El 19 de febrero de 2025 marcó un antes y un después en la vida de Daniel López, zaragozano de nacimiento y vecino de San Sebastián. Con 50 años recibió la peor de las noticias: glioblastoma. Es el peor tumor cerebral que existe, de rápido crecimiento y muy agresivo. Todo comenzó el 11 de noviembre de 2024. Mientras estaba en casa con su familia, tuvo un episodio extraño: un dolor muy fuerte en la cabeza, un sabor metálico en la boca y visión doble.
«También noté dificultad para recordar algunos datos básicos, aunque podía hablar con normalidad», nos cuenta en una conversación telefónica. Su mujer pensó que podría tratarse de un ictus, sin embargo, en el hospital y tras algunas pruebas, le dijeron que había tenido una crisis epiléptica.
Pero nada más lejos de la realidad. «Me realizaron una resonancia y confirmaron un tumor cerebral, pero no pudieron determinar la gravedad exacta». Unos días más tarde le dieron la noticia: tenía un glioblastoma, un tumor cerebral agresivo de grado IV, con una esperanza de vida limitada -entre 12 y 16 meses- sin tratamiento.
«Fue un momento devastador, especialmente porque siempre había sido una persona muy activa y saludable», explica. Y más con un niño pequeño (ahora tiene 9 años). Siguió el protocolo estándar Stupp, que combina radioterapia y quimioterapia oral. Fueron 30 sesiones de radioterapia de lunes a viernes, acompañadas de ciclos de quimioterapia de cinco días con 23 días de descanso. Los efectos secundarios fueron leves. «Algo de cansancio y náuseas, pero lo soporté bastante bien».
Sin embargo, todo cambió el pasado mes de noviembre. Daniel se convirtió en uno de los primeros pacientes del País Vasco en recibir, financiado por Osakidetza, un tratamiento novedoso para este cáncer cerebral: TTFields, que hasta junio se había administrado a través de la sanidad privada.
Glioblastoma, tumor cerebral agresivo mapeado en detalle genético y molecular. / Freepik
No cura, pero mejora la supervivencia de los pacientes
Daniel vive pegado casi las 24 horas del día a este dispositivo. Está diseñado para ralentizar la progresión del tumor. Su efectividad depende del uso constante: se debe llevar la mayor parte del día, aunque hay que retirarlo unas horas cada pocos días para cuidar la piel. «Gracias a este tratamiento, mi calidad de vida se mantiene bastante bien, y sigo siendo independiente», señala.
Su mujer le ayuda a colocar los electrodos correctamente. Hace una vida normal «dentro de lo posible». «Puedo realizar la mayoría de mis actividades y sigo activo, aunque a veces me cuesta encontrar palabras», dice. Ingeniero de profesión, antes del diagnóstico trabajaba en telecomunicaciones y ciberseguridad. Actualmente, «tengo incapacidad permanente absoluta, pero sigo investigando tratamientos y colaborando con asociaciones de pacientes, como ASTUCE».
1.300 casos de glioblastoma cada año en España
El 2% de los cánceres cerebrales que se diagnostican en nuestro país anualmente son glioblastoma. La cefalea es uno de los síntomas más característicos de este tumor. Sin embargo, en muchas ocasiones es difícil que su presencia haga sospechar al paciente. Debido a la presión intracraneal, el glioblastoma también puede provocar somnolencia. Y, dependiendo de la localización del tumor, pérdida de fuerza, dificultad para hablar…
Contar la noticia a su familia fue «devastador» para Daniel. No obstante, nunca ha pensado en tirar la toalla. «Intento mantener la esperanza y apoyarme en mi entorno más cercano. Mantener la actitud positiva es un trabajo diario, y el apoyo familiar es fundamental».












