Cuánto le cuesta a esta UD satisfacer y, aun más, enamorar a sus seguidores. Ni contra un equipo que huele a descenso desde hace muchísimas jornadas y que va por su tercer entrenador, después de que Oltra relevase hace tres semanas a Bolo, quien había sustituido a Guilló en noviembre, cuando el equipo ya iba cuesta abajo. Llegó el Huesca a Gran Canaria hundido por tan solo dos victorias (la última, el 15 de febrero) y sendos empates en las últimas diez jornadas. Y esos exiguos ocho puntos, registrados en casa; fuera, la suma más reciente fue una igualada en enero. O sea, que se presagiaba una tarde plácida para encadenar el segundo triunfo consecutivo tras el apurado frente al Granada. Cualquier otro resultado no hubiese tenido perdón, divino ni futbolístico.
Tan era así que Luis García, quien había hablado de un “rival peligroso”, como siempre, pero esta vez sin la mínima credibilidad, se permitió decidir seis cambios respecto a la alineación del jueves pasado. Lesionado Loiodice, se quedaron en el banquillo Álex Suárez, Clemente, Amatucci, Fuster, Iker Bravo y Ale García. Al menos, devolvió a Jesé una titularidad que ha de ser indiscutible por sus números de esta campaña, agrandados con gol y asistencia contra los oscenses, y porque no tiene recambio solvente ni de lejos.
El resultado del exceso de confianza fue que el Huesca, sin más recurso que el orden, llegó al descanso con 0-1 y no solo eso, sino que aportó, sobre todo en remates de Dani Luna y Enol que Horkas añadió a su currículo de salvadas, más sensación de peligro que los amarillos, irritantemente lentos. El gol visitante condensó todo lo que al entrenador de la UD le quita el sueño: pérdida frontal en progresión a ras de hierba, los dos centrales excesivamente desplazados a la izquierda y el lateral del lado contrario desatento en la vigilancia para que Dani Luna atravesara el terreno local por el eje, sorteara al portero y marcara a puerta vacía. Tan claro fue el desaguisado que el entrenador ovetense, siempre tardío en los relevos, esta vez señaló en el descanso a Iñaki y Cristian en favor de Amatucci y Clemente.
Bastaron unos pocos minutos de la reanudación para que Viti, excelente toda la tarde llegando a la posición de extremo, amagase un centro raso al área pequeña para ponerla en diagonal a un Jesé que no se apiadó. Era solo cuestión de tiempo, y de una plantilla infinitamente superior, que se acometiese la remontada. Tras el empate, apareció ese equipo de toque rápido y movilidad que se esconde en las camisetas amarillas hasta cercar el área visitante, aunque fue gracias a una contra que Pedrola desnudó las carencias defensivas del rival después de correr en conducción desde el medio del campo y cruzar dentro del área ante la mirada de algunos rivales para coronar la victoria.
Entonces, una inexplicable marcha atrás, pérdidas de tiempo y una oportunidad clara del Huesca en la prolongación evitaron la diversión completa de los aficionados, en permanente penitencia y sin más conduto en el zurrón que una victoria justita, por corta y por justicia futbolística.
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