El Caballero Cubierto, Luis Miguel García Lozano, ofreció antes de la esperada procesión del Santo Entierro, el tradicional acto de recepción que se celebra en la Universidad histórica de Orihuela. El evento, presidido por el obispo de la Diócesis, José Ignacio Munilla, y el alcalde la de la ciudad, Pepe Vegara, así como el resto de la Corporación y autoridades civiles y militares, se ha venido organizando en diferentes lugares emblemáticos -como el Palacio de Rubalcava o la antigua Caja de Ahorros de Monserrate-, siendo el claustro barroco del actual Colegio Diocesano Santo Domingo el escenario desde hace más de dos décadas, lo que da todavía mayor relieve institucional al inicio de una de las jornadas más señaladas de la Semana Santa oriolana.
Durante el acto, García Lozano, con el tratamiento de Ilustrísimo Señor desde su nombramiento, recibió la placa de Caballero Cubierto y la insignia de la ciudad por parte de Rocío Ortuño, concejala de Festividades, y el alcalde.
Su discurso comenzó con las palabras del diplomático y poeta argentino Francisco Luis Bernárdez, que describen el silencio que envuelve estos días en los que se conmemora la muerte y entierro de Cristo hasta la Gloriosa Pascua: «Cuando quieras hablar, quédate mudo: que un silencio sin fin sea tu escudo y al mismo tiempo tu perfecta espada».
El oriolano reconocido por tres papas -Benedicto XVI, Francisco y León XIII-, llamado a ocupar este relevante cargo por su implicación con su ciudad natal y sus méritos profesionales, reclamó desde el escenario «a todas las personas que ostentan un cargo público que no olviden esta tierra». Aunque reconoció que «no es día de reivindicaciones», pidió -«y os hablo de Poder del Estado a Poder»- que no nos olvidéis«, porque «damos mucho para poder recibir algo», apelando al mismo tiempo a que «somos gente trabajadora, honesta, leal, pero orgullosa de nuestro carácter y oriolanía».
A pesar de que hace 14 años que no reside en Orihuela de manera continuada, hizo hincapié en que «no residir, no quiere decir faltar», poniendo en valor en su persona a «cada uno de los oriolanos ausentes que, residiendo fuera de nuestro término municipal, continuamos trabajando desde la lejanía en favor de la prosperidad de nuestra tierra y sin ningún tipo de limitación«.
Su único mérito para ostentar este importante cargo de la Pasión es, según sus propias palabras, «querer esta tierra y llevarla allá donde he ido, reivindicándola y trabajando sin descanso por ella». Además, «siempre en la sombra», aseveró quien ha recibido reconocimientos de la Santa Madre Iglesia, la república italiana o del propio Estado español y últimamente hasta de la Unión Europea, pero -confesó- el que más ilusión le ha hecho en su vida ha sido ser nombrado Caballero Cubierto. «A Orihuela, todo, con abnegada entrega», añadió.
Bienes de Interés Cultural
Como ejemplo de su trabajo desde hace más de 25 años, citó la modificación de la Ley Orgánica del Poder Judicial para equiparar el Juzgado de Aguas a los otros dos tribunales Consuetudinarios tradicionales hace ahora 10 años, así como la declaración de diversos bienes como BIC, como las Salesas o el Santuario de la Patrona, además de la promoción de otros expedientes todavía en curso como la declaración de las esculturas de Francisco Salzillo en la Comunidad Valencia y los trabajos para declarar Patrimonio de la Humanidad el Palmeral de Orihuela o la protección de la gastronomía con el arroz y costra a la cabeza, ya documentado en el siglo XVI.
Sin olvidar la declaración como BIC de la Semana Santa de Orihuela, que inició en 2005 y que acabó valorando no solo las manifestaciones religiosas, sino el ingente patrimonio material, el paisaje sonoro, la gastronomía ligada a ella, así como la proyección internacional y las tradiciones, así como la declaración como Fiestas de Interés Turístico Internacional, un expediente que culminó en 2010.
La Semana Santa desde dentro
En suma, aseguró García Lozano, «esta tierra siempre ha tenido el coraje de conseguir aquello que se propone». A renglón seguido, destacó los sones de la Convocatoria jalonados con el tintineo de sus campanas, las marchas de las gemelas, los cantos de la pasión, las luces moradas del trono de Nuestro Padre Jesús, la sombra proyectada del perfil del Cristo del Consuelo, el tambor sordo que rompe la oscuridad silenciosa de su procesión, el sudario cual mantilla al viento de la Virgen de los Dolores, la serena prominencia del Señor del Prendimiento, los ojos azules de Sara Montiel en la Negación o la alegría y el glorioso exceso bordado de los rococós atuendos de Los Armaos.
Una semblanza a esa «Orihuela en estado puro, compungida pero contenida, con sus cantores y sus clarines, con el colorido río de sus nazarenos, con el luto de sus mujeres ataviadas con mantilla o el característico atuendo de los hermanos del Silencio y de la Buena Muerte para dar paso a la solemnidad del Santo Entierro», manifestó, al mismo tiempo que recordó a su abuelo José María, que le transmitió su amor por la Semana Santa y «a trabajar sin descanso por un bien común».
García Lozano ha sido convocatorio, nazareno e incluso armao -el pasado Miércoles Santo-. Porque en estos últimos dos meses ha estado codo con codo con las cofradías y hermandades, como uno más. Por eso, como agradecimiento, ha ofrecido al presidente de la Junta Mayor, Pepe Sáez Sironi, una posible cesión de su colección de cartelería de la Semana Santa de España, compuesta por casi mil ejemplares de muchas de las localidades de nuestro país, para que quede depositado en el Archivo del Museo de Semana Santa de Orihuela.
Trayectoria
Ortuño ensalzó la trayectoria de «excelencia, estudio, esfuerzo y entrega» del Caballero Cubierto de este año, «un oriolano que ha llevado el nombre de su ciudad a universidades, tribunales, congresos y centros de investigación de Europa y América», remarcó sobre quien es Licenciado en Derecho y máster en investigación avanzada y especialista en Derecho, que «ha conseguido numerables y brillantes méritos académicos y administrativos».
Además, la edil subrayó que es defensor del patrimonio y colaborador de instituciones nacionales e internacionales, con «una vida dedicada al conocimiento, la justicia, la cultura y la ayuda social, dando respuesta solidaria cuando la ciudad lo ha necesitado», para finalizar afirmando que «ha servido a Orihuela sin estridencias, sin buscar reconocimiento y sin apartarse nunca de su raíz».
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