Desde los primeros pasos en el campo de Vetusta hasta el actual Carlos Tartiere mucho han cambiado las cosas en el Real Oviedo. A lo largo de su centenaria historia, el conjunto azul ha pasado por cinco estadios diferentes. Cada uno tenía su esencia y sus particularidades, pero todos ellos se convirtieron en un punto de encuentro para los hinchas azules, que jalearon a los suyos y disfrutaron de grandes éxitos carbayones. Entre todos ellos, junto a muchas leyendas azules, convirtieron su estadio en un auténtico fortín, hasta el punto de que cada visita a la capital del Principado se transformaba para los rivales en un auténtico dolor de muelas.
El primer hogar del Real Oviedo fue Teatinos, inaugurado el 31 de agosto de 1919. Sin embargo, este no fue el del debut oficial del cuadro carbayón. En aquella época se realizaron unas obras en el estadio que incluían la colocación de césped en lugar de la arena sobre la que habitualmente se disputaban los partidos. El Oviedo, fundado el 26 de marzo de 1926, no podía esperar hasta septiembre (fecha en la que concluiría la remodelación) y el 1 y 2 de mayo de ese mismo año se estrenó en dos amistosos ante el Arenas de Guecho en el campo de Vetusta, donde jugaría más partidos. En septiembre se trasladaron a Teatinos, donde disputaron sus encuentros hasta su posterior desembarco en Buenavista seis años después. El coqueto estadio rondaba una capacidad de 10.000 espectadores, pero solo unos 1.500 tenían butaca. Allí se disputaría el primer derbi asturiano en Oviedo, con triunfo local por 2-1.
En 1932 se estrenaría el Stadium de Buenavista con un duelo internacional entre España y Yugoslavia. Se impusieron los españoles por 2-1 con el oviedista Lángara como protagonista. El histórico delantero abrió el marcador y se convirtió en el primer jugador de Segunda División en jugar con la selección. El estadio contaba con un aforo de unos 15.000 espectadores y se convirtió en el primer feudo del país con una gran cubierta de hormigón armado sin columnas que entorpeciesen la visión de los espectadores. El estadio, que sufrió una importante destrucción durante la Guerra Civil y que pasó a llamarse Carlos Tartiere en homenaje al primer presidente del Oviedo, fue partícipe de importantes hazañas de los azules durante casi medio siglo: el primer ascenso de un equipo asturiano a Primera, dos semifinales de Copa del Rey y numerosos triunfos y goleadas ante los grandes del fútbol español.
De cara a la Copa del Mundo de Fútbol de 1982, disputada en España, el viejo estadio de Buenavista fue demolido y en su solar se construyó un nuevo estadio, llamado igualmente Carlos Tartiere. Inaugurado en un duelo entre el Oviedo y la selección chilena (0-0), el estadio tenía un aforo de 23.500 espectadores (aunque años después fue reducido a 16.000 por una normativa que obligaba a rebajar el número de aficionados de pie) y ahí se vivió la época dorada del Oviedo en Primera División, incluida su histórica participación europea ante el Génova, además de un ambiente de caldera que los más nostálgicos siguen echando de menos.
Con el fin de crecer y dar cabida a muchos más espectadores en sus asientos, se construyó el actual Carlos Tartiere, que no dio suerte a los azules. Su estreno fue un 2-2 ante Las Palmas y en esa primera temporada el equipo descendió a Segunda y no fue hasta este curso, el del centenario, cuando su gente ha vuelto a disfrutar del fútbol de élite. Con el equipo en una situación complicada, sus cimientos siguen retumbando cada fin de semana con un único objetivo: animar a un Oviedo que sueña con mantener la categoría.















