Sonidos que recuerdan al latido del corazón. El de todos los zamoranos que esperan durante un año entero esta época de la Semana Santa.
A un doble ritmo comenzó la procesión de la Hermandad Penitencial de Nuestro Señor Jesús, Luz y Vida: el acelerado que marcaba el Barandales —encargado de anunciar la llegada de la procesión—, representando a aquellos que se emocionan con facilidad en estas fechas, y un latido más pausado, el de los tambores, para aquellos otros que viven con una devoción más calmada y recogida la Pasión zamorana.
El paso principal de la hermandad, obra de Hipólito Pérez Calvo. / Alba Prieto
Los dos sones rompían el respetuoso silencio que reinaba en la rúa de los Francos para anunciar, nada más sonar las ocho de la tarde, la salida de los hermanos por el casco antiguo.
Desde el convento del Tránsito
Una hora antes se habían congregado en el convento del Tránsito los cerca de setecientos integrantes de Luz y Vida para ultimar los detalles de la procesión de una hermandad que se caracteriza por su estética cisterciense, alejada de los desfiles zamoranos más tradicionales: hábito de color hueso hasta los pies, farol apoyado en uno de los brazos, medallón al cuello y zapato negro, aunque, como es habitual, muchos quieran entregar un pequeño sacrificio caminando por la piedra con pies desnudos.

Los primeros hermanos salen del convento del Tránsito. / Alba Prieto
Por promesa o tradición, entregan en silencio esta ofrenda tan personal.
Es esta la hermandad más joven de la Semana Santa de la ciudad, pero, ya con más de treinta y cinco años de historia, se ha ganado, por méritos propios, su hueco junto a las cofradías más veteranas.
De nuevo por el Puente de Piedra
Eran muchos los que recordaban que el pasado año el recorrido se tuvo que acortar por la amenaza de lluvia —tras una espera de media hora sobre el horario previsto, a expensas de los datos meteorológicos más fiables— y también que en 2024 el Puente de Piedra permanecía cortado por las obras de reparación. Así que era en esta Semana Santa cuando los hermanos recuperaban atravesar el viaducto camino del cementerio.

La procesión a su paso por el Puente de Piedra. / Alba Prieto
Aun así, volvía a ser este recorrido de 2026 un alternativa al tradicional, debido a la acogida en la Catedral de la edición zamorana de las Edades del Hombre, por lo que la seo no fue el templo de salida, sino el convento del Tránsito. Una pequeña alternativa que llevó los primeros pasos del desfile por nuevos lugares del casco antiguo hasta alcanzar el Puente de Piedra.
Desde la rúa de los Francos hasta la plaza Viriato, plaza Claudio Moyano, cuesta de San Cipriano y plaza de Santa Lucía, para alcanzar el Puente de Piedra.
De luto por Coomonte
Tras el Barandales y los cuatro tambores —tocados por dos hombres y dos mujeres—, cinco hermanos cargaban la Cruz de los Ausentes que, en recuerdo a José Luis Alonso Coomonte, lucía un crespón negro para rendir homenaje a su autor en la que es una de sus obras de los últimos años en activo. «Él mismo definía sus lágrimas de cristal como lágrimas que apuntan al cielo. Este año, lo harán con más sentido que nunca», se aseguraba desde la directiva de la hermandad, poco antes de la salida del desfile procesional.

La Cruz de los Ausentes, con el crespón negro. / Alba Prieto
La acompañaban los primeros hermanos, en fila de dos en dos, salvo aquellos integrantes más pequeños, a los que cogían de la mano sus progenitores. Es, de hecho, uno de los desfiles más familiares, quizá por el hecho de que, desde su creación, fue mixta, por lo que muchas mujeres se animaron a formar parte de ella y esa devoción se la han sabido transmitir a sus descendientes, hijos e hijas, nietos y nietas.
Cuajada de rosa blancas se descubría la gran cruz cargada por 18 hermanos, que llevaban el ritmo gracias a los tres tambores que les escoltaban. Otra cruz, esta más pequeña, caminaba seguida por el cuarteto de viento de la hermandad.
Novedades musicales
Los zamoranos a pie de calle pudieron escuchar por primera vez en esta procesión la obra «Et lux perpetua», a cargo de dicha agrupación musical. Se trata de una obra del toresano David Rivas, que rinde un bello homenaje a los fallecidos.

El cuarteto de viento de Luz y Vida. / Alba Prieto
También estaba de estreno el coro de la hermandad, esta vez con una pieza compuesta por su director, Manuel Alejandro López. Una veintena de cantantes que volvían a romper el silencio en las calles de Zamora, escuchándose a lo lejos también el son de los tambores que acompañaban a la imagen principal, Jesús Luz y Vida, obra de Hipólito Pérez Calvo, hecha en madera y que es portada por medio centenar de hermanos en un trono con andas.
Farol y cordón
Además de estas novedades en la particular banda sonora de la procesión, muchos de los hermanos también estrenaban faroles, tras la aprobación de este cambio en la asamblea extraordinaria que tuvo lugar en el pasado mes de junio.
Obligatorios para los nuevos integrantes de la hermandad, algunos cofrades con más antigüedad también quisieron hacer el cambio. Se trata de piezas mucho más ligeras que los habituales, confeccionadas con impresoras 3D.

Detalle del farol de Luz y Vida. / Alba Prieto
En lo que sí coincidían todos este año era en el cordón, tras el proceso de cambio que arrancó ya en la Semana Santa de 2023.
Llegada al cementerio
Llegaron tras cruzar el puente al barrio de Cabañales, para hacer una parada en el cementerio de San Atilano.
Tras el rezo por los difuntos, la comitiva inició el camino de vuelta, ya con menos público —a excepción de la llegada— por Cabañales, Puente de Piedra, Puente, plaza de Santa Lucía, Herreros, Alfonso XII, Ramos Carrión, plaza Viriato, Barandales y plaza Santa María la Nueva, donde los hermanos se despidieron hasta el próximo año.
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