Con la llegada de la Semana Santa la cuenta de las cofradías tiembla. Aparecen los números rojos. Arrancan las procesiones y sacar los pasos a la calle no es nada barato. Flores, banda, trajes, velas, la lista es larga y aunque la suma final depende de muchos factores, la media en Canarias ronda los 10.000 euros por procesión. Pero los hay que cada salida alcanza los 15.000. Detrás de la semana grande hay toda una economía invisible que lleva meses de preparación y que, de manera generalizada, cargan las cofradías a sus espaldas. «Es la época del año donde más gastamos sin duda, cuando termina la Semana Santa volvemos a estar casi en descubierto», explica el presidente del Consejo de Hermandades, Cofradías y Patronazgos, Lino León.
Una opinión que comparte la Hermana Mayor de la cofradía de La Macarena de Tenerife, María del Carmen Llarena Suárez. «El resto del año solo tenemos gastos puntuales por cambios de traje o ramitos, pero nada comparado con la inversión que hacemos para estos días», reconoce.
Pero, ¿de dónde viene tanto gasto? De la suma de muchos ingredientes. Una gran parte se invierte en flores, las cofradías pequeñas gastan unos 2.000 euros y las más grandes desembolsan hasta 5.000 euros para los grandes días. Es tanta la demanda, que la importación es obligatoria, lo que encarece la factura. «Nuestra tendencia siempre es apostar por el kilómetro cero en todo, pero es verdad que los mayoristas de flores se ven con problemas porque no encuentran, por ejemplo, tantos claveles rojos», afirma León.
Arreglos florales
Los arreglos florales son, además, el producto que más sujeto está a la inflación provocada por los cambios y tensiones internacionales. Las subidas de precios del petróleo, como consecuencia de las guerras, encarecen las cuentas de las cofradías. «Las flores lleva tres años subiendo a un ritmo altísimo, y ahora desde enero han pegado otro subidón», lamenta León. «Solo en el besamanos se fueron 260 euros en flores y en los otros dos pasos unos 1.400, es un dineral», reconoce Llanera.
También la cera –para las velas– viene de fuera. Muchas cofradías la compran en Sevilla . «Solo en velas nos hemos gastado 800 euros», explica la Hermana Mayor de la cofradía de La Macarena. Y es que tampoco hay muchas cererías en España y los pedidos que realizan las cofradías son muy específicos, por lo que el coste se incrementa.
Otro de los grandes gastos viene de la mano de la nota musical, las bandas de música cobran entre 2.000 y 3.000 euros por tarde, aunque el gasto puede llegar a los 6.000 euros. «Tampoco hay mucha oferta, y los precios son los que son», afirma León.
A estos grandes desembolsos se suman otros muchos gastos que, aunque más discretos, terminan engordando la factura final. El mantenimiento del patrimonio obliga a comprar productos específicos como el limpiaplata, en muchos casos traído también de fuera, y a asumir pequeñas renovaciones constantes. Un fajín puede costar unos 15 euros, unas zapatillas otros 14, y a eso se añade la limpieza de túnicas y vestimentas, que ronda el centenar de euros, además de lavandería, arreglos o reposiciones. Durante los días grandes, la logística también cuenta y hay que sumar comida para costaleros y músicos, bocadillos, agua o material básico para garantizar el desarrollo de la procesión. «Son muchas cosas que vas sumando poco a poco», resume Llarena.
Inversiones mayores
Todo ello sin entrar en inversiones mayores como la renovación de trajes o la adquisición de nuevas imágenes. En ese terreno se mueve la imaginería, un oficio casi artesanal con escasa presencia en Canarias. Apenas un puñado de profesionales se dedican a ello y la demanda es alta, con listas de espera que pueden alcanzar varios años. «Hay gente que quiere esperar y gente que no», explica el imaginero Ibrahim Hernández, que trabaja desde Tenerife para cofradías y para particulares y destaca que este tipo de encargos requieren tiempo, especialización y materiales muy concretos. No son gastos habituales, pero cuando llegan, suponen un esfuerzo importante para las hermandades.
Detrás de cada nueva imagen o restauración hay un proceso artesanal que lleva tiempo. El imaginero tinerfeño revela la complejidad de una labor que requiere paciencia y materiales selectos. «Para un encargo de calidad, como una talla en madera, puedes tardar dos meses de trabajo intenso, dedicándole muchísimas horas», explica. Hernández, uno de los pocos profesionales que quedan en Canarias dedicados a la imaginería religiosa de autor, subraya la dificultad logística que conlleva su trabajo. «Todo el material lo tengo que importar; la madera, los oros, los pigmentos… aquí en Canarias no se consigue nada de eso», afirma. Es un gasto extraordinario que las cofradías asumen –muy de vez en cuando– sabiendo que es una obra «para toda la vida», y que a menudo se financia gracias a donaciones particulares de devotos que deciden costear una pieza específica.
Recursos propios
¿Y cómo se paga el resto de elementos del paso? Con recursos propios. Las cofradías se financian principalmente a través de las cuotas de sus miembros, que suelen rondar los 30 euros anuales, a lo que se suma un pago adicional para quienes participan en la procesión. Las ayudas públicas son escasas y, en muchos casos, simbólicas. «La subvención puede suponer solo un 1% o un 2% del gasto total», apunta León, que reclama un mayor compromiso institucional. «Nos limitamos muchas veces porque no tenemos dinero para más», añade. Aun así, el tejido cofrade se apoya también en aportaciones altruistas, como donaciones puntuales o colaboraciones que permiten sacar adelante proyectos concretos, como la renovación de vestimentas en el caso de La Macarena. «Este año la Virgen y el Señor estrenan traje gracias a la donación de una persona», reconoce Larena.
La organización económica no se improvisa. Las cofradías planifican con meses de antelación y, en muchos casos, al comenzar el año ya tienen cerrada gran parte de la Semana Santa. Los pedidos a proveedores, especialmente fuera de Canarias, requieren previsión y coordinación en un mercado con alta demanda.
Las cofradías no han podido librarse de la inflación. En la última década, los costes se han incrementado de forma notable. «Como mínimo el gasto de una Semana Santa se ha encarecido un 30% en los últimos diez años», calcula León. Una subida que, sumada a la falta de ingresos estructurales, mantiene a muchas cofradías en un delicado equilibrio económico cada vez que se acercan sus días grandes.
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