Corre el riesgo de ser declarado un traidor de la causa o ser arrollado por el mito del dios Cronos, el más importante de la Antigua Grecia: el titán que devoraba a sus hijos para conservar intacta su supremacía. Haga lo que haga, Iván Espinosa de los Monteros (Madrid, 1971) está liquidado en el organigrama de Vox mientras el poder se concentre en Santiago Abascal.
Encabezar un motín cuando la ultraderecha crece como la espuma tiene graves consecuencias en el seno de un partido donde el ordeno y mando es algo más que una certeza. Esto no va de averiguar si Vox ha tocado techo o no, esto se parece más al proceso de autodestrucción que sufrió Pablo Iglesias cuando las voces discrepantes quisieron un trozo mayor del pastel de Podemos. En cuanto Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón elevaron el tono, la defunción de los morados tomó impulso.
De Espinosa de los Monteros dicen que advirtió a Abascal, cuando aún compartían mesa y mantel, de las amenazas que se ocultaban tras los posicionamientos más falangistas de Ortega Smith. Otra víctima del dios Cronos. Vivir a la derecha del PP no es fácil. Basta un simple recordatorio a la España en blanco y negro de Franco para prenderle fuego a un patio en el que Abascal y su tropa se sienten como en casa. El problema llega cuando Espinosa de los Monteros eleva sobre su cabeza una antorcha con la intención de convertir en cenizas algo que él ayudó a construir. A veces hay que quemar los campos para que la próxima cosecha sea más abundante.
Que nadie dude de que ésta es la peor crisis de la historia en Vox. Bueno, en realidad tiene los mismos años que acaba de cumplir mi hija Laia: doce. No son demasiados para presumir de un cuajo político que mantiene en pie de guerra a tres de sus fundadores: Santiago Abascal, Iván Espinosa de los Monteros y Javier Ortega Smith-Molina, un exboina verde que está dispuesto a vender cara su derrota.
El pinchazo en las elecciones de Castilla y León, donde, a pesar de lograr los mejores resultados de su corta biografía, Vox solo sumó un escaño más que en el anterior proceso electoral (14), ha sido la señal que aguardaban los díscolos como Espinosa de los Monteros, experto en operaciones inmobiliarias, para atacar la yugular de su jefe. Aún es pronto para valorar la gravedad de la mordida, pero el exportavoz de la formación verde en la Cámara Baja ha sido el primero en abanderar la celebración de un congreso extraordinario inédito.
Espinosa de los Monteros ha olido sangre. Como un tiburón hambriento ha estado demasiado tiempo dando vueltas en círculo sobre su víctima. Sigue pagando las cuotas a Vox, pero en agosto de 2023 sintió que algo se rompía cuando renunció a su cargo en el Congreso. Ahí fue cuando el hijo del IV Marqués de Valtierra empezó a rearmarse para ir a la guerra contra Abascal.
Hay una frase mítica de El Padrino que aclara lo que está sucediendo: «No quiero matar a todos… sólo a mis enemigos».
Si le sale mal, el exvicesecretario de Relaciones Internacionales de Vox tendrá que recoger los bártulos y volver a promocionar viviendas con los conocimientos empresariales que adquirió en la Universidad Pontificia Comillas y el MBA de finanzas que obtuvo en la Kellogg School of Management de la Universidad del Noroeste (Estados Unidos), pasará más tiempo con su esposa, Rocío Monasterio, expresidenta de Vox en Madrid, y sus cuatro hijos y, sobre todo, le tocará esperar. Una espera como la que García Márquez narra en El Coronel no tiene quien le escriba en medio de unos aguaceros casi tan abundantes como los del último invierno. La única diferencia es que él no aguarda una paga, sino el ocaso de un proyecto que puede acabar muriendo de éxito.
De momento, no parece que Santiago Abascal se haya puesto nervioso ante la petición de su excolega de «ver euro por euro el dinero que sale de Vox, su destino último y su justificación»; tampoco por un manifiesto que rula de despacho en despacho con firmas de peso [Iván Espinosa de los Monteros, Javier Ortega Smith, Rocío Monasterio –solo faltaba que no estuviera la suya–, José Ángel Antelo, Isabel Lázaro Pina, Víctor González Coello de Portugal o Juan Luis Steegmann] que reclama luz y taquígrafo. En el olvido han quedado los días en el que el tándem Abascal & Espinosa de los Monteros exigían la ilegalización de los partidos contrarios a la unidad de España, los que agreden a la monarquía y los que no renuncian al marxismo. Y es que, como ha repetido en varias ocasiones: «No es que no lo reconozca yo, es que no lo reconoce nadie», sentencia con el riesgo que conlleva ser engullido por el dios Cronos.
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