Las elecciones andaluzas ya tienen fecha: el 17 de mayo. Un poco antes de lo que esperaban sus rivales políticos, que trabajaban con el horizonte de finales de ese mismo mes. Juanma Moreno ha convocado los comicios andaluces que cerrarán el círculo del ciclo electoral abierto con Extremadura, Aragón, Castilla y León y al que Andalucía, salvo sorpresa, pondrá el broche en 54 días. Luego tocarán municipales (mayo de 2027) y generales (julio de 2027) si es que Pedro Sánchez decide agotar y no adelanta, pero eso ya es otra película. O al menos, otro capítulo
Las andaluzas, con más de 8,7 millones de población, no son cualquier cosa. Lo que ocurra decantará de forma definitiva el relato electoral sobre cómo está el tablero político nacional. El reto del PP es mantener la mayoría absoluta que de forma holgada obtuvo en 2022. Juanma Moreno necesita ganar con holgura y no depender de Vox, que se lo piensa poner muy difícil. Quien diga que llega a la cita con ansiedad, desconoce cómo de hábil es Moreno en el manejo de los tiempos y lo que le gustan los sondeos demoscópicos. Si ha convocado ese domingo es porque tiene encuestas que le dicen que puede revalidar. Que está cerca. Podía decidir y ha jugado, seguro, su mejor carta. Hace pocos días en su equipo decían que estaban «a un punto» de revalidar la absoluta.
Con la amenaza de Vox
Santiago Abascal le tiene ganas a Juanma Moreno y el presidente andaluz aborrece a la extrema derecha. Esa mezcla de PP y Vox en estos momentos en Andalucía es inviable, aunque en 2018 se entendieron a la perfección para desalojar al PSOE del poder de la mano de Cs. Las andaluzas se convocan sin que Vox y PP hayan conseguido cerrar ninguno de los gobiernos que dependen de sus alianzas en las autonomías que aguardan un acuerdo tras sus elecciones. En Andalucía, Abascal aún no ha confirmado si su candidato será su portavoz parlamentario, Manuel Gavira. Saben que da igual porque el tirón lo pone el presidente nacional. El PP confía en que las urnas andaluzas pinchen los que dicen las encuestas, que dan a Vox una subida importante. La llamada a que Andalucía necesita más que nunca estabilidad lleva tiempo en boca de Juanma Moreno.
El PSOE, con María Jesús Montero al frente, necesita perder con dignidad porque un hundimiento electoral liquidaría políticamente a Pedro Sánchez. Los socialistas se asoman al precipicio electoral con vértigo pero con el convencimiento de que puedan movilizar a sus electores como ocurrió en las últimas generales, cuando reunieron muchos más votos que en las andaluzas anteriores. Por su parte, las izquierdas siguen metidas en su propia batalla, con tres papeletas a la izquierda del PSOE (Por Andalucía, Adelante Andalucía y Podemos), y sin visos de que puedan recomponerse para salvar los muebles.
Señales evidentes
No se puede hablar de adelanto electoral. Ya se sabía que iba a ser inminente. Moreno tiene cuatro presupuestos aprobados y margen de sobra para abrir las urnas, dándose el lujo de darle un pequeño susto al PSOE, que debe acelerar la crisis de su Gobierno para que Montero salga del Consejo de Ministros y pase a ser candidata andaluza a tiempo completo. Un desenlace que deja al Gobierno sin presupuestos, por cierto.
El presidente de la Junta de Andalucía admitía desde hacía ya semanas que la legislatura había llegado a su fin. El mismo día 28 de febrero, Día de Andalucía, tras la celebración institucional, confesó que la mayoría de interlocutores a los que había saludado tras el acto le pedían que diera el paso de una vez y convocara las andaluzas, que no esperara más. En ese momento había todavía un factor por despejar: Castilla y León. Superadas esas autonómicas con aliento para el PP y con un frenazo para Vox, nada aconsejaba alargar más artificialmente esta legislatura.
Frenesí de primeras piedras
Este lunes, tras dos semanas de frenesí de primeras piedras de hospitales y centros de salud, con un actividad tan descarada en los últimos días que había disparado las alarmas sobre una convocatoria inminente, Moreno compareció ante los andaluces en directo, como hizo tantas veces en pandemia, para anunciar la disolución del Parlamento. Hace apenas cinco meses, Moreno sufrió el mayor revés de toda la legislatura: la crisis de los cribados de cáncer de mama. Un episodio que afectó a más de 2.000 mujeres que fueron diagnosticadas tarde de cáncer por retrasos en sus mamografías y listas de espera colapsadas. La sanidad pública, que ya llevaba mucho tiempo dando señales de alarma, puso al barón popular contra las cuerdas. En su equipo vieron como caían en las encuestas en más de diez puntos en apenas semanas. El Gobierno andaluz, que nunca había enfrentado una crisis, reaccionó tarde y mal.
El presidente de la Junta confió la cartera de Sanidad a su hombre fuerte en el Gobierno, Antonio Sanz, y ordenó salir como fuera del hoyo. Las encuestas vuelven a sonreírle pese a la gravedad del escándalo. Después vino el accidente ferroviario de Adamuz, con 46 muertos, y un tren de borrascas que castigó a Andalucía con una dureza desconocida hasta la fecha. Moreno se reforzó con la gestión de ambos episodios. El PP empezó a darse cuenta de que esperar solo podría traer más sorpresas inesperadas. La guerra no está en el discurso de Moreno pero la incertidumbre sí está en el ambiente. En su comparecencia habló de «anticipación y de capacidad de respuesta», de «un contexto internacional incierto» por la guerra y de efectos en el precio de la gasolina, en la cesta de la compra, en la factura de la luz o en el alquiler y la hipoteca. «Ahora más que nunca se necesitan gobiernos estables y audaces”» dijo el presidente andaluz. Esa va a ser su campaña. Apunten esa palabra: estabilidad.












