Santiago Abascal afronta el periodo de reflexión y descanso de Semana Santa, a pocas semanas de cumplir cincuenta años, con dos frentes abiertos en su carrera política, que por otra parte ha llegado a su punto más alto desde que en 2013 abandonase el Partido Popular (PP) para fundar Vox. Un frente interno, el del asedio cada vez mayor de los críticos de su propia formación que crecen por momentos y que tienen tres nombres principales: el del ex portavoz parlamentario Iván Espinosa de los Monteros; el del ex secretario general y todavía diputado Javier Ortega-Smith y el del ex vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García-Gallardo. Y otro frente externo, el de las negociaciones abiertas con el PP en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Todo ello sin perder de vista, claro está, las elecciones andaluzas del próximo 17 de mayo, cuya precampaña estará ya a pleno rendimiento después de las Fiestas de Pascua.
Aunque en realidad, y sobre todo en la visión del líder de la extrema derecha, los dos frentes son el mismo, o tienen al menos un nexo común, que no sería otro que el 13 de la calle Génova de Madrid, donde se ubica la sede del PP. A buen entendedor pocas palabras bastan, y a este respecto los dos últimos minutos del discurso del presidente de Vox en el pleno parlamentario del pasado miércoles, donde el presidente Pedro Sánchez compareció para dar explicaciones sobre la guerra en Irán y el papel de España en la misma, son de una elocuencia esclarecedora.
Ante el gesto de un atónito Alberto Núñez Feijóo, Abascal concluyó así su duro discurso contra el jefe del Ejecutivo: «Aunque el señor Feijóo siga ocupado desde el año 2023 en destruir la alternativa, acabará llegando a España un Gobierno patriótico, comprometido en reconstruir nuestras capacidades de defensa, comprometido con nuestros intereses nacionales y comprometido con devolver a España la dignidad nacional que usted [Sánchez] le ha robado». Una andanada hacia el PP que remató así: «Cuando suba aquí, no sea muy duro con el señor Feijóo, agradézcale a él y a su entorno que haya proporcionado y patrocinado todos los argumentarios con los que usted hoy va a atacarnos en esta tribuna. Como ya se lo agradecieron al señor Pablo Casado. Bien es cierto que al señor Casado le agradezco la gallardía de haber subido a esta tribuna a decir todo eso», concluyó, en una velada alusión al duro discurso del ex líder del PP contra Vox en el debate de la moción de censura de octubre de 2020.
Y lo cierto es que Sánchez, en su discurso de réplica -según su costumbre siempre la parte más dura contra la oposición de su intervención- sacó a relucir varias de las acusaciones o informaciones que llevan semanas circulando, sobre todo en boca de esos críticos de Vox. Por ejemplo, la de que el principal asesor y cerebro ideológico y estratégico de Vox, Kiko Méndez-Monasterio, cobraría 27.000 euros al mes. No era la primera vez que el presidente lo sacaba a colación y que, sarcástico, se preguntaba cuánto cobraría entonces el asesorado. Sánchez llegó a decir también que Abascal «desvía 2,5 millones de la fundación Disenso [el think tank de Vox] a su bolsillo personal». Casi al mismo tiempo, el secretario general del PP, Miguel Tellado, cuya ausencia en el pleno parlamentario no pasó desapercibida, negociaba en Mérida, junto al equipo de la presidenta en funciones de Extremadura, María Guardiola, con Vox, y con dos pesos pesados de la dirección de este partido, el secretario general del grupo parlamentario José María Figaredo, y el portavoz adjunto, Carlos Hernández Quero, al otro lado de la mesa.
Durante el pleno parlamentario algunas alertas informativas llegaron a hablar de principio de acuerdo para la investidura de Guardiola, algo desmentido tajantemente esa misma tarde tanto por Vox como por el número dos del PP extremeño, Abel Bautista, ambos en un tono de conciliación y voluntad de acuerdo después del encuentro mantenido. Y eso convenció aún más íntimamente a Abascal de la ‘toxicidad’ que atribuye a la dirección nacional del PP, cuya participación en las negociaciones de los gobiernos autonómicos juzga un elemento profundamente distorsionador de las mismas.
«Lo sabemos»
En el cuartel general de Vox cunde el convencimiento total («lo sabemos», afirman de manera tajante) de que existe un concertación entre la cúpula del PP y el grupo de críticos de Vox, nutrido fundamentalmente de dirigentes con uno o los dos pies fuera de las instituciones y de la política activa. Y señalan en concreto a dos nombres: Tellado y Espinosa de los Monteros. Una estrategia que, siempre según los de Abascal, se vehicularía a través de filtraciones o, directamente, participaciones cuidadosamente estudiadas en medios conservadores que desde Bambú (la calle del norte de la capital donde se ubica la sede de Vox) se consideran manejados desde Génova. A eso atribuyen, por significados ejemplos, la aparición de Espinosa de los Monteros en Trece TV, del Grupo COPE, anunciando el manifiesto con el que se reclama un congreso extraordinario de Vox, o la reciente entrevista de García-Gallardo en El Mundo en la que acusó a Abascal de utilizar el partido para enriquecerse él y su familia, sacando a relucir una información, publicada hace más de un año por El Confidencial que aireaba los pagos a la mujer de Abascal, Lidia Bedman, de la editorial Ivat, controlada por Méndez-Monasterio y por Julio y Gabriel Ariza, padre e hijo y dueños y fundadores del grupo Intereconomía.
