A la presa de la Sorrueda le faltaba ayer por la tarde solo 0,80 metros para el reboso. Aun así, el embalse ha recuperado tras las lluvias de la borrasca Therese la icónica imagen que ha servido de postal en campañas de promoción de Gran Canaria con su peñón en medio. Hacía 16 años que no tenía un registro hídrico igual.
La presa se alimenta del agua que viene del Barranco del Negro, Máguez, Agualatente, La Culata y Risco Blanco. Llega a Rosiana y se canaliza en el barranco de Tirajana hacia el embalse. Juan Morales, ranchero de la Comunidad de Regantes Aldea Blanca-Sardina del Sur, explicó que ayer por la mañana entraban cinco metros cúbicos por segundo y daba tranquilidad a la población porque el aliviadero de la presa tiene una capacidad de aguante de 500 metros cúbicos por segundo. «Eso ofrece mucha seguridad ala hora de desaguar», señaló. «El agua recogida nos da para cuatro años, aproximadamente», subrayó. El agua aún estaba revuelta y de color marrón, pero a medida que se vaya posando la tierra irá recuperando la claridad hasta ofrecer de nuevo esa postal que regala en las medianías de Santa Lucía de Tirajana.
Carmelo, María y Cristian no aguantaron las ganas de disfrutar del paisaje de La Sorrueda. «Estamos muy sorprendidos porque otras veces que ha llovido no lo ha hecho de esta forma. Ha sido algo asombroso», afirmó Carmelo. La familia vivía el aguacero con doble alegría. Por un lado, ver de nuevo la presa llena, y por otro, comprobar que el «cachito de tierra» que tienen en la zona alta del municipio apenas había afectado a su casa. Era la primera vez q ue Cristian, el más joven, disfrutaba de la visión de ver caer el agua desde los altos riscales que venían desde la zona de Amurga. «Me recuerda a Madeira», dijo, al tiempo que María aún estaba asombrada por la cantidad de agua que bajaba por el cauce de Rosiana.
Pino y Santiago no dudaron en visitar la presa de La Sorrueda y el espectáculo de volverla a ver llena. / ANDRÉS CRUZ
Para la familia «esta imagen de la presa llena era algo perdido», y subrayaron que el mal tiempo cuando viene del norte «es frío y con chubascos, mientras que las tormentas que vienen del sur, aunque son más fuertes y pueden provocar destrozos, son las que traen el agua que recoger».
Pino y Santiago también pasaron por La Sorrueda para ver el espectáculo. Ella recordaba caminar por el fondo de la presa hasta llegar casi hasta el peñón, que ahora vuelve a flotar en medio del agua recogida. «Está todo precioso. Parece que estamos en otra isla», decía la pareja que no tenía en su día libre un destino fijo, solo disfrutar de la visión que daban las cascadas y caideros que regalaba la ruta por el sur hasta las cumbres.
Carretera de Temisas cortada
Una de las incidencias importantes que se registró ayer en el sureste tras las fuertes lluvias de la noche del domingo fue el corte de la carretera GC-550, que une Temisas con Santa Lucía de Tirajana.
Operarios del Cabildo detectaron cuando iban a realizar labores de limpieza un enorme socavón que dejaba el asfalto casi en el aire. Testigos del pueblo afirmaron que el último vehículo en pasar fue una guagua. «Imagínese que se hubiera hundido cuando pasaba. No hubiese quedado nadie vivo», señalaron por la profundidad del cauce del barranco que hay en esa zona. La situación ya se repitió en 2015 también por las intensas lluvias. Las obras para reabrir la carretera tardarán como mínimo un mes por la complejidad de los trabajos para reforzar la estructura dañada.
Otras de las vías que se encontraban ayer cerradas al tráfico era el cruce que va a Tejeda desde Ayacata y desde Ayacata a la presa de Las Niñas. Esta última también incluía el paso de ciclistas. Aun así, había turistas en sus vehículos de alquiler que se aventuraban a entrar, sabiendo que la señal de prohibido tiene la misma validez en la cumbre de Gran Canaria que en sus países de origen. Lo mismo ocurría con las cintas que delimitaban el acceso a la base de cascadas. Pasaban por debajo de ellas, desconociendo el peligro que suponía los desprendimientos en esas zonas donde cae agua desde una altura considerable. El postureo podía más la seguridad personal.
Otras las consecuencias de las últimas lluvias estaban en la zona de costa del los municipios de San Bartolomé de Tirajana y de Mogán. La corriente de agua que bajaba por el barranco de Maspalomas provocó que la charca se desbordara y que cortara el paso desde el faro hacia las dunas, dividendo la playa el dos. Los que querían pasar al otro lado tuvieron que rodear la charca hasta los puentes, mientras que otros hacían caso omiso de la bandera roja que ondeaba ante sus ojos y de las explicaciones que proporcionaban a viva voz los socorristas de la Cruz Roja que prestaban servicio a pie de la charca y de la playa.
Convoy de vehículos
También en San Bartolomé, el agua se abrió camino hasta la playa por los barrancos de El Toro y Joselito. La arena en Joselito, en San Agustín, la zona donde se celebra el Festival de Soul de Maspalomas, registraba un grieta en la arena, junto a la costa, de un metro de altura, mostrando un gran canal natural por donde corría toda el agua caída.
El alcalde Marco Aurelio informó que casi todas las presas de las cuencas del municipio se habían llenado, y en la tarde de ayer estaban centrados en la población de Arteara, pidiendo a los dueños de los vehículos precaución por si volvía a llover durante la noche, a la vez que pedía a la climatología «un respiro» después de días de intensas lluvias e incidencias.
En el barranco de Arguineguín, que divide los municipios de Mogán y San Bartolomé de Tirajana, a la altura de Las Crucitas, el agua aún seguía corriendo con fuerza. Ayer, desde las 12.00 horas, se organizaba un convoy para acceder a barrios como El Sao, Las Filipinas, Vento y El Caidero. La vía se cerró desde el viernes porque había tramos de la calzada que se solapaban con el barranco. Además, las primeras lluvias arrastraron material vegetal y piedras, convirtiéndose en un peligro circular por ella, dejando a cientos de personas residentes de esos pequeños pagos incomunicados.
La Guardia Civil y las policías locales de ambos ayuntamientos organizaron el convoy de una veintena de vehículos a los que acompañaban. Cada vez que se juntaban en caravana subían, una vez que los vehículos de arriba llegaban de nuevo a esa zona. La alcaldesa Onalia Bueno y el concejal de Seguridad y Emergencias de San Bartolomé, José Carlos Álamo, a pie de cruce, se coordinaron con los cuerpos policiales, a los que se sumaron los días anteriores los bomberos.
Mario Suárez era uno de los vecinos que formaban parte del convoy para subir a El Horno. El viernes se quedó trancado y reconocía que vivió con inquietud las fuertes lluvias. «Cuando hay tanta agua piensas lo peor, que entre el agua con fuerza a la casa, pero no pasó nada de eso». Ayer subió a atender a los animales y volvió a bajar «no sea que me quede incomunicado de nuevo».
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