En la primavera de 2022, el proyecto de la Fundación Zaragoza 2032 estaba agotado desde todos los prismas: deportivamente, a nivel económico, en credibilidad social y en las relaciones de todos los propietarios, entre los que hacía tiempo que ya había dejado de existir el pegamento necesario y no había más que tiranteces, hostilidades personales y enormes discrepancias. Estaba gestándose un cambio de propiedad en la SAD y a punto de terminar una era: los ocho años posteriores a la vergonzosa etapa de Agapito Iglesias.
Fueron ocho años duros por la herencia financiera recibida, con una primera temporada en la que el equipo aragonés acarició la gloria del regreso a Primera División en Las Palmas con Ranko Popovic en el banquillo. El sueño se esfumó por minutos. Una campaña después, otra clara opción de playoff voló en aquella tarde ignominiosa frente a la Llagostera. Luego, hubo dos ventanas de oportunidad más, las dos con el Real Zaragoza en condiciones de todo pero que acabaron en la primera ronda de la promoción de ascenso: frente al Numancia en la temporada 17-18 y contra el Elche en la 19-20, la de la pandemia. A partir de ahí, un ocaso progresivo lejos de los mejores pero salvando la categoría de manera más o menos tranquila al final de cada Liga.
El cambio de propiedad se produjo en mayo de 2022. La SAD acabó en manos de Real Z LLC, un conglomerado de inversores liderado públicamente por Jorge Mas en la figura del presidente, apadrinado por Juan Forcén en la ciudad, con hombres fuertes del mundo de la gran empresa y de los fondos internacionales y tutelado en todo momento desde Madrid por ustedes ya saben quiénes.
Todos empresarios de éxito en sus negocios, con grandes fortunas, alentados y auspiciados por un sector de la política en la comunidad hasta que dejaron de ser una bendición y pasaron a convertirse en un problema. El principal y gran motivo que originó su llegada y por el que siempre han salivado fue el caramelo de la construcción de la Nueva Romareda para el verano de 2027, entonces lejos en el tiempo, en términos de oportunidad cerca si ponderamos los plazos en los que se gestan los buenos negocios.
El director general Fernando López fue el único representante institucional del club en Las Palmas. / MAURICIO DEL POZO
Desde el primer momento, Real Z LLC prometió el oro y el moro a nivel deportivo: el regreso a Primera y hasta regresar a Europa. Todo ello fundamentado en la indudable potencia financiera de los inversores y en su gran labor económica desde su aterrizaje en la sociedad. La deuda neta se ha reducido sensiblemente, ha habido varias ampliaciones de capital y la situación económica del club es mucho mejor que hace cuatro años, aunque sigue siendo mala.
Nada hacía pensar que el desfase entre la capacidad financiera de la SAD y su fuerza deportiva iba a quedar tan sorprendentemente descompensada. Ni que la Nueva Romareda iba a nublar tanto la vista hasta dejar desatendida la principal parcela de un club de fútbol: la deportiva.
En sus cuatro campañas al frente, el desastre en el campo bajo el mandato de Real Z LLC ha sido absoluto: en la temporada 22-23, el equipo terminó decimotercero con 53 puntos, a catorce del playoff; en la 23-24 fue 15º a trece del sexto y ya solo seis por encima del descenso; en la 24-25 terminó decimoctavo, el primero de los que huyeron de la quema, con 51 puntos y seis de margen sobre el Eldense.
Así hasta llegar a esta campaña, la 25-26. La que quedará para siempre en los libros de historia por el descenso del Real Zaragoza a Primera RFEF. Después de ocho meses sin salir de los cuatro últimos puestos, el equipo escribió el peor capítulo de su historia en Las Palmas. La curva descendente en el césped descrita desde la llegada de Real Z LLC a la propiedad tocó fondo y tuvo su epílogo final este traumático domingo.
La constante inestabilidad, los cambios de dirección, los continuos volantazos, el amateurismo, el lamentable desempeño de Mariano Aguilar en la figura de correveidile en Madrid, la falta de un proyecto serio y bien pensado y las pésimas elecciones de entrenadores y jugadores han acompañado a Jorge Mas y a su grupo de compañeros desde el primer día. Esta campaña todo ha sido el colmo.
Txema Indias malgastó el mayor límite salarial de esta etapa de trece años en Segunda, 12,8 millones de euros, en una plantilla repleta de futbolistas acabados y lamentables, con pocas excepciones, y en unos entrenadores que nadie olvidará: Gabi Fernández, Rubén Sellés y David Navarro. El Real Zaragoza ha descendido a Primera RFEF bajo la presidencia de Jorge Mas y la afrentosa custodia del clan de Madrid.
La Nueva Romareda ya dibuja su silueta y quienes salivaban antaño, seguirán salivando hoy por la maldita codicia. Mientras, el equipo de fútbol de la ciudad se ha ido al garete. Zaragoza llora. Sus gentes lloran. La SAD necesita una reconstrucción a fondo: es el momento de que rueden cabezas.
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