En su informe provisional de marzo, titulado Poniendo a prueba la resiliencia, el organismo sitúa el crecimiento del producto interior bruto (PIB) de España en el 2,1% para 2026 y en el 1,7% para 2027.
Estas cifras suponen un recorte de una décima para ambos ejercicios en comparación con las estimaciones de su informe de diciembre.
Sin embargo, la mayor alerta para la economía española se centra en la inflación, que sufrirá un duro repunte este año como consecuencia directa de las tensiones geopolíticas y el encarecimiento de la energía.
La OCDE ha elevado bruscamente su estimación de inflación general para España en 2026, disparándola hasta el 3%. Representa un empeoramiento de siete décimas respecto a su cálculo de diciembre.
El organismo espera que la escalada de los precios se relaje hasta el 2,2% en 2027. A pesar de la moderación, la cifra sigue siendo cuatro décimas superior a lo estimado anteriormente.
La inflación subyacente —que excluye los precios de la energía y los alimentos— también refleja este impacto. Escalará al 2,7% en 2026 (medio punto porcentual más de lo previsto) antes de moderarse al 2,1% en 2027.
En paralelo a estas tensiones inflacionistas, la OCDE constata que la rentabilidad de los bonos soberanos a 10 años ha vuelto a aumentar en España, en línea con el endurecimiento financiero que experimentan otras economías.
El diagnóstico de la OCDE no es un caso aislado, sino que confirma una tendencia de enfriamiento económico advertida por otras instituciones ante la inestabilidad global provocada por la guerra en Irán.
Hace menos de una semana era el Fondo Monetario Internacional (FMI) el organismo que rebajaba las previsiones de crecimiento para España. En su caso, hasta el 2,1% en 2026 (dos décimas menos que en sus estimaciones de enero) y al 1,8% para 2027.
Además, el organismo dirigido por Kristalina Georgieva advirtió del mayor riesgo en el control de la deuda y exigió al Gobierno español «esfuerzos adicionales de consolidación». El FMI también anticipó que la inflación en España escalará hasta el 3% a finales de 2026.
A nivel nacional, entidades como BBVA Research han congelado su previsión de crecimiento en el 2,4% en 2026, asumiendo que la guerra en Irán impide cualquier revisión al alza y que restará unos 0,2 puntos porcentuales al PIB este año.
En esa misma línea, Funcas ha advertido que el conflicto restará dos décimas al crecimiento y elevará la inflación por encima del 3% de aquí al verano.
La eurozona y la energía
A pesar de esta rebaja generalizada de las proyecciones, el informe de la OCDE refleja que España seguirá liderando el crecimiento frente a una Europa estancada y de nuevo acorralada por los precios.
El organismo proyecta que el PIB de la zona euro sufra un duro frenazo hasta el 0,8% en 2026. La previsión es cuatro décimas inferior a la anterior debido al peso que el encarecimiento de la energía ejercerá sobre la actividad productiva.
En paralelo, la inflación de la eurozona sufrirá un nuevo latigazo hasta escalar al 2,6% este año. La tasa es siete décimas más elevada que la calculada hace tres meses. En 2027 espera que se relaje al 2,1%.
Sus principales motores tampoco lograrán arrancar. La OCDE espera que tanto Alemania como Francia registren un crecimiento del 0,8% en 2026. Ambas economías han sufrido una rebaja de dos décimas.
A esta debilidad económica se sumará un fuerte repunte del coste de la vida. La inflación se disparará en Alemania hasta el 2,9% (un empeoramiento de ocho décimas) y repuntará en Francia hasta el 1,8% (medio punto más).
En el caso de Estados Unidos, la OCDE dibuja un escenario de contrastes donde el auge tecnológico choca frontalmente con el shock energético.
Mejora para EEUU
El organismo ha mejorado sus estimaciones de crecimiento para 2026 hasta el 2%, tres décimas por encima de lo previsto en diciembre. El impulso se apoya en la fortísima inversión vinculada a la inteligencia artificial y en la reciente caída de los aranceles efectivos estadounidenses.
No obstante, este dinamismo se frenará y el PIB se moderará al 1,7% en 2027 (un recorte de dos décimas), lastrado por el debilitamiento del consumo privado a medida que los hogares agoten sus ahorros y pierdan poder adquisitivo.
La peor parte de las previsiones estadounidenses se la llevan los precios. La OCDE anticipa que la inflación se disparará hasta el 4,2% en 2026, lo que supone una brutal revisión al alza de 1,2 puntos porcentuales, ya que el encarecimiento global de la energía anulará cualquier efecto positivo de la rebaja arancelaria.
Para 2027, el organismo confía en un brusco alivio que devolvería la inflación al 1,6% (siete décimas menos de lo estimado anteriormente).
Las proyecciones para China reflejan un aterrizaje suave de su economía y el abrupto despertar de sus precios tras rozar la deflación. La OCDE ha mantenido intactas sus previsiones de crecimiento para el gigante asiático, estimando una expansión del 4,4% en 2026 y del 4,3% en 2027.
Esta progresiva desaceleración responde al fin de los subsidios gubernamentales al consumidor, el prolongado ajuste de su sector inmobiliario y el mayor coste de las importaciones energéticas.
Estos vientos en contra sólo serán parcialmente compensados por nuevos planes de infraestructura y por la reducción de los aranceles de Estados Unidos.
El impacto del conflicto en Oriente Medio sí se dejará notar con mucha fuerza en su cesta de la compra. La inflación repuntará hasta el 1,3% en 2026. Para 2027, los precios en China se relajarán ligeramente hasta el 1,1%.
El polvorín de Oriente Medio
Las estimaciones de la OCDE están profundamente marcadas por la inestabilidad geopolítica a pesar de que el organismo ha mantenido su previsión de crecimiento mundial en el 2,9% para 2026.
La institución reconoce que la economía global venía mostrando una gran resistencia gracias a la inteligencia artificial y al fuerte comercio, pero alerta de que la evolución del conflicto en Oriente Medio está poniendo a prueba esta resiliencia.
El bloqueo de rutas clave como el estrecho de Ormuz ha desbaratado los flujos mundiales y ha generado un fuerte aumento en los precios del petróleo, el gas natural y los fertilizantes.
La OCDE advierte de que si este shock en las materias primas se prolonga tendrá consecuencias aún más adversas para el crecimiento y encarecerá drásticamente la factura de hogares y empresas en todo el mundo.














