«¡Viva el Cristo de la Esperanza!», «¡Viva!», respondía la multitud, así hasta tres veces el público coreó al Salvador antes de empezar la procesión del Santísimo Cristo de la Esperanza y María Santísima de los Dolores y del Santo Celo por la Salvación de las Almas.
Las trompetas y los redobles de los tambores comenzaban a asomar por el entorno de la iglesia de San Pedro. Venían las primeras túnicas verdes, color insignia de la Cofradía que anuncia la esperanza a todos los fieles. De pie o sentado a pie de calle o desde los balcones, nadie quería perder la oportunidad de ver a los gloriosos pasos de la Cofradía verde.
‘Dejad que los niños se acerquen a mí’, era el primero de los pasos y los murcianos siguiendo esta indicación colocaron los carricoches en primera fila, los niños y niñas en las rodillas o a hombros de los mayores. Algunos con las bolsas ya preparadas para los caramelos de los nazarenos.
«Extiende la mano, la bolsa no. Ya verás como te los da», aconsejaba un padre a su hijo desde la tercera fila, ya de pie. Y así fue, los caramelos fueron colmando la bolsa de este y otros pequeños que acudieron en familia a ver la procesión. Simultáneamente a esta escena pasaba el trono de Jesucristo rodeado por tres niños a la sombra de un árbol.
Tras él, venía María Magdalena en su paso de arrepentimiento y perdón de la discípula del Salvador. Sobre un lecho de flores, Magdalena arrodillada pedía disculpas a Jesús de Nazaret, postrado en una silla de madera junto a una mesa repleta de platos de fruta y unas velas. Una talla de Francisco Liza Alarcón y Antonio Castaño Liza.
Entrada en Jerusalén y San Pedro
Tras perdonar a María Magdalena, hacía acto de presencia el paso de ‘La entrada de Jesús en Jerusalén’. O lo que es lo mismo, el conocido paso de la burrica. El hijo de Dios descalzo avanza, subido a lomos de un burro, y hace su entrada triunfal en Jerusalén donde es recibido con honores y ramas de palma.
Tras más de 40 minutos de procesión, las campanas de la iglesia de San Pedro repicaron porque salía el apóstol que negó tres veces a Jesús antes de que cante el gallo. Animal esculpido en una rama con el que siempre procesiona. Además, esta es la primera de las tres obras de Francisco Salzillo que esta tarde procesiona.
La talla de María Santísima de los Dolores en la iglesia de San Pedro. / Juan Carlos Caval
La solemnidad proseguía con la talla de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Penitencia. Escoltado por un numeroso grupo de nazarenos que portaban faroles, velas e incienso, aparecía el Salvador. Vestido con una túnica morada y una dorada corona de espinas, Jesús cargaba con la cruz camino al Calvario.
Seguidamente, pasaba la talla más joven de la procesión. El Santísimo Cristo de las Almas. Una obra de 2025 que refleja la escena de la caída, con un soldado romano obligando a Jesús a latigazos a recoger la cruz del suelo y continuar su camino.
Recta final
Entraba la procesión en su recta final con la escena en solitario del discípulo amado de Jesús, San Juan Evangelista. Llegó con una gran rama de palma en su mano derecha y tras ejecutar la banda de música la melodía de la canción ‘Señor, me has mirado a los ojos’ y volver a repicar las campanas de la iglesia de San Pedro.
Tan solo quedaban las dos tallas restantes de Salzillo, insignias de la Cofradía. La Virgen María Santísima de los Dolores y su hijo, el Santísimo Cristo de la Esperanza.
María fue la primera en salir acompañada por cuatro pequeños ángeles en su dolor por la pérdida de su hijo y recibida con la multitud aplaudiendo en pie a su paso por la calle Jara Carrillo. En ese momento, un Nazareno cogió en brazos a uno de los niños del público, familiar suyo, que ya vestía la túnica verde de la Cofradía.
El último paso, el más esperado, el Santísimo Cristo de la Esperanza, ya doblaba la esquina de la iglesia de San Pedro. También hubo aplausos para la llegada del Salvador. Crucificado con su corona de espinas y flores rojas en su lecho en señal de su sangre, el Cristo inundaba de esperanza a los fieles murcianos que a su paso recordaron que la muerte no es el final para lo que creen en la Resurrección.

Un grupo de manolas cerraba la procesión de la Esperanza. / Juan Carlos Caval












