El callejero de Alicante está lleno de referencias a efemérides y acontecimientos históricos y también de reconocimientos a personajes importantes y personas sencillas. Entre ellos destaca la plaza del Abad Penalva, en el Casco Antiguo. Cada año, este espacio urbano se convierte en centro neurálgico de la Semana Santa y punto de la romería de la Santa Faz, y durante las Hogueras acoge el final la Ofrenda de Flores en honor a la Virgen del Remedio. Pero la plaza también refleja los cambios de la ciudad con edificios turísticos y locales de restauración que conviven con la vida de vecinos de siempre y visitantes.
Solo con recorrer la plaza se pueden percibir sus contrastes: a un lado, la concatedral de San Nicolás, con su imponente cúpula y el órgano barroco, uno de los más antiguos de la Comunidad Valenciana. Enfrente, casas residenciales y edificios modernistas junto a locales de restauración orientados al turismo. Así, entre visitantes, procesiones, vecinos y jóvenes que disfrutan del ocio nocturno, la plaza mantiene un ritmo constante, donde la tradición y la vida cotidiana se unen y cada evento encuentra su escenario natural.
Quién fue el Abad Penalva
Pero, pese a ser un punto de encuentro clave en la ciudad, pocos alicantinos conocen quién fue el hombre que le da nombre a este enclave. Francisco Penalva Uribe nació en Orihuela en 1812, en una familia humilde, y dedicó su vida a la iglesia y a la ciudad de Alicante. Su labor durante las epidemias de cólera y fiebre amarilla le convirtió en un personaje recordado por su cercanía y generosidad. Su forma de hablar, con un lenguaje directo y accesible, le permitió ganarse incluso a quienes eran indiferentes. Murió en Alicante en 1879, dejando un recuerdo de servicio que la ciudad aún conserva.
Los alicantinos lo llamaban ‘el santo’ Abad Penalva. Había anécdotas sobre su caridad: si alguien necesitaba ropa, él no dudaba en dársela
A pesar de su relevancia, muchos alicantinos desconocen quién fue, y qué decir de los visitantes. «No sé quién era exactamente, imagino que sería un cura», confiesa Encarni Pérez. Como ella, Pilar Muñoz añade: «La verdad, no lo sé». Mientras, José Manuel Mojica recuerda vagamente el nombre: «Solo me suena el nombre de la plaza, pero nada más».
El deán de la concatedral de San Nicolás, Ramón Egío, recuerda que «los alicantinos lo llamaban ‘el santo’ Abad Penalva». «Había anécdotas sobre su caridad: si alguien necesitaba ropa, él no dudaba en dársela. También le debemos la advocación del Cristo de la Buena Muerte. Sus restos se conservan en la concatedral, protegidos en una urna desde la apertura de la cripta por Don Ildefonso Cases», explica.
Es una de las plazas más importantes de Alicante, siempre llena de gente y muy conocida en la ciudad
El recuerdo del Abad Penalva se refleja en la plaza que lleva su nombre, pero este espacio no siempre tuvo la apariencia que conocemos. Hasta 1904, un conjunto de casas desordenadas conectaba con la calle Labradores. Fue entonces cuando el Ayuntamiento de Alicante decidió derribarlas y dar forma a la plaza actual, que recibió el nombre del Abad Penalva a instancias de figuras locales como Rafael Altamira y Francisco Figueras Pacheco.
La reforma consolidó un espacio de encuentro, que ahora combina historia y vida cotidiana. «Es una de las plazas más importantes de Alicante, siempre llena de gente y muy conocida en la ciudad», señala Maite Morcillo. Una opinión que comparte con Juan Molla, quien destaca que la plaza «tiene mucho encanto por los edificios antiguos y la buena conservación que tienen».
A principios del siglo XX no existía, era una continuación de la calle Labradores y la puerta principal de San Nicolás estaba en un lateral
Precisamente, frente a la concatedral se levantan edificios modernistas construidos entre 1905 y 1908 por el comerciante Guillermo Campos Carrera, diseñados por el arquitecto Enrique Sánchez Sedeño, que aportan nobleza y estilo al conjunto urbano y conecta visualmente la plaza con el corazón del Casco Antiguo. «A principios del siglo XX no existía, era una continuación de la calle Labradores y la puerta principal de San Nicolás estaba en un lateral. Ahora todos conocemos esta plaza y lo bonita que es», recuerda José Manuel Mojica.
