La tuberculosis está repuntando en España desde hace varios años y así lo han confirmado los nuevos datos del Ministerio de Sanidad. Este martes conocíamos que en el año 2024, el último del que se tienen registros, se produjeron en nuestro país 4.270 nuevos casos.
La media del 2024 es de 8,8 casos de tuberculosis por cada 100.000 habitantes y con respecto al año anterior ha aumentado un 8,3%. Sí, los datos en España son, a pesar de todo, mejores que hace una década, pero los expertos alertan a las autoridades.
Uno de los datos más impactantes que ha señalado el Ministerio de Sanidad es que hasta el 64,4% de ellos se han producido en hombres de menos de 15 años. Esta problemática se ha observado también en Europa, tal y como explica este artículo de EL ESPAÑOL.
«La Organización Mundial de la Salud (OMS) marcó el objetivo de reducir para 2030 las tasas de tuberculosis de cada país en 2015 en un 80%. Yo lo veo muy complicado», dice Joan Caylá, presidente de la Unidad de Investigación en Tuberculosis en Barcelona.
Hace 11 años, en España había 10,6 casos por 100.000 habitantes de tuberculosis y la idea era que pasaran en 2030 a 2,1. «Sería impresentable que un país como España tuviera en la fecha límite una incidencia de tuberculosis como la que vamos a tener en 2025», sigue.
Los datos de 2025 todavía no están disponibles, pero existen indicios de que los casos van a seguir aumentando. Por ejemplo, los datos en Barcelona en 2025 ya están disponibles y apuntan a un número mayor de casos en la actualidad que hace una década.
En 2015 la ciudad condal contaba con 17,4 casos de tuberculosis por 100.000 habitantes y, aunque para 2025 se habían propuesto reducirlos a la mitad, ahora se encuentran en 18,4 casos. Sevilla tiene cifras similares a Barcelona, aunque debería tener unos 7,9 casos.
Joan Caylá concede que España ha fracasado al contener la enfermedad, pero reconoce que es una infección a la que es difícil seguir la pista. Aunque en España pueda resultar un mal del pasado, recuerda que a nivel mundial todavía causa 1,2 millones de muertes al año.
«Esto es más que la suma de las muertes que producen el SIDA y la malaria», advierte. En ello coincide con el catedrático de Microbiología de la Universidad de Salamanca, Raúl Rivas. Este experto señala que no hay que menospreciar a la tuberculosis.
Reducir los casos
«Se estima que un cuarto de la población mundial está infectado con la bacteria de la tuberculosis y cada año se producen 10 millones de casos nuevos», señala Rivas. No todos los que albergan la bacteria lo saben o tienen síntomas y eso la hace peligrosa.
El aumento de la tuberculosis es real, pero Rivas alerta de que puede estar estimulado por la falta de diagnósticos que se produjo durante la pandemia de la covid. Es decir, en esos años descendieron los casos porque sólo se detectaban los más alarmantes.
Muchos de los casos que presentaban pocos síntomas o, directamente, eran asintomáticos se ignoraron porque el sistema sanitario estaba sobrecargado. Y esos pacientes sin localizar han podido contagiar a otros o también manifestar síntomas ahora.
Esta teoría respalda el hecho de que los casos de tuberculosis en España bajaran en los años 2020 (3.686) y 2021 (3.600). Desde 2021, el año con las cifras más bajas de la década de 2020, los casos han subido casi un 20%. De hecho, Caylá recuerda que la lucha contra la tuberculosis en nuestro país ha tenido históricamente «mala suerte».
Con esto se refiere a que se lanzó un plan de prevención y control en 2007 que, por desgracia, se vio entorpecido por la pandemia de la gripe porcina de 2009 y otro en el 2019 que, por supuesto, no pudo llevarse a cabo satisfactoriamente por la pandemia de la covid.
«Esta semana hemos estado en el ministerio para impulsar de nuevo este programa, a ver si hay suerte», señala Caylá. Ahora el problema reside en la discusión entre el Gobierno y las Comunidades Autónomas sobre cómo debería financiarse el programa.
Hasta el 50% de los casos en España se observan en personas que han nacido fuera de nuestras fronteras, en países donde el problema de la tuberculosis es mucho mayor. «Y si miramos en grandes ciudades, tipo Barcelona, el porcentaje sube hasta el 70%», dice.
Caylá lamenta que la tuberculosis no se aborda de la manera adecuada en España por «prioridades políticas» y explica que es un tema que requiere una buena inversión. También porque la tuberculosis afecta en gran medida desde un plano social.
Aunque cualquier persona se puede contagiar de ella por el aire, los peores efectos se observan en personas con un alcoholismo grave o que están inmunodeprimidas por otras infecciones como la del VIH. Por supuesto, también en personas migrantes vulnerables.
Por eso, Caylá reclama que son necesarios «enfermeras de salud pública, epidemiólogos suficientes dedicados a la tuberculosis y agentes comunitarios de salud» para seguir casos y contactos y mediar de la manera adecuada con estos grupos sociales.
«Faltan programas de tratamiento directamente observado: en España sólo hay uno con 48 camas. Ahí se ingresan pacientes complicados durante el tiempo que haga falta para que reciban el tratamiento. Hay que tener en cuenta que a veces hay problemas sociales o psiquiátricos en estos pacientes y hay que estar encima de su curación», explica.
Rivas, por su parte, incide en la necesidad de detectar todos los posibles casos y, en este sentido, insistir en dar a conocer los síntomas de esta enfermedad para las personas que no saben que pueden estar enfermas. Según dice, son muy reconocibles.
«Tos productiva durante varias semanas, con moco con sangre. Sudoración profusa y nocturna, salir empapado de la cama. Pérdida de peso sin ningún tipo de explicación y fiebre durante las últimas horas del día», cuenta el catedrático.
La tuberculosis se contagia por el aire, a través de pequeñas gotitas de saliva. Por suerte, la mortalidad asociada a la tuberculosis en España es muy baja gracias a la efectividad de los tratamientos —que ¡ojo! pueden durar de seis meses hasta dos años dependiendo de la resistencia de la bacteria—.















