del escrito alertó al Archivo Histórico Provincial de Sevilla, que custodia el protocolo del escribano Luis de Porras de 1593, del que formaría parte. Y al comprobarlo, «observan que la página 390 donde obraba dicho documento público está cortada», arrancada. Esta desaparición urgió a la Junta a la reclamación judicial de lo que entendían era patrimonio documental público. Así lo explica Alejandro Torres Ridruejo, quien participó en la defensa jurídica del caso como letrado de la Junta de Andalucía, en la revista del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico en 2012. Sin embargo, la vía penal abierta en Barcelona fue archivada y la Administración decidió acudió entonces a la jurisdicción civil para reclamarlo.
Detalle de cómo fue arrancada la hoja del Archivo de Sevilla / REVISTA DEL INSTITUTO ANDALUZ DE PATRIMONIO HISTÓRICO
La demanda contra José María Casasayas Truyols fue desestimada en 2006 por un juzgado de Palma. La Audiencia Provincial de Palma de Mallorca confirmó el fallo en 2007 y el Supremo inadmitió después el recurso de casación. En la práctica, los tribunales dieron por válida la compraventa privada alegada por Casasayas (fallecido en 2004), fechada en 1977.
Las pruebas
La Junta demostró, tal y como revela el jurista, que no se trataba de una copia privada, como alegaba el vendedor, sino de la hoja arrancada del protocolo notarial. Para ello se apoyó en el legajo de índices de escrituras n.º 18.638, donde aparecía una referencia a la carta de pago de Miguel de Cervantes Saavedra a Andrés de Cerio como asiento CCCXC / 390. En el cuaderno del protocolo de Luis de Porras, foliado entre las páginas 368 y 393, faltaba precisamente la página 390. Además, el documento conservaba esa foliación, el corte en zigzag coincidía con el del cuaderno, presentaba dobleces compatibles con haber estado encuadernado y mostraba rasgos propios de una matriz: firma de otorgantes y testigos, rúbrica del escribano, arancel, tachones y anotaciones internas. Pero los tribunales no les dieron la razón y la sentencia primó la posesión privada durante años.
De nuevo, en 2026 sale al mercado y con todas las de la ley. El catálogo de Durán describe la pieza como un papel de hilo con filigrana, de 31,4 por 20 centímetros, escrito por ambas caras y con una pequeña corrosión causada por la tinta en el margen izquierdo, sin afectar a la lectura. También subraya la importancia del mismo, ya que «no se conocen manuscritos literarios ni memorias privadas de Cervantes: los escasos autógrafos auténticos conservados son, como este, documentos administrativos, casi siempre custodiados por instituciones».

Qué dice el texto, leído con inteligencia artificial
Anverso:
Sepan cuantos vean esta carta que yo, Miguel de Cervantes Saavedra, criado del rey nuestro señor y residente en esta ciudad de Sevilla, otorgo y reconozco que he recibido de Andrés de Cerio, vecino de la ciudad de Córdoba y presente ahora en esta ciudad de Sevilla, seiscientos reales de plata.
Dicha cantidad corresponde a mi salario de sesenta días, a razón de diez reales por día, por el tiempo que me ocupé en ayudar al dicho Andrés de Cerio en el embargo de cinco mil arrobas de aceite que hizo en Écija, Marchena, El Arahal y Utrera, para el abastecimiento de las galeras de España.
Todo ello se hizo en virtud de una comisión de Pedro de Isunza, proveedor general de dichas galeras, dada en el Puerto de Santa María el veinticuatro de octubre del año pasado de mil quinientos noventa y dos, a la cual me remito.
Los dichos seiscientos reales los recibí del referido Andrés de Cerio en dinero contado…
Reverso:
…y renuncio a la excepción y a las leyes sobre la entrega del dinero y la prueba del pago, tal como en ella se contiene.
Y por los dichos seiscientos reales le otorgo esta carta de pago, según queda expresado. Fue hecha en Sevilla, a ocho días del mes de julio de mil quinientos noventa y tres.
Y el otorgante, a quien yo, el escribano público abajo firmante, doy fe de conocer, la firmó de su nombre en este registro. Fueron testigos Luis Gerónimo de Herrera y Juan de Porras Noriega, escribanos de Sevilla.
Va entre renglones la palabra “comisión”, que vale; y va tachada la palabra “provisión”, que no vale.
Firman: Miguel de Cervantes Saavedra; Luis de Porras, escribano público de Sevilla; Luis Gerónimo de Herrera, escribano de Sevilla; y Juan de Porras Noriega, escribano de Sevilla













