Corrupción

El fenómeno de la corrupción es consustancial a la política y, por extensión –y origen–, consustancial al hombre. Tan enraizados en su naturaleza como los clavos de su cuna y su ataúd, el bien y el mal escoltan al ser humano desde su expulsión del paraíso y su destierro al planeta azul. El empíreo carecía de corruptos hasta que la serpiente envenenó la fruta prohibida y despertó el apetito y la curiosidad de Eva ante la indiferencia de Adán, quien desconocía la maldad, y era incapaz de prevenir lo que se le venía encima. Ya con Caín, la corrupción, estimulada por la envidia y el ansia de poder, derivó a la violencia ciega y al crimen.

Fuente