La operación se ha llevado con absoluto hermetismo. Nadie sabía nada sobre esta pérdida: ni en la Consejería de Cultura, ni el Museo de Bellas Artes, ni entre expertos en arte y patrimonio de Sevilla, siempre al tanto de los manejos en el mundo del arte: compras, ventas, subastas, restauraciones, préstamos… La salida del Cristo en la Cruz del Greco, ejecutado en 1590, hasta ahora propiedad del marqués de la Motilla, con destino a la colección Casacuberta-Marsans, en Barcelona, es una de las operaciones en materia de compraventa de arte más grandes de los últimos años en Sevilla y que ha pillado por sorpresa a todos.
Tanto como para que, a día de hoy, Sevilla no tenga margen de maniobra alguno para retener esta obra en la capital andaluza, donde la pinacoteca sevillana custodia otra pieza del maestro cretense: el retrato de Jorge Manuel, único hijo que Domenikos Theotocopulos, arquitecto, escultor y pintor como su padre.
De hecho, según ha publicado este lunes La Vanguardia, el cuadro ya lleva tiempo en Barcelona, aunque oficialmente no hay información desde cuándo. Desde este miércoles, se podrá disfrutar en público de esta obra en uno de los lugares nobles de la sede de Casacuberta-Marsans: lucirá en el ábside de la Iglesia del antiguo hospital de St. Saver, dentro de la renovada presentación de la colección, junto a diversas obras que evocan el momento de redescubrimiento de El Greco por parte de los modernistas catalanes y otras figuras españolas que quedaron fascinadas por el talento del cretense, como Gutiérrez Solana o Ignacio Zuloaga. Si algo caracteriza a estos coleccionistas, según expertos consultados por este medio, es el mimo y la coherencia con el que cuidan el diálogo entre obras de distintas épocas.
Desde este miércoles, se podrá disfrutar en público de esta obra en uno de los lugares nobles de la sede de Casacuberta-Marsans: lucirá en el ábside de la Iglesia del antiguo hospital de St. Saver
Sevilla pierde así una de sus joyas más silenciosas. No la más conocida, desde luego, pero sí una de las más singulares. Porque este Cristo en la Cruz o Cristo crucificado (178 x104 cm) y considerado por la crítica especializada una obra autógrafa, sin intervención del taller, era una rareza doble: por su calidad y por su invisibilidad.
Apenas vista en público, casi secreta incluso para buena parte del mundo cultural sevillano, la tela había permanecido durante años al resguardo de la intimidad del palacio del marqués de la Motilla. Su procedencia se remonta a la colección del II conde del Águila, don Miguel de Espinosa Maldonado Saavedra y Tello de Guzmán, y llegó a Miguel Solís, último propietario por herencia familiar. Hasta ahora, que sale del circuito familiar.
Casi secreta incluso para buena parte del mundo cultural sevillano, la tela había permanecido durante años al resguardo de la intimidad del palacio del marqués de la Motilla
Su última aparición relevante fue en el Hospital de Los Venerales, entonces sede del Centro Velázquez de la Fundación Focus -ya cuando pasó a ser Fundación Focus Loyola tras el colapso de Abengoa-, en marzo de 2023, donde se exhibió temporalmente y permitió comprobar que no se trataba de una pieza menor ni de un Greco secundario, sino de una obra mayor, de una intensidad espiritual y una factura extraordinarias. Justo antes se había expuesto en Budapest. Según los registros, la vez anterior que salió del palacio sevillano, donde era la joya de la colección privada del marqués, fue en 2014 con motivo de la gran exposición en Toledo por el Año Greco.
El cuadro apenas se ha visto en público: en 2014 en Toledo en el Año Greco, en una exposición en 2013 en Budapest y justo después el Los Venerables, sede entonces de la Fundación Focus Loyola
Hay que felicitar, por tanto, a los barceloneses y a quienes visiten la colección Casacuberta-Marsans. Podrán admirar una pintura apenas apreciada en Sevilla, donde nunca terminó de ocupar el lugar que merecía en el relato patrimonial de la ciudad. La colección catalana, de altísimo nivel, gana una obra excepcional. Sevilla, en cambio, pierde una pieza que no era solo de un propietario privado: formaba también parte, aunque de modo no oficial, de su paisaje cultural, de ese patrimonio sentimental que una ciudad reconoce como propio aunque no figure en sus inventarios públicos.
