La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, advirtió este jueves de que el alcance del impacto económico de la guerra con Irán dependerá en gran medida de que se mantenga o no el frágil alto el fuego alcanzado esta semana entre Washington y Teherán. Aun así, avisó de que, “incluso en el mejor de los escenarios”, no habrá una vuelta “pulcra y ordenada” a la situación previa al estallido del conflicto en Oriente Medio, ni siquiera si un eventual cese permanente de las hostilidades permitiera restablecer el paso por el Estrecho de Ormuz.
La economista búlgara inauguró las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial con un discurso centrado en las consecuencias de la guerra, que ha obligado al organismo a revisar sus previsiones económicas, cuya actualización se conocerá el próximo martes. “De no haber sido por este shock, habríamos mejorado el crecimiento global”, aseguró.
Georgieva señaló que el eje del encuentro será analizar “cómo capear de la mejor manera este último shock y aliviar el daño a las economías y la gente”. A su juicio, el conflicto tiene un alcance global, aunque desigual, y afecta directamente a una parte clave del suministro energético mundial: el 13% del petróleo diario y el 20% del gas natural licuado.
La directora gerente del FMI alertó además de un posible efecto dominó, con cierres de refinerías, escasez de algunos derivados del petróleo, un aumento de la inseguridad alimentaria para 45 millones de personas y nuevas disrupciones en la cadena de suministro de materias primas esenciales como el helio o la nafta.
Ninguno de los escenarios que maneja el FMI, y que se detallarán la próxima semana, contempla una vuelta sencilla a la situación previa a la guerra. Según explicó Georgieva, aunque se produzca una desescalada en Ormuz, las alteraciones en el comercio internacional pueden prolongarse durante bastante tiempo.
“La realidad es que no sabemos realmente qué futuro espera al tráfico por el estrecho de Ormuz o, por lo que nos respecta, a la recuperación del tráfico aéreo regional”, afirmó. Como ejemplo, citó la situación en el estrecho de Bab el-Mandeb, conectado con el mar Rojo, donde el tráfico no ha recuperado los niveles previos a 2023.
Ante este escenario, Georgieva sostuvo que el ajuste de la demanda “es inevitable” e instó a los países a evitar respuestas unilaterales, como controles a las exportaciones o a los precios, porque podrían dificultar aún más la recuperación y agravar la crisis. También desaconsejó medidas de amplio alcance, como recortes fiscales generalizados o subsidios energéticos, al considerar que podrían añadir presión inflacionaria y complicar la labor de los bancos centrales.
“Añadir un estímulo financiado con déficit a este mix en este momento incrementaría la carga sobre la política monetaria”, señaló. “Sería como conducir con un pie en el acelerador y otro en el freno”, ejemplificó.
En conjunto, la guerra pondrá a prueba a una economía mundial que hasta ahora había mostrado resiliencia, apoyada en parte por las inversiones tecnológicas vinculadas a la inteligencia artificial. Con todo, Georgieva insistió en que serán los hogares más vulnerables quienes soporten “la carga más pesada” de esta crisis. “Recemos por una paz duradera en Oriente Medio y en todas partes”, concluyó.
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