«Tenemos un presidente que no felicita la Navidad, sí felicita el Ramadán…». Estas doce palabras fueron lo primero, y casi lo único, que salió de la boca de la portavoz del Partido Popular (PP) en el Senado, Alicia García, al ser preguntada acerca de la polémica desatada por el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quien este lunes rectificó su decisión de haber prohibido el Domingo de Ramos acceder al Santo Sepulcro a la máxima autoridad católica en Tierra Santa, el patriarca latino Pierbattista Pizzaballa.
García, que compareció en una rueda de prensa donde anunció la sexta comisión de investigación que impulsa en la Cámara Alta el Grupo Popular, en este caso sobre Radio Televisión Española (RTVE), se refirió así al mensaje de condena en las redes sociales de Pedro Sánchez a la actitud de Netanyahu: «Yo creo que en su tuit de ayer [por el domingo] estaba buscando la redención, porque la semana de Pascua, con el desfile de Ábalos [José Luis] y de todos los demás, en los juzgados, se le va a convertir en una semana de penitencia». El jefe del Ejecutivo había posteado el siguiente mensaje: «Netanyahu ha impedido a los católicos celebrar el Domingo de Ramos en los Lugares Santos de Jerusalén. Sin explicación alguna. Sin razones ni motivos. Desde el Gobierno de España condenamos este ataque injustificado a la libertad religiosa y exigimos a Israel que respete la diversidad de credos y el derecho internacional. Porque sin tolerancia es imposible convivir».
Para ese momento el clamor contra Netanyahu ya era mundial, y en España, además de Sánchez, el partido más nítidamente crítico con el líder del PSOE, Vox, se había pronunciado así el mismo domingo en las redes sociales: «El gobierno israelí debe explicar y corregir lo ocurrido en la Iglesia del Santo Sepulcro. Podemos entender que la situación es muy complicada en Jerusalén con el cierre de sacros lugares de las tres religiones, pero debe quedar claro que los cristianos mantienen intacta su libertad religiosa y que se procure su seguridad a pesar de los ataques islamistas». Santiago Abascal, a diferencia de Alberto Núñez Feijóo, es no solo un decidido partidario de Netanyahu, sino que también presume de contarle entre sus correligionarios internacionales, un club al que también pertenece el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Críticas en todo el mundo
Las críticas a Netanyahu abarcaron a muchos dirigentes mundiales y representantes diplomáticos. Entre ellos la primera ministra italiana, la derechista Giorgia Meloni, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, o incluso el embajador de EEUU en Israel, Mike Huckabee, conocido por su defensa a ultranza muchas otras veces del Gobierno de Tel Aviv.
El PP, en cambio, una formación con indudable presencia e influencia de la Iglesia Católica en su seno, prefirió mantener un perfil bajo, coincidiendo con el inicio de las vacaciones escolares de Semana Santa. El primer partido de la oposición no celebró su reunión semanal del Comité de Dirección en Génova, donde se traza con Feijóo la estrategia de la semana, y como consecuencia de ello no hubo rueda de prensa en la sede central del partido, dejando a García como única portavoz autorizada. Fuentes del partido justificaron esa actitud aduciendo que para cuando la portavoz en el Senado fue preguntada Netanyahu ya había rectificado.
Lo cierto es que el proceder habitual de los populares ante toda clase de conflictos y situaciones fuera de nuestras fronteras, desde la masacre en Gaza hasta, más recientemente, la intervención estadounidense de enero en Venezuela y ahora la guerra en Irán, ha sido evitar decir una palabra más alta que otra sobre cualquier dirigente internacional, especialmente los ubicados en el espectro conservador. No porque no existan discrepancias -Feijóo ha pedido la «desescalada» en el conflicto en Irán y no considera que la designación de Delcy Rodríguez como presidenta venezolana tras la captura de Nicolás Maduro sea una buena decisión de Washington- sino porque, en palabras de un altísimo dirigente del partido: «Ya hay mucha gente insultando a Trump en España, y las cosas que se dicen sobre dirigentes internacionales pueden tener repercusiones negativas sobre nuestro país».
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