«La primera vez que me engañes, será culpa tuya; la segunda vez, la culpa será mía”
Proverbio árabe
«Yo diría que él [James D. Vance, vicepresidente] es filosóficamente un poco diferente a mí. Creo que quizá es menos entusiasta sobre ir [a la guerra de Irán], pero es entusiasta. Creo que es algo que teníamos que hacer, sentí que no teníamos opción. Si no lo hubiéramos hecho, nos lo hubieran hecho a nosotros. Sentí que con base en las negociaciones que mantuvo Steve Witkoff, Jared Kushner, Marco [Rubio] y Pete [Hegseth] y todos pensé que ellos [Irán] querían aprovecharse de nosotros antes de atacar…», dijo el presidente de EEUU, Donald J. Trump, el pasado 9 de marzo, 10 días después de que él y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, -o Netanyahu y él- iniciaran la guerra de Irán el 28 de febrero de 2025.
El pasado sábado, día 21, después del intercambio de ataques entre Israel e Irán a los reactores nucleares respectivos en Natanz (centro de Irán) y Dimona (Sur de Israel), Trump amenazó con bombardear el sistema de electrificación de Irán en 48 horas si Irán no abría a la navegación el estrecho de Ormuz en el golfo Pérsico. Trump temía una reacción negativa, un caos, según información que circuló en Wall Street, de los mercados financieros y la cotización del petróleo, el lunes 23 de marzo.
Pero el lunes 23 dio un giro copernicano -con muchos de sus amigos apostando a la bolsa que se ha convertido esta guerra con información privilegiada- y dijo que había mantenido «muy buenas y productivas conversaciones sobre una completa y total resolución de nuestras hostilidades en Oriente Próximo» por lo que había dado instrucciones de suspender durante cinco días «los ataques militares contra plantas de electricidad e infraestructura de energía por un periodo de cinco días, en función al éxito de las reuniones en curso…»
Sea porque su estado mayor militar le explicó que el apocalipsis no podía desencadenarse en 48 horas, sea porque había anunciado impulsivamente una operación en pánico por un caos en los mercados y le advirtieron de que era peor el remedio que la enfermedad, Trump se inventó una mentira «piadosa». Los iraníes desmintieron la existencia de conversaciones y denunciaron la marcha atrás como una mentira de Trump para engañar a los mercados.
Entre las mentiras, hasta se inventaron que tenían un interlocutor. Vamos que habían encontrado un personaje que podría hacer de Delcy Rodríguez, la vicepresidenta del Gobierno Nicolás Maduro que facilitó la operación de cambio de Gobierno en Venezuela tras el ataque norteamericano del 3 de enero de 2026, el secuestro de Maduro y de su esposa, y el nombramiento de Rodríguez como la presidenta encargada de Venezuela.
Ahora el personaje era el presidente del parlamento iraní Mohamed Bagher Qalibaf. El piloto de 64 años y excomandante de la Guardia Revolucionaria.
La realidad: los hombres de Trump, su yerno Jared Kushner y su amigo multimillonario Steve Witkoff enviaron mensajes a Qalibaf invitándole a mantener una reunión.
Qalibaf ha desmentido públicamente el enredo.
Lo cierto es que el montaje de Trump consiste en utilizar las gestiones que varios países están realizando para buscar una salida a la guerra, entre ellos Pakistán, para subirse al caballo. Y, al menos, abrir una expectativa durante varios días en los que la guerra ha continuado como antes de la amenaza del bombardeo de las centrales eléctricas. El Pentágono, al tiempo, ha enviado a Oriente Próximo fuerzas, unos 1.000 soldados, de la 82 Unidad Aerotransportada, paracaidistas, y de infantería de la Unidad 101.
Pero Irán, después de denunciar las mentiras (Trump está negociando con Trump), decidió poner a prueba al presidente norteamericano:
«Si las negociaciones van a tener algún resultado, es el vicepresidente J.D. Vance el que debe participar. Con Witkoff y Kushner no se conseguirá nada”, hicieron saber los iraníes.
Witkoff y Kushner -el lobi israelí que rodea a Trump– hicieron abortar las negociaciones que en junio de 2025 condujeron a la guerra de 12 días. Y ambos estaban en Ginebra el jueves 26 cuando los mediadores del Sultanato de Omán y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) habían puesto por escrito las bases de un acuerdo que el ministro de Asuntos Exteriores Badr Al-Busaidi se apresuró a hacer público y que pasó prácticamente inadvertido, porque Witkoff, Kushner, Netanyahu y Trump formaron la banda de los cuatro que provocó la guerra. Por tanto, los iraníes están aplicando el proverbio árabe.
Trump ha aceptado la condición de Irán. Fuera Witkoff y Kushner.
Vance no se ha pronunciado públicamente sobre la guerra pero siempre ha expresado su discrepancia con una política exterior guerrera.
Pocos días después de que Trump dijera que era «menos entusiasta» que él, Vance fue preguntado por su posición en las reuniones de gabinete de la Casa Blanca.
«Lamento decepcionarlos, pero no voy a presentarme aquí y, delante de Dios y de todos los demás, y decirles exactamente lo que dije en esa sala clasificada», declaró a los periodistas en Carolina del Norte. «En parte porque no quiero ir a prisión, y en parte porque creo que es importante que el presidente de Estados Unidos pueda hablar con sus asesores sin que estos filtren información a los medios estadounidenses».
Trump ha aceptado, pues, la condición de Irán, lo que es como aceptar que va perdiendo la guerra. Eso sí, su secretario de Guerra, Pete Hegseth, aclaró: «Negociamos con bombas».
¿Saldrá algo de la reunión del fin de semana entre Vance y los iraníes en Islamabad, capital de Pakistán? En todo caso, es de esperar que Netanyahu ponga en la mirilla al posible interlocutor de Vance y apriete el gatillo.
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