Bárbara Montoya, licenciada en Filología Hispánica, se encuentra realizando un doctorado en la universidad dentro del área de Filología Hispánica. Su tesis consiste en transcribir y editar 300 cartas (la mitad escritas en catalán, y las demás en castellano) femeninas del siglo XVII, que se han conservado en un archivo privado de Mallorca hasta la actualidad. Su idea es establecer una comparativa entre ambas lenguas para saber si las mujeres eran más conservadoras que los hombres en cuanto a la hora de decidir en qué idioma escribir, y también para conocer los niveles de alfabetización en cada una de ellas.
Según afirma la investigadora, fue durante la elaboración de su TFG cuando descubrió su pasión por la historia de la lengua y empezó a trabajar con documentación antigua hasta llegar a conocer el archivo privado donde encontró las cartas para iniciar esta investigación.
Pregunta: ¿Quiénes eran las mujeres que escribieron estas cartas? ¿Se sabe algo de su origen social, vida cotidiana o motivos de por qué las escribían?
Respuesta: Estas cartas son un testimonio directo en el que nos hace replantearnos lo que hacían realmente estas mujeres. En las cartas lo que vemos es que estaban mucho más implicadas en los asuntos sociales y políticos de lo que pensamos. Por ejemplo, están implicadas en lo que fue la guerra de Los Segadores. Además, durante la edad moderna, las mujeres intentaban encontrar un espacio en el que poder desarrollarse y contar lo que pasaba.
P: A menudo se ha pensado que las mujeres tenían poco acceso a la alfabetización en aquella época, ¿los hallazgos confirman o matizan esta idea?
R: El problema es que hablar de porcentajes e índices de alfabetización en el siglo XVII es bastante complicado, porque no tenemos los primeros censos hasta los siglos siguientes. Lo que sí sabemos es que en la Edad Moderna se aviva el debate sobre la educación de la mujer. No obstante, resulta obvio que no todas las mujeres de la época podían alfabetizarse de igual manera. Esto es interesante porque algunas de estas cartas están escritas por criadas, por lo que algunas mujeres que solamente dictaban a secretarios que las escribían por ellas. Y esa ha sido una de las mayores complicaciones de mi tesis porque me costaba definir si las cartas estaban escritas de su propia mano o si estaban delegadas gráficamente. De hecho, algunas veces encontramos casos en que la letra del cuerpo del texto y de la firma coinciden, por lo que parece que estamos hablando de una carta escrita realmente por una mujer, pero luego investigas y encuentras información sobre que esta mujer no sabía escribir. Así que es un trabajo bastante amplío.
P: ¿Qué tipo de temas aparecen en las cartas: asuntos familiares, económicos, religiosos, políticos u otros?
R: Normalmente, las cartas suelen ser más de tema familiar. Era como si fuera nuestro Whatsapp actual. Había muchas enfermedades en ese momento y muchas de esas cartas reflejaban buenos deseos de que la otra persona se encuentre bien. A veces, creemos que el tema amoroso siempre ha sido el tema por excelencia en las mujeres, pero no hay muchas porque algunas se quemaban y otras no nos han llegado. Sin embargo, se han conservado algunas sobre temas políticos, en los que la mujer quería hacer un seguimiento de los conflictos del momento y de la Casa Real. Muchas mujeres también escribían sobre cómo vivían en esa época: la ropa, la comida… Incluso, te puedo hablar de una muy curiosa que se pide al destinatario que le envíe un tinte para el cabello, lo que muestra un poco esa cotidianidad con la que vivían las mujeres de esa época.
P: Desde el punto de vista lingüístico, ¿qué rasgos llaman más la atención en estas cartas?
R: En la última década, han surgido diversos estudios que intentan descubrir si hay rasgos diferenciadores entre la escritura de mujeres y la de los hombres. La idea es analizar, por un lado, los rasgos gráficos de la propia materialidad de la escritura; y por otro, las selecciones léxicas. Lo que sí encontramos son ciertas tendencias, como el uso de simplificaciones en el plano gráfico o un mayor uso de elementos intensificadores y atenuadores, como “me alegro infinito”. Por otra parte, las letras autógrafas de mujeres solían ser de tamaños grandes. De hecho, en esa época, se hablaba mucho de la letra de la mujer como una “mala letra” por este motivo. Asimismo, encontramos muchas palabras que están unidas, como “hipersegmentaciones” porque las autoras no sabían dónde cortar las palabras, y eso también ha dificultado la comprensión del texto.
P: La investigación compara cartas en catalán y en castellano. ¿Se aprecia que las autoras tenían el mismo nivel de alfabetización en ambas lenguas o hay diferencias significativas?
R: Lo más interesante de la tesis ha sido recuperar cartas en catalán, porque en esa época, había muy pocas. Y, por tanto, la comparativa entre ambas lenguas no está siendo muy sencilla. Sí que es verdad que parece haber diferencias en cuanto al tipo de letra. Por ejemplo, . Pero la mayoría de rasgos sí que coinciden en ambos idiomas.
P: Más allá del ámbito académico, ¿por qué cree que estas cartas son importantes para entender la historia social y lingüística de Mallorca?
R: Aunque todas estas cartas fueron enviadas a Mallorca, están escritas desde distintos puntos: unas desde Andalucía, otras desde Madrid… Más allá de estas cartas, he ido recopilando documentación femenina que también se ha conservado en Mallorca. Por ejemplo, en las cartas en castellano, encuentro mucha cursiva y un uso elevado de abreviaturas, mientras que, en las escritas en catálan, las letras son más redondas y menos abundancia de abreviaciones. recuperamos unas cartas del siglo XIX en un Archivo de Calviá, donde sí que se ve una cotidianidad específica de Mallorca porque hablan sobre la vida en una posesión mallorquina. Muchas de estas cartas llegaron gracias a una donación, y es muy importante porque, gracias a estos donativos, podemos ver una Mallorca rural diferente a la que vivimos ahora.
P: Si estas mujeres pudieran saber que sus cartas se están estudiando tres siglos después, ¿qué cree que dirían?
R: Muchas de ellas creían que desaparecerían o se quemarían. Incluso tengo algunas amorosas en las que se dice que, después de que se lea, se rompa o se queme, porque no quiere que se guarde. Pero, afortunadamente, toda esa documentación ha podido conservarse hasta la actualidad y, gracias a eso, he podido hacer una de las investigaciones más interesantes de mi vida.
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