Dieron las 12 de la noche y en vez de campanadas, un estruendo se apoderó del cielo ovetense. El elemento sorpresa hizo que muchos se sobresaltaran a media noche y se asomaran, curiosos, a ventanas y balcones. En lo alto de Oviedo, y fruto de 25 puntos diferentes de salida, un sinfín de fuegos artificiales, ruidosos y coloridos, como si San Mateo se hubiera mudado al 26 de marzo. Había motivos para la exaltación: el Real Oviedo cumple 100 años.
El día del Centenario empezó a lo grande en la capital del Principado. Los puntos más emblemáticos de la ciudad, como la calle Uría o la Catedral, se vieron sorprendidos con el lanzamiento de nada menos que 3.000 fuegos artificiales para conmemorar un día histórico: la luz de un siglo de azul.
La medida ha sido impulsada por sus propios aficionados, en otro claro ejemplo de la importancia que tienen los seguidores en todos los momentos de la historia carbayona. En esta ocasión fue el Fondo Norte el que encabezó la idea más original de las que se ha visto en los últimos meses de festejos progresivos.
Desde 25 puntos estratégicos de la ciudad se lanzaron los fuegos artificiales al cielo de la capital del Principado. Además de los mencionados, zonas como el Calatrava, Ciudad Naranco, La Losa o la plaza Longoria Carbajal estuvieron iluminadas a las doce en punto. Y, por supuesto, también la casa de todos los oviedistas: el Carlos Tartiere.
Esta iniciativa surge con la idea de hacer algo distinto por el centenario azul y ha sido sufragada en su totalidad por el grupo de animación, que ha gastado unos 3.000 euros y movilizado a cerca de 100 personas para realizar los miles de disparos. El día grande del oviedismo, aquel en el que se soplan las 100 velas, empezó con una sorpresa colorida y estruondosa. Y a iniciativa de su gente, algo que no es ninguna novedad.