La Junta no incoó declaración BIC ni recibió petición
Y ahí está precisamente una de las claves más incómodas de este episodio. La Junta de Andalucía, a través de las fuentes de la Consejería de Cultura, confirma que el lienzo no estaba declarado Bien de Interés Cultural (BIC). Tampoco lo estaba el palacio de la Motilla, edificio singular ejecutado en las primeras décadas del siglo XX y que se vendió en 2022, en una de las operaciones más comentadas y relativas a una las grandes familias aristocráticas de Sevilla. El nuevo dueño es el empresario Mario López Magdaleno, propietario de sociedades de ingeniería y tecnológicas como Magtel, Explotaciones Mineras del Andévalo o Tharsis Mining.
El Crucificado de El Greco / Fundación Focus Loyola
«El lienzo no está declarado BIC. Tampoco el palacio que fue propiedad del marqués de la Motilla. Andalucía solo puede declarar BIC bienes que estén dentro su territorio. Al no estar protegido como BIC, no existe derecho de tanteo. Tampoco ha llegado a la Administración autonómica ningún ofrecimiento para su adquisición», argumentan desde la Consejería de Cultura. Y añaden: «No se ha recibido ninguna solicitud para la declaración BIC, como ocurrió por ejemplo con el San Pedro en lágrimas de Murillo»
Al no existir esa protección, la Junta carecía de derecho de tanteo sobre la operación y, además, no recibió ofrecimiento alguno para adquirir la obra. La explicación jurídica es impecable. La lectura política y patrimonial, bastante menos.
Cuando la Junta es proactiva: la declaración BIC del San Pedro en lágrimas de Murillo
La comparación con el caso del San Pedro en lágrimas de Murillo resulta inevitable. Entonces sí hubo proactividad institucional. La Junta movió ficha y declaró BIC la pintura previa solicitud expresa del catedrático de Historia del Arte, Benito Navarrete, una especie en extición: un espíritu incansable por la salvaguarda del patrimonio sevillano.
Con la declaración BIC, la Junta blindó un bien que consideró estratégico para el patrimonio andaluz. En el caso de este Greco, no hay ni declaración, ni tutela reforzada, ni una estrategia visible para anticipar un desenlace que hoy se presenta como consumado. Sevilla asiste a la pérdida de una obra maestra con la resignación burocrática de quien descubre demasiado tarde que el patrimonio también se va por omisión.
Porque no se trata solo de que el cuadro salga de un domicilio privado para entrar en otro circuito privado, aunque más accesible, dado el ejercicio a lo largo del tiempo de consolidación, ampliación y expuesta a visita pública de estos coleccionistas catalanes. Se trata de que Sevilla pierde uno de los escasísimos grecos que conservaba. Y no uno cualquiera: este Cristo en la Cruz presenta una iconografía del instante previo a la muerte, el momento suspendido antes del último aliento. A los pies de la cruz aparecen las tibias y las calaveras de Adán y Eva, y el rótulo del INRI está escrito con claridad en hebreo, griego y latín.
El Greco, una rareza en manos privadas
Tampoco ayuda a rebajar el alcance de la noticia el hecho de que apenas queden grecos en manos privadas. Esa es la clave de su elevadísimo valor. Ninguna fuente consultada se atreve a poner una cifra exacta a la operación, pero todas coinciden en una certeza: difícilmente baja del millón de euros. «¿Tres, cuatro, cinco?», se preguntan en voz alta algunos conocedores del mercado. Es imposible saberlo por ahora. Lo que sí parece claro es que el precio responde no solo a la calidad intrínseca del lienzo, sino a su excepcionalidad en el mercado: cuando aparece un Greco autógrafo de esta categoría, aparece muy pocas veces.
La venta del palacio de la Motilla ya había causado revuelo en Sevilla. Ahora se confirma que aquella operación inmobiliaria traía consigo una consecuencia cultural de mucho mayor calado. No solo cambia de manos un edificio singular en el corazón de la ciudad: también se desmonta, pieza a pieza, o eso parece por estos movimientos, un universo patrimonial vinculado a una de las casas nobiliarias de la ciudad. Y entre todas esas piezas, ninguna tan valiosa ni tan simbólica como esta obra del Greco. Barcelona gana. Sevilla pierde.















