LLAMADAS COMERCIALES | Un pozo de llamadas basura

La organización no gubernamental de médicos que trabajan en zonas de guerra con la que colaboro me llama recurrentemente para que aumente mi aportación anual. Hace dos décadas que les apoyo y he actualizado el desembolso en lo que me permite mi economía. Unos años atrás tuve una larga y tensa conversación con una comercial que acabó en ultimátum: yo tengo vuestra dirección y si me toca la lotería seréis los primeros en saberlo, pero si me volvéis a contactar me daré de baja. Me aseguró que iba a poner un asterisco junto a mi nombre, con el aviso de no molestar, mas no. Lo siguen haciendo, este año también. Una docena de llamadas colgadas y en la undécima otro intercambio de pareceres hostil y estresante. Yo no me quiero pelear con gente que va a ayudar a sitios bombardeados por gentuzas sin escrúpulos, que asisten partos en tiendas de campaña con un frío de perros y sacan adelante a niños desnutridos. Les respeto y les admiro. Me siento mala persona por no disponer de más dinero, pero sobre todo por odiar a los teleoperadores que dicen representarles. Para mí, una llamada indeseada es tan invasiva si la hacen ellos como si procede de una empresa de telefonía o de una energética trucha.

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