Concatedral de San Nicolás
La plaza no se entiende sin la concatedral de San Nicolás de Bari, uno de los templos religiosos más destacados de Alicante. Construida en 1616 por Agustín Bernardino, discípulo de Juan de Herrera, combina la sobriedad del renacimiento tardío con primeras influencias del barroco y se alza sobre restos de una antigua mezquita y un templo gótico. Su cúpula, obra de Miguel del Real, alcanza casi 45 metros de altura, y desde hace un año acoge visitas turísticas. «Es un espacio maravilloso, hacen muchos conciertos y venimos a verlos, es un espacio en el que se respira tranquilidad», comenta Encarni Pérez.
Tocar este órgano es sentir la historia, cada nota recuerda siglos de música y de fieles que han escuchado sus sonidos
Un encanto que atrapa también a quienes la visitan, como José Luzón, visitante de Granada, a quien le impresionó tanto la concatedral como su órgano: «Es precioso y la capilla muy bonita». Y es que uno de los mayores tesoros de la concatedral es su órgano, que data del siglo XVI. El organista de la concatedral, Luis Egido, explica que el instrumento es barroco, uno de los más antiguos de la Comunidad Valenciana, y que su restauración ha conservado la mecánica y los tubos históricos, permitiendo interpretar música antigua y clásica. «Tocar este órgano es sentir la historia, cada nota recuerda siglos de música y de fieles que han escuchado sus sonidos», apunta Egido.
Semana Santa, Santa Faz y Ofrenda de Flores
La presencia de la concatedral refuerza la importancia histórica de la plaza y su papel como centro de celebraciones. Desde la plaza parten algunas de las procesiones más emblemáticas de la Semana Santa alicantina: Nuestro Padre Jesús, el Martes Santo; la Hermandad Penitencial del Perdón y la del Cristo de la Buena Muerte, ambas el Jueves Santo; el Santo Sepulcro, en Viernes Santo, y la del Resucitado, que cierra el Domingo de Resurrección junto a la Alegría. La plaza se convierte en un espacio de encuentro para vecinos y visitantes, uniendo tradición y vida cotidiana en un mismo recorrido.
«Todas las celebraciones importantes tienen en esta plaza su punto de partida: Semana Santa, Hogueras, fiestas patronales… es el inicio de cada evento», comenta Marcos Pavón, guía turístico en la ciudad. Los alicantinos, como Encarni Pérez, recuerdan los momentos que se viven en esta plaza durante la Semana Santa: «Mi nieto sale en una procesión y yo vengo todos los años con mi marido a verle pasar por esta plaza», comenta.
Menos de dos semanas después de la Semana Santa, la plaza vuelve a ser foco de atención con la salida de la romería de la Santa Faz, la segunda peregrinación más importante de España. «Salimos desde aquí todos los años, con la caña que dan y nos unimos a la procesión cuando sale la Santa Faz de la concatedral», recuerda Juan Molla.
Durante las Hogueras, la plaza acoge la Ofrenda de Flores en honor a la Virgen del Remedio, los días 21 y de 22 de junio. Así, las celebraciones se suceden sin perder la continuidad histórica y cultural que caracteriza a la plaza.
Siempre hay turistas, y tanto esta plaza como la Explanada son los lugares que más visitan
Turismo y ocio
El espacio dedicado al Abad Penalva refleja la transformación urbana: algunos edificios se han convertido en apartamentos turísticos y la mayoría de los locales de restauración se orienta al visitante. Macarena Gallardo, hostelera, comenta que «siempre hay turistas, y tanto esta plaza como la Explanada son los lugares que más visitan».
El barrio me encanta, tiene mucha vida y mucho ambiente y está en un espacio maravilloso de la ciudad
Además, esta plaza da acceso al Barrio, el histórico espacio de ocio nocturno por excelencia en la ciudad que es frecuentado por alicantinos de todas las edades. «Me encanta, tiene mucha vida y mucho ambiente y está en un espacio maravilloso de la ciudad», comenta Pilar Muñoz. Sin embargo, la convivencia de tradición, turismo y ocio nocturno trae problemas: vecinos señalan la falta de limpieza como uno de los principales desafíos, especialmente después de eventos y fines de semana con gran afluencia de público.
La plaza del Abad Penalva concentra historia, tradición, vida vecinal y los retos de una ciudad en transformación. Entre sus edificios y balcones se mezclan vecinos, turistas, procesiones y personas que disfrutan del ocio. Cada celebración y cada visita recuerda que este espacio es mucho más que una plaza: es un lugar donde la ciudad se vive.
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