La última vez que se jugó un partido entre el Club DeportivoTenerife y el Club Polideportivo Cacereño en el Rodríguez López, los dos equipos estaban en Tercera. Pero en la Tercera de antes, una mezcla entre la Primera y la Segunda RFEFde ahora, es decir, una categoría de bronce de ámbito nacional que terminó dando paso a la desaparecida Segunda B. Tinerfeños y extremeños coincidieron dos veces en ese nivel, en las temporadas 1968/69 y 1969/70, y no volvieron a convivir hasta la presente temporada. Poco para ser tan antiguos, el club blanquiazul fundado en 1922 y el verdiblanco en 1919.
Pero las trayectorias de cada uno lo explican todo. El techo del Cacereño está en una única campaña en Segunda, la 52/53, justo la que aprovechó el Tenerife para dar el salto al circuito nacional tras derrotar al Orihuela en una eliminatoria de ascenso. De resto, el equipo que juega como local en el estadio Príncipe Felipe se fue movido por Tercera, Segunda B, Segunda RFEF y, como novedad, la Primera RFEF a partir del pasado verano.
Esos caminos tan alejados tuvieron un punto en común en las citadas temporadas. Para el Cacereño, la Tercera era un hábitat natural. Pero no para el Tenerife, que se vio pisando ese escalón sin esperarlo después de una reforma que condenó al descenso a los ocho últimos clasificados de los dos grupos de Segunda en el ejercicio 67/68. Los blanquiazules bajaron a última hora siendo novenos en una Liga formada por 16 equipos.
Y así aterrizaron en Tercera, una categoría de la que no pudieron escapar hasta el tercer intento, en 1971. El Cacereño se había escurrido a Regional en el curso 69/70.
El origen
Fue el domingo 29 de diciembre de 1968 cuando el Heliodoro abrió por primera vez sus puertas para un Tenerife Atlético (un cambio de nombre que tampoco duró mucho)-Cacereño. Con 15 jornadas consumidas, el equipo blanquiazul seguía sin cogerle el pulso a la nueva categoría. Había empezado con Carlos Galbis como entrenador, pero la apuesta no cuajó. Tampoco el dúo formado por Guiance y Villar. Fue Fernando Cova el que llevó el mando hasta el final, pero sin verdaderas opciones de luchar por el ascenso en el Grupo VIII. Terminó quinto a un punto del cuarto, el Cacereño (solo subió el líder, el Salamanca). Sin imaginar ese desenlace, el Tenerife derrotó al Cacereño (3-2) a dos días de Nochevieja. Cova sacó de inicio a Dorta, Godoy, Molina, Morín, Rincón, Lesmes, Juanito, Manolo, Sánchez, Franci y Gabriel.
«Partido de más emoción que juego», tituló El Día la crónica. «Intenso dominio del equipo local en la segunda parte que no le dio fruto debido para el marcador», añadió en el relato de un encuentro que se animó tras el descanso.
Gabriel, a pase de Godoy, abrió el camino para los locales en el minuto 8. El autor del 1-0 volvió a ser decisivo en la búsqueda de otro tanto, el logrado en el 64’ por Franci al aprovechar un error del portero de un Cacereño que pudo recortar distancias con un remate de Borrel, anticipándose a Dorta. En el último cuarto de hora, Sánchez firmó el 3-1 al cazar una falta lanzada por Morín y el visitante Miguel cerró la cuenta en el 89’.
En el camino, algún contratiempo para los locales, como una lesión que mantuvo fuera del campo a Lesmes durante un tramo del primer tiempo y un rato del segundo, o un remate al palo de Manolo todavía con 1-0. Y también el arbitraje, muy protestado, principalmente por un par de posibles penaltis en el área del Cacereño.
El triunfo ante un equipo que se había convertido en rival directo, inició una etapa estable del Tenerife como local, pero nada de eso fue suficiente para compensar la irregular marcha del comienzo.
Al final, tinerfeños y extremeños se volvieron a ver las caras en la campaña 69/70, de nuevo en el Grupo VIIIde Tercera División.
Las cosas le fueron mejor a los blanquiazules, pero no a los verdiblancos, que terminaron bajando a Regional. Con Francisco Javier García Verdugo en el banquillo, el Tenerife fue segundo. Se quedó a un paso del campeón, el Colonia Moscardó, y no pudo ascender.
Un penalti a favor protestado
El sorteo del calendario fijó para marzo de 1970 el segundo Tenerife-Cacereño de la historia. El día, el domingo 15. Con un ajustado 1-0, los blanquiazules pudieron seguir la estela del Colonia Moscardó, mientras que el conjunto extremeño quedó anclado en la zona de descenso, en el cuarto lugar de la clasificación por la cola.
Los de García Verdugo llegaron a esa cita como claros favoritos. Pero no las tuvieron todas consigo. «El Tenerife estuvo a punto de tropezar ante el modesto Cacereño», eligió El Día para encabeza la crónica. «El equipo local, sobre todo en la primera parte, llegó a exasperar a los aficionados», continuó refiriéndose a un encuentro que iniciaron en el césped del Heliodoro los locales Del Castillo, Mendoza, Alberto Molina, José Luis, Esteban Lesmes, Juanito, Manolo, Marrero, Cabrera y González. También participó José Adelto como sustituto de Lesmes.
El único gol fue obra de Manolo en el minuto 71. Un balón suelto en el área y un golpeo raso pegado al palo, imposible para Vidal, el portero del Cacereño, que había salvado a su equipo en una jugada previa al detener un penalti lanzado por González. Fue una pena máxima clara, por manos, pero con una reacción inusual de parte de la grada al poner en duda la decisión del colegiado. «El penalti se señaló, pero no se convirtió en gol. Es muy posible que González, que es un auténtico maestro en la transformación de esos castigos, se pusiera un tanto nervioso al observar aquella actitud de un gran sector del público que pedía incluso, a voz en grito, que lanzara fuera. Todo esto, sin embargo, hay que interpretarlo como una prueba palpable de hasta qué punto la desastrosa actuación del Tenerife había ofuscado el ánimo de los aficionados«, contó El Día sobre el último partido contra el Cacereño.














