la vida sigue igual pese las promesas de Trump

Dijo Farah Diba en una entrevista que los iraníes deberían desconfiar de Estados Unidos, del Reino Unido y de Israel porque solamente velan por sus intereses, y no por el bienestar de los iraníes. La viuda del sha de Irán no tiene la más mínima simpatía por el régimen de los ayatolás que gobierna Irán desde 1979. Fue entonces cuando derrocaron a su marido, Reza Pahlavi. Vivió en primera persona como su marido y ella dejaron de interesar a las grandes potencias. Las palabras de la que fuera emperatriz consorte nos sirven para dar testimonio de cómo tanto en Irán como en Venezuela todo sigue igual. Hay otros responsables a cargo pero, a pesar de las promesas de la Administración deTrump, apenas hubo cambios. Puro gatopardismo.

En el caso de Venezuela las promesas de cambio de sistema rápidamente desaparecieron cuando la presidenta Delcy Rodríguez aceptó seguir el juego. Ahora, el chavismo sigue al frente del Estado y del gobierno, pero tiene como padrino a Donald Trump. Esto ha permitido una normalización absoluta del gobierno venezolano con la reforma de la ley de hidrocarburos y la ley amnistía, que han criticado penalistas y abogados venezolanos porque mantiene el aparato represivo intacto. Tal y como han salido de los centros de detención, pueden volver a entrar. La estructura de poder continúa como estaba en el momento de las elecciones presidenciales de julio de 2024.

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Y de la misma manera en Irán no se acabado con el régimen de los ayatolás. Lo único que se ha conseguido es que la Guardia Revolucionaria (IRGC) haya consolidado su poder al elegirse un nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí, afín a sus intereses. Además, se ha vaciado totalmente la fuerza política que ostentaba la Presidencia de la República. El ex presidente Mahmud Ahmadinejad ya denunció este riesgo; llegó a acusar a Alí Jameneí, de corrupción y de ceder a los intereses de la Guardia Revolucionaria.

Lo que sí se han podido ver son cambios en la comunicación y en los referentes. Llama la atención que ahora se glorifican figuras preislámicas, un hecho insólito hasta ahora. El régimen iraní sabe que la juventud le ha dado la espalda. Los jóvenes se han desvinculado de la revolución de 1979. De ahí que la propaganda actual va en dirección nacionalista. Es Irán la víctima de las bombas israelíes y estadounidenses, no no la revolución. Y en este punto es donde aparece la glorificación de figuras mitológicas de los imperios sasánida, arsácida y seleúcida. Hasta hoy reivindicar ese pasado era caer en la exaltación monárquica y antislámica. Quizás a través de la vía nacionalista podamos ver algún cambio político en Irán a medio y largo plazo.

Las promesas de Trump y Netanyahu de conseguir cambiar el régimen en Irán, o de aplicar reformas, no van por el buen camino. El giro nacionalista que han provocado en el gobierno iraní es muy posible que actúe en su contra. Además, como en la guerra Irak-Irán, la represión dentro del bando iraní no cesa, con o sin bombardeos. Y esto puede generar también frustración: cada vez tienen menos confianza en la ayuda del exterior. Su miedo es el mismo que antes. Con la diferencia que la Guardia Revolucionaria ha copado todas las estructuras de poder.

Irán y Venezuela tendrán que esperar su momento. El cambio, si llega, no vendrá por las promesas de ninguna potencia del exterior»

En conclusión, es importante destacar que la situación actual, frente a las promesas de Trump, no es mejor que antes en Irán, y lo mismo ocurre en Venezuela. El estrecho de Ormuz sigue bajo control iraní. Frente a la posibilidad de que se ataque cualquier carguero y buque petrolífero, las monarquías del Golfo se han acercado a la Unión Europea con posicionamientos comunes y nuevas alianzas estratégicas. Turquía ha consolidado su poder en el Kurdistán iraquí con los acuerdos petrolíferos entre Ankara y Erbil. La falta aprovisionamiento de petróleo y gas pone en cuestión el funcionamiento de las industrias y los medios de producción asiáticos.

Von der Leyen dijo con razón que no deberíamos malgastar lágrimas por el régimen iraní, también Kaja Kallas que no es nuestra guerra, aunque debemos velar por nuestros intereses. Quién sabe si al final los únicos beneficiados serán los países europeos que se han erigido como socios estables de las monarquías del Golfo, han marcado autonomía estratégica negociando con Irán y al mismo tiempo han consolidado su papel en Asia Central y en África a través de la diplomacia de España, Italia, Francia y Alemania.

Irán tendrá que esperar su momento.Venezuela también. Pero el cambio, si llega, no vendrá de las promesas de ninguna potencia del exterior, sino de la consecución de hechos que hagan insostenible lo que hoy se sostiene por inercia y por miedo.


Guillem Pursals es doctorando en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.

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