El pleno del Parlament balear ha vuelto a girar este martes sobre la sanidad, pero no para buscar soluciones sino para atribuir las culpas. La consellera de Salud, Manuela García, ha optado por una estrategia conocida: desplazar el foco hacia Madrid. Frente a las críticas por el deterioro de la sanidad pública en Baleares, con las listas de espera en la sanidad pública de Baleares disparadas con más de 90.000 personas aguardando una consulta médica y 17.500 para operarse, la consellera sitúa el origen del problema y toda la culpa en la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez.
García ha intervenido con un tono combativo, incluso áspero, para rechazar lo que considera un «discurso apocalíptico» de la oposición respecto a la situación de la sanidad. A su juicio, las denuncias sobre el colapso sanitario en las islas no son más que «un burdo intento de desviar la atención» de lo que considera el verdadero problema: la crisis del sistema sanitario a nivel estatal por la huelga de médicos, que se ha prolongado durante 16 días. Este argumento se ha convertido en el eje central de su argumentación. La consellera ha utilizado cifras para defender su posición: 52.000 actos médicos cancelados, 24.069 consultas paralizadas y un impacto económico de 7,2 millones de euros. Un coste, asegura, que podría haberse destinado a reforzar plantillas, ampliar infraestructuras o invertir en tecnología sanitaria.
El mensaje de la consellera es que la culpa de todo el caos sanitario proviene de la incapacidad de gestionar del Gobierno central. «Su ruido no va a ocultar lo que está pasando en la sanidad española», ha afirmado García en varias intervenciones en las que ha evitado en todo momento asumir responsabilidades propias. La huelga, según su relato, no es consecuencia de decisiones autonómicas, sino del «gobierno más incapaz de gestionar la sanidad», en referencia al Ejecutivo central. La acusación se ha ampliado a una supuesta «doble moral» del PSOE, al que reprocha falta de diálogo con los profesionales y desinterés por los ciudadanos.
Críticas del PSOE
En su turno, la diputada socialista Patricia Gómez, exconsellera de Salud durante el Govern de Francina Armengol, ha acusado a García de llevar meses evitando dar explicaciones sobre una situación que califica de «caótica», insistiendