En una laguna que lucha por recuperarse, cada avance científico cuenta. Por eso, la desaparición de una línea experimental de cultivo de ostras en el Mar Menor no es solo un robo: es un golpe directo a años de investigación, a la restauración ambiental y a la esperanza de devolver el equilibrio a este ecosistema único.
La mañana del pasado miércoles, el equipo del proyecto RemediOS acudía a realizar un muestreo rutinario en aguas del norte de la isla del Barón. Lo que encontraron fue, en palabras de la investigadora del IEO, Marina Albentosa, «inexplicable». «No estaba la línea. Solamente quedaban dos boyas», relata. La estructura, de unos 25 metros de longitud, había desaparecido por completo: ni rastro de los flotadores, ni de los cestos, ni de las ostras que colgaban de ella. La escena no dejaba lugar a dudas. «El cabo está cortado. Entendemos que es un acto voluntario, no un accidente», explica Albentosa. La línea había sido literalmente arrancada del agua.
El desconcierto es aún mayor por la aparente falta de motivación económica. «No tiene ningún tipo de valor. La infraestructura es plástico, no se puede vender», subraya la investigadora. Ni pescadores ni profesionales del sector encuentran utilidad a este material. Tampoco las ostras sustraídas —cerca de mil ejemplares adultos— pueden comercializarse. «No tienen control sanitario. Es imposible introducirlas en el mercado», insiste. Esto abre la puerta a otras hipótesis, desde el vandalismo hasta la interferencia deliberada en el proyecto, aunque Albentosa evita especular: «Cualquier interpretación ahora mismo sería precipitada».
Línea de cultivo cortada del proyecto remediOS-2 en el Mar Menor. / IEO
Más allá del robo material, el verdadero impacto es científico. Las ostras desaparecidas no eran simples ejemplares: eran el resultado de años de trabajo. «Eran ostras de casi cuatro años, la base de estudios clave sobre resistencia al calor», explica Albentosa. El objetivo era identificar ejemplares capaces de soportar temperaturas extremas, un factor crucial en el contexto del cambio climático. «Se pierde todo ese trabajo. Cuatro años», lamenta la investigadora, que recuerda que el experimento, iniciado en 2022 dentro del proyecto RemediOS, buscaba seleccionar ostras más resistentes para su futura reproducción. Una línea de investigación que ahora queda truncada.
Un golpe al proyecto RemediOS-2
El incidente afecta directamente a RemediOS-2, una iniciativa coordinada por el Instituto Español de Oceanografía que apuesta por la ostra plana (Ostrea edulis) como aliada para restaurar el Mar Menor. Estas ostras actúan como filtros naturales, ayudando a reducir nutrientes como el nitrógeno y el fósforo responsables de la eutrofización. Las líneas de cultivo robadas formaban parte de los ensayos piloto para medir precisamente esa capacidad de limpieza. «Tendremos que reconducir el proyecto. Esa parte está perdida», reconoce Albentosa.

Estructuras flotantes para las líneas de cultivo de ostras en el Mar Menor. / IEO
El robo también pone de relieve la vulnerabilidad de este tipo de investigaciones en mar abierto. «No tenemos sistemas de vigilancia. Son proyectos con financiación muy ajustada», explica la investigadora. La pérdida material —estimada en unos 7.000 u 8.000 euros— es casi anecdótica frente al valor científico de lo sustraído. Pero el golpe psicológico es profundo: «Genera una inseguridad tremenda. Si no podemos hacer experimentos en el mar, ¿cómo avanzamos?».
Ante la falta de pistas, el equipo ha denunciado los hechos a la Guardia Civil y ha decidido hacerlos públicos con la esperanza de obtener información. Existe una remota posibilidad: que las ostras sigan vivas en algún punto, sumergidas. «Si alguien las tiene y pudiera devolverlas, al menos podríamos recuperar parte del trabajo», apunta Albentosa. Por improbable que parezca, es la única vía para rescatar algo de un proyecto que hoy queda seriamente dañado.













