Sahin, siguiendo las órdenes de su padre, ha acorralado al tío Hassan en un callejón oscuro, encañonándolo con su pistola dispuesto a acabar con su vida por traidor. Mientras Kadir y Cihan intentaban mediar sin éxito para que bajara el arma, Sahinse mantenía firme: «Si tengo piedad con un traidor, traicionaré a mi conciencia”.
Parecía que nada podía evitar la muerte de Hassan, pero entonces Nare ha tomado las riendas de la situación. Su prima se ha interpuesto para salvar a su tío y, sobre todo, para salvar a Sahin de sí mismo. «No oscurezcas nuestros recuerdos, te lo suplico», le ha dicho llorando, apelando a ese amor imposible que sienten el uno por el otro.
Nare le ha pedido que no se convierta en un asesino y que no destroce lo único bonito que les queda: lo que vivieron juntos. El pulso entre el deber familiar y el amor ha dejado a Sahin roto.
Al final, los ruegos de Nare han surtido efecto y el joven ha bajado la pistola, evitando una tragedia que habría marcado un punto de no retorno. Pero, ¿qué consecuencias tendrá para él haber desobedecido las órdenes de su padre?














