Aunque ya roza los 70 años, Ignacio Codesido aún se acerca a su discoteca cuando hay alguna actuación que le gusta. «Coñéceme todo o mundo. Agora o ambiente é distinto e ten outro estilo de música, pero a xente sempre é igual«, explica el emprendedor, que se encargó, durante varias décadas, de organizar la programación de la sala más famosa de Touro.
Hoy, Dona Dana está alquilada a otro grupo de empresarios, pero mantiene su puesto como uno de los templos de referencia del ocio nocturno de Compostela. Cada semana, cientos de jóvenes de puntos como Vedra, Santiago o Sigüeiro se dan los últimos retoques antes de subir a uno de los buses que fleta la sala y que los lleva, directamente, al corazón de la fiesta en Touro.
Allí, hace ya la friolera de 45 años, Codesido montó junto a tres compañeros lo que acabaría siendo una de las últimas alternativas aún en pie a la oferta de ocio urbana. Cuenta que nació de una locura de juventud, de esas que a uno se le ocurren cuando tiene 23 años y piensa, convencido, que se va a «comer o mundo».
El ambiente ochentero de entonces, en el que surgían otros pubs míticos como el Don Juan, también hizo su parte. «Daquela había moito movemento e nós eramos moi cabezas locas. Empezamos a falar de montar unha cousa pequena, poñer un millón de pesetas cada un. Non te das conta do traballo», recuerda el todavía propietario de la mítica sala, que ahora echa la vista atrás con orgullo.
Todavía guarda en la memoria la inauguración del pub, cuando Touro les recibió con los brazos abiertos. Ese día, la gente se amontonaba en la pista de baile bajo la asombrada mirada de un grupo de «rapaces» que, casi sin darse cuenta, se habían convertido en los responsables de un negocio que movía masas.
La discoteca, una de las más queridas por los santiagueses, costó sudor y esfuerzo durante los primeros años, que estuvieron llenos de esas jornadas maratonianas que solo puede sostener un cuerpo joven. Después de trabajar de 8.00 a 15.00 horas en la banca -su empleo principal-, Codesido se marchaba a la discoteca, muchas veces sin ni siquiera «pasar pola casa» y esperando, con suerte, sacar unos minutos para ir a cenar antes de seguir gestionando la noche de Touro.
«Eu sempre dicía que Dona Dana era como o meu fillo. Un fillo grande, iso si», dice entre risas el dueño, que puso «todo o que había que poñer» para lograr que la sala se mantuviera.
En su época dorada -que volvió a resurgir desde comienzos de esta década-, no había nada que no hiciera para conseguir a los artistas de moda. Desde Juan Pardo hasta Mocedades o Miguel Bosé, «todos os grandes» pasaron por el mítico pub de Touro; entre ellos, un jovencísimo Alejandro Sanz que, aún «empezando», ya lograba hace vibrar las salas con sus composiciones.
La discoteca Dona Dana, casi medio siglo de luces, sombras y estrellas
En los 45 años que lleva Dona Dana, cada programación ha sido como lanzar una moneda al aire con la «esperanza de que resulte». A veces, el esfuerzo de contratar al artista llenaba el pub, pero, otras, tocaba «aguantar aínda que non fagas cartos».
Codesido aún recuerda cuánto le costó conseguir que Al Bano y Romina Power llevaran a la discoteca su icónica Felicità, o los malabares que, más recientemente, hizo para traer a Juan Magán a la sala. «Pasámolas canutas para traelo e non tivo xente. O seu irmán, porén, si que tivo éxito», explica el también exalcalde de Touro, ejemplificando la ruleta que supone siempre acertar en el ocio nocturno.
Al final, apunta, Dona Dana siempre se ha tratado de celebrar los éxitos, capear los fracasos y saber adaptarse. Y es que, durante 12 años, la sala ha sido tanto pub como plató de Luar, y ha pasado por numerosos alquileres, cada uno con una propuesta que trataba de encajar en los gustos del público.
Actualmente, el dance y el reguetón confluyen con las actuaciones de grandes orquestas como París de Noia, aunque lo de mezclar géneros musicales no es nada nuevo para la dama más fiestera de Touro. Ya en los 80, en el local se alternaban los estilos «cada 2 horas«, para que tanto los asistentes de «16, 30 ou 50 anos» tuvieran su momento en la pista.
El público de ahora ya no es tan variado, sino eminentemente joven, pero tiene «as mesmas ganas de divertirse» que cuando el pub arrancaba. Lo único que ya no hace, dice su dueño, es bailar en pareja. «Deixouse de facer hai 15 anos, parece que daba vergoña. Collías á túa moza, ías bailando… Aí perdeuse moitísimo».












