Da igual cuánto tiempo, dinero y esfuerzos se han invertido en una misión espacial porque, al final del día, el despegue depende de estado del cielo. A menos de 48 horas para el despegue de la misión Artemis II, la NASA ha publicado la previsión meteorológica prevista para el momento del ‘lift off’ y, por ahora, todo apunta a que hay un 80% de probabilidades de tiempo favorable y un 20% de tiempo adverso. Los expertos apuntan a que lo que más preocupa es la nubosidad y, sobre todo, las fuertes rachas de viento que se están registrando en estos días en Florida. Aunque según ha comunicado el equipo técnico de la misión, dado que la ventana de lanzamiento prevista es relativamente larga se espera que, en algún momento, los cielos se despejen y dejen despegar el cohete en las mejores condiciones posibles.
El primer intento de lanzamiento de Artemis II, la primera misión tripulada en 54 años rumbo a la Luna, está previsto para este 1 de abril a partir de las 18:24 hora local en Florida (00:24 de la madrugada de miércoles a jueves en España peninsular). Sobre esa hora está previsto que se pongan en marcha todos los preparativos técnicos previos al despegue. El proceso podría durar varias horas. Después, el arranque de la misión estará a la merced de la meteorología. La NASA estima afirma que, en caso de que las condiciones no sean las idóneas para el despegue, hay margen para esperar varias horas para ver si la situación mejora. En caso contrario, se podrá posponer el vuelo para otro día. En total, hay varias ventanas de lanzamiento posibles entre el miércoles 1 de abril y el lunes 6. Y si todas fallan, habrá que esperar hasta como mínimo mayo.
El peligro de la meteorología
La meteorología es uno de esos factores que mantiene en vilo a los técnicos de vuelo hasta el momento mismo del despegue de una misión. Según explican los expertos, este factor influye de forma directa en el proceso de lanzamiento porque, al fin y al cabo, en el arranque de una misión espacial el cohete atraviesa la atmósfera y las condiciones del aire pueden afectar tanto a su estabilidad como a la seguridad. Las nubes, por ejemplo, pueden contener hielo o cargas eléctricas que pueden provocar descargas peligrosas al paso del vehículo, algo especialmente crítico por la enorme energía que transporta. El viento, por su parte, puede ejercer fuerzas laterales que pueden desviar la trayectoria o someter a la estructura a tensiones no previstas, sobre todo en capas altas donde las corrientes pueden ser muy intensas y variables. Si estas condiciones superan ciertos límites, existe riesgo de pérdida de control o daños estructurales. Por eso, antes de cada lanzamiento, los equipos analizan con precisión el estado de la atmósfera para asegurar que el ascenso sea lo más seguro y controlado posible.
Despegar con nubes puede resultar peligroso ya que pueden contener hielo o cargas eléctricas que pueden llegar a provocar descargas peligrosas al paso del vehículo
A lo largo de la historia, varias misiones espaciales han sufrido el revés del mal tiempo. Apolo 12, por ejemplo, despegó pese a nubes tormentosas y fue alcanzado por rayos poco después del lanzamiento, causando fallos eléctricos momentáneos que pudieron haber abortado la misión. Eso hizo que más adelante, de cara a Apolo 14, el lanzamiento de esta misión se retrasara debido a vientos desfavorables en altura. En los últimos años, han sido muchas las misiones que se han aplazado por la meteorología. El primer vuelo de Artemis I, sin ir más lejos, se pospuso en varias ocasiones por tormentas y la amenaza de huracanes. Por ahora, Artemis II espera sobrevivir a los malos augurios y alzar el vuelo en cielos despejados. Y con un poco de suerte parece que lo podría conseguir.
Suscríbete para seguir leyendo