Los Ariza, con los que Abascal mantiene una estrecha relación desde los tiempos en que ejercía, todavía como dirigente del PP vasco, como tertuliano estrella en Intereconomía, están sin duda en la diana del grupo de críticos. Y aquí aparece otro nombre a tener en cuenta: Tizona Comunicación, la empresa de Méndez-Monasterio y Ariza hijo, sobre la que los críticos deslizan de manera calculadamente velada sus acusaciones. En un cruce de cartas privadas filtradas y mensajes en las redes entre el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, y su antecesor en el cargo, Ortega Smith, este último le espetó a su sucesor: «Garriga, espero que tu próxima filtración sea el modelo 347». Se trata del modelo de Hacienda para las operaciones con terceras personas. Otro de los críticos, el ex líder en Murcia, José Ángel Antelo, ha asegurado públicamente que el partido le exigió contratar los servicios de esta empresa, dedicada a la asesoría política, abarcando también cursos de formación (singularmente de oratoria) o resúmenes de prensa, vinculando crípticamente su reciente cese al hecho de haberse negado a realizar esa contratación. Tizona trabaja para Vox en régimen de exclusividad en España, según ha podido saber EL PERIÓDICO, aunque tiene también clientes en el extranjero.
Tras publicar esta semana El País que en un solo año Tizona habría facturado más de un millón de euros Vox no tardó en reaccionar con un comunicado, dentro de una estrategia que ha mutado desde no darse por aludido ante las acusaciones de los críticos a la respuesta cada vez más contundente y rápida. El partido elogió el trabajo de esa empresa, reseñando incluso las distinciones internacionales que ha recibido, y aseguró, sin dar más detalles de la facturación, que llegó a tener hasta una treintena de empleados, muchos de los cuales pasaron a engrosar las filas del propio partido, como empleados o asesores. «Entre subcontratar a alguien que hace buenos contenidos audiovisuales o tenerle directamente como empleado del partido, a la larga lo segundo parece mejor», explican desde el partido.
El cerebro gris
Nadie niega, como es público y notorio por otra parte, el nexo que supone Méndez-Monasterio, que ejerce tanto de asesor de Abascal y cerebro gris de Vox como a la actividad genérica de la asesoría política, algo por otra parte habitual en el sector. En cuanto a su supuesto sueldo de 27.000 euros, una acusación que Vox reprocha que Sánchez hace desde la tribuna del Congreso, amparado por tanto en la inmunidad parlamentaria, fuentes del partido la niegan tajantemente, y de hecho ya hay varias demandas presentadas por el propio interesado ante informaciones o afirmaciones en medios de comunicación en ese sentido. «De ese dinero hay que descontar impuestos, pagos a proveedores, etc, y luego lo que le queda a Kiko es un sueldo equiparable al de un diputado, y desde luego muy por debajo de lo que cobran grandes nombres del sector», explican fuentes de Vox.
En cuanto a los ingresos recibidos por la mujer de Abascal, aseguran que se circunscriben a servicios que prestó a la editorial del tándem Méndez-Monasterio/Ariza como influencer, y también en la elaboración de portadas y vídeos promocionales de los títulos de Ivat, que ha publicado en España a Roger Scruton, el filósofo conservador británico fallecido en 2020, o las memorias de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Cuando Vox era extraparlamentario, explican las mismas fuentes, Bedman llevaba una muy exitosa y fructífera carrera de influencer, que comenzó a decaer cuando trascendió su parentesco con el líder de un partido que a partir de 2018 entró en las instituciones, traduciéndose eso, explican, en importantes pérdidas de contratos de grandes marcas nacionales e internacionales.
Abascal, que desde hace meses se señala en privado a su espalda en gesto distendido, asegurando tener ya muchos puñales clavados, está decidido a resistir lo que considera una operación en su contra urdida por Feijóo con la complicidad de importantes sectores políticos y mediáticos. En Génova no dan crédito a ese planteamiento y presumen incluso de que Feijóo ha tratado de cuidar en todo momento la relación con Vox para evitar suspicacias o malos entendidos que puedan frustrar las negociaciones en marcha. La vuelta de vacaciones, tras conmemorar la muerte y resurrección de Jesús, no se atisba tranquila en la derecha española.
Suscríbete para seguir leyendo













