El tercer Debate de Política General del Consell ha dejado una idea clara. Mallorca hoy tiene rumbo. El presidente Llorenç Galmés trabaja para dar respuesta a los problemas que nos hemos encontrado después de ocho años de izquierdas, y toma decisiones valientes para solucionar lo que nos depara el mundo actual. Todo con un principio que guía cada decisión: gobernamos para la gente de aquí.
No es un eslogan vacío. Es una forma de gobernar que se traduce en hechos.
En vivienda, con un anuncio histórico ante el principal drama social de la vivienda: la cesión de más de 45.000 metros cuadrados para construir 323 viviendas de protección pública en Palma, la mayor promoción impulsada por el Consell de Mallorca a pesar de no tener competencias directas.
En carreteras, con el inicio del proyecto del segundo cinturón, una infraestructura clave para mejorar la fluidez de los accesos a Palma y poner fin a situaciones injustas como el trazado actual sobre el Coll d’en Rabassa. Una inversión inicial de 78 millones de euros para resolver problemas reales y que durante demasiados años permanecieron en un cajón.
En políticas sociales, con medidas que sitúan a las personas en el centro: 110 plazas nuevas residenciales para nuestros mayores, y el incremento hasta los 4 millones de euros para financiar el coste total de residencias municipales y garantizar su sostenibilidad, una novedad importante de esta legislatura del presidente Galmés. Porque un gobierno también se mide por cómo cuida a quienes más lo necesitan.
Y finalmente una gran propuesta de escudo social para los mallorquines, ante el contexto internacional que nos está afectando a todos. El Pla Mallorca Protegeix, dotado con 84 millones de euros, es un escudo real para familias, empresas y sectores productivos. Sin improvisaciones. Con diálogo y coordinación plena con las medidas anunciadas por el gobierno balear.
Ante todo esto, ¿qué hemos visto en la oposición? Lo de siempre. Críticas previsibles, discursos que no se actualizan y una incapacidad reiterada para reconocer ninguna medida positiva. Una oposición instalada en el «no» permanente, incluso ante iniciativas que responden a problemas que ellos mismos dejaron sin resolver.
Conviene no olvidar de dónde venimos. Ocho años sin soluciones en vivienda, con miles de familias en lista de espera. Infraestructuras paralizadas. Oportunidades perdidas. Y, sin embargo, ahora exigen en meses lo que no hicieron en años.
La diferencia es evidente. Hoy hay un gobierno que no mira hacia otro lado. Que afronta los retos con determinación y valentía. Que escucha a los municipios, a los sectores y a la sociedad. Y que toma decisiones.
También cuando se trata de defender Mallorca ante el gobierno central. Sin renuncias. Sin excusas. Reclamando lo que es justo para esta tierra.
Porque Mallorca no quiere ser más, pero tampoco menos. Quiere lo que le corresponde.
Este debate no iba de palabras, sino de modelo. Y el modelo que representa el presidente Galmés es claro: más inversión, más servicios, más cohesión y más respeto por la gente de esta isla.
En definitiva, un gobierno que se siente mallorquín, que no hace política para generar ruido, sino pensando en la gente de aquí.
Y eso, hoy, marca toda la diferencia.
Pero, sobre todo, marca el camino. Porque lo que hemos visto en este debate es la confirmación de que Mallorca ha recuperado un rumbo claro. Un rumbo basado en la responsabilidad, en el trabajo bien hecho y en la convicción de que esta tierra merece gobiernos a la altura.
Con camino todavía por recorrer, con retos importantes por afrontar y con la misma determinación que hasta ahora, este gobierno seguirá haciendo lo que ha hecho desde el primer día: gobernar para la gente de aquí.











