La reelección presidencial de Luiz Inacio Lula da Silva ya no es apenas un simple trámite en las urnas para el Partido de los Trabajadores (PT) y sus aliados. Octubre aún está lejos en el horizonte y el presente se puebla de informaciones inquietantes. Contra lo que podía estimarse apenas meses atrás, cuando Jair Bolsonaro nombró a su hijo Flavio como su heredero y candidato de la ultraderecha en los comicios, el senador no solo ha logrado mantener la base electoral paterna. En algunos de los sondeos se encuentra incluso en una mejor posición que Lula. Una encuesta de principios de mes del Instituto Datafolha le asignaba a Lula seis puntos de ventaja sobre su rival en la primera vuelta y tres más en la segunda. En diciembre, la distancia era de 15 puntos. Una reciente investigación de AtlasIntel/Estadão admite la posibilidad del empate técnico. No faltan sondeos que sitúan a Bolsonaro en cabeza. Otras consultoras ya contemplan una contienda tan polarizada como la de 2022 que permitió al líder del PT retornar al Gobierno al imponerse por una mínima diferencia a Bolsonaro padre. Esa derrota fue la madre de una conjura que lo ha llevado a la cárcel junto con sus principales colaboradores.
El excapitán del Ejército debe cumplir una condena de 27 años y tres meses. Por el momento lo hace en su residencia en Brasilia debido a complicaciones médicas. No puede utilizar las redes sociales ni hablar libremente por teléfono. Ha sido seguramente su hijo Flavio quien, al retornar de Estados Unidos, donde participó de una cumbre del conservadurismo mundial, le contó la buena nueva.
Faltan seis meses para los comicios, pero los analistas ya reconocen que cualquier cosa puede suceder. La creciente competitividad de Flavio Bolsonaro ha tomado por sorpresa a un Gobierno que consideraba allanado su camino a octubre.
Problemas de comunicación
La economía brasileña ha tenido un crecimiento moderado en 2025, superior a los dos puntos. Fue no obstante un año en el que el gigante sudamericano estableció un nuevo récord en las exportaciones de productos agrícolas y la mayor tasa de inversión extranjera de la última década: 15.000 millones de dólares. El paro cayó al 5,2%, la cifra más baja desde 2012. Casi nueve millones de brasileños salieron de la pobreza durante los dos primeros años del Gobierno. Se crearon el año pasado 1,7 millones de puestos nuevos de trabajo, con lo cual el empleo formal alcanza a 48,5 millones de personas. Se ha mejorado el poder adquisitivo en un país con una inflación anual del 4% y apenas 0,4% de déficit de las cuentas púbicas.
Sin embargo, una parte de la sociedad asegura no percibir esas mejoras. El jefe de la Casa Civil, Rui Costa, abrió una crisis en el interior de la administración al sostener que si la ciudadanía desconoce las conquistas obtenidas desde que el PT retomó las riendas del poder es responsabilidad de la Secretaría de Comunicación Social que maneja Sidônio Palmeira. «Mi duda, Sidônio, es si el pueblo sabe de eso», dijo Costa, y expresó su inquietud sobre el modo en que un 40% de los brasileños se informan sobre lo que sucede: a través de grupos de WhatsApp.
«El problema de la comunicación del Gobierno se llama Lula», sostuvo Elio Gaspari, columnista del diario carioca O Globo. «El presidente ocupa los espacios del Gobierno con una agenda repetitiva y arcaica». Lula, remarcó Gaspari, «es un gran comunicador y confía en sus improvisaciones. El resultado es que sus declaraciones cobran protagonismo, incluso cuando son repetitivas y anacrónicas».
Para Diogo Schelp, columnista del diario Estado, de San pablo, el mandatario «pierde popularidad porque ha desperdiciado la oportunidad de sorprender». En otros tiempos, «los planes de reelección de Lula no deberían suscitar tantas dudas y preocupaciones entre sus aliados y seguidores». Su tercer mandato «goza de estabilidad política» y los indicadores económicos tampoco son los peores. El aumento de la valoración negativa, añade, se debe a una combinación de factores. Los programas de asistencia social, que en los dos primeros Gobiernos cimentaron la popularidad de Lula, «se consideran ahora una realidad ineludible» y no alcanzan para imponerse en una contienda. «La parte de la población que los necesita da por sentado que el gobernante no hace más que cumplir con su obligación de mantenerlos y ampliarlos». Pero, sobre todo, de acuerdo con Schelp, la «falta de entusiasmo» de los brasileños hacia Lula pueden resumirse en el mayor fracaso de su tercer mandato: no ha estado a la altura de las grandes expectativas que había suscitado.
La unidad de las derechas
En este contexto despliega su estrategia Bolsonaro Jr. El hijo del expresidente encarcelado pidió este fin de semana la unidad de la derecha para destronar al PT. «Estoy grabando este vídeo para intentar llamar a todos a la cordura. Es muy angustiante ver a líderes de nuestro bando enfrentándose entre sí mientras tenemos un país que rescatar y el enemigo no está aquí, sino al otro lado. Este es el tipo de confusión en la que no hay ganadores. Todos salen perdiendo». En este momento, el candidato parece más preocupado por las trifulcas internas que por su rival. Confía en que su ola ascendente no se detendrá.
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