Como en ‘Los inmortales’, solo puede quedar uno. Cinco finalistas, otros tantos libros seleccionados se supone que con mimo por los ‘scouts’ literarios, periodistas culturales de diarios generalistas en abrumadora mayoría que han desbrozado el camino para el jurado, y un premio gordo de un millón de euros, cantidad con la que Aena irrumpe en la historia de los galardones literarios españoles a lo grande y con gran estruendo de caja registradora. «Los escritores debemos hacer voto de pobreza pero, a diferencia de los monjes, estos votos de pobreza no tienen por qué ser perpetuos», ha resumido con cierta guasa el colombiano Héctor Abad Faciolince, finalista con ‘Ahora y en la hora’, durante la rueda de prensa que los cinco candidatos al primer Premio Aena de Narrativa han ofrecido este martes en Barcelona.
El suspense durará poco ya que, en unas horas, el miércoles por la noche, se anunciará en el Museu Marítim de Barcelona el nombre del nuevo millonario de las letras hispanas. «Con los premios los escritores compramos tiempo para escribir, pero no sé cuánto tiempo se compra con esto, la verdad», ha reconocido la chilena Nona Fernández, candidata al premio con ‘Marciano’ y quien ya sabe que va a destinar parte de lo que ingrese en comprar un lavavajillas. O, según se mire, un poco más de tiempo. Porque el consuelo para los ‘perdedores’ es que aquí no habrá cabezas violentamente seccionadas del cuerpo, sino cheques algo menos suculentos (30.000 euros para cada uno de los finalistas) y pingües beneficios derivados de los derechos de autor de todos los ejemplares de las obras que Aena comprará con otra partida de 1,4 millones de euros. Casi nada.
Vila Matas, Schweblin, Giralt Torrente, Fernández y Abad Faciolince / EPC
Se entiende así el porte relajado y aparentemente distendido con el que los finalistas han comparecido ante los periodistas en la previa de la gala de entrega. «Ahora que he entrado en el campo se me ha pasado todo el nerviosismo», ha asegurado Enrique Vila-Matas, finalista con ‘Canon de cámara oscura’. ¿Valoración exprés? «El premio para mí es aumentar los lectores. El valor real de los premios es la visibilidad”, ha relativizado el autor barcelonés.
Polémica «artificiosa»
A su alrededor, frente común del resto de finalistas a la hora de desactivar posibles polémicas sobre la naturaleza del premio, lo astronómico de la dotación y la conveniencia de que sea una empresa de participación pública quien lo entregue. «Todas las críticas al premio son entendibles. Como sureña, está bien que critiquemos los problemas con los que puede venir este premio, pero hay que ser muy cuidadosos en no sacrificar el espacio destinado al libro», ha valorado la argentina Samanta Schweblin, firme candidata al galardón con los cuentos de ‘El buen mal’. «La polémica es imposible dejarla fuera, pero en un mundo donde los premios han sido jibarizados o eliminados, hay que ayudar a que se mantenga”, ha añadido Nona Fernández.
El madrileño Marcos Giralt Torrente, finalista con ‘Los ilusionistas’, ha sido el más contundente a la hora de defender la importancia y pertinencia del galardón. «Es una polémica artificiosa, ya que en el arte es habitual que las empresas públicas inviertan. No debería ser noticia, pero el mundo literario es tan pequeño y tan acanallado que surgen estas polémicas. El millón de euros es una manera de traer atención al premio», ha subrayado.
En la tarima, una puesta en escena que, seguro, habrá dado qué pensar a más de un cazador de señales: los dos autores de Planeta (Vila-Matas y Schweblin) a un lado; los dos de Random House (Faciolince y Fernández) al otro; y el de Anagrama (Giralt Torrente) en medio a modo de bisagra o separador. A la hora de la verdad, sin embargo, pleno de elogios hacia los compañeros de mesa. Ninguno de los latinoamericanos tenía muy claro qué era ese Premio Aena que les reclamaba insistentemente por teléfono, pero a todos les alegró verse tan bien acompañados, como ha explicado Faciolince.
«A mí me pasó como a Nona, que no sabía bien qué premio era ni cómo se llamaba, pero el resto de finalistas fue la confirmación de que era un premio serio y literario», ha recordado Schweblin, quien, como la autora de ‘Marciano’, también fantasea con invertir el premio en grandes cantidades de tiempo para escribir. «Si hay algo con lo que siempre soñé es la idea de ganar un sueldo, y no esta cosa loca de vivir sin un peso, a veces con un poco más sabiendo que te lo puedes ganar el mes siguiente», ha explicado.
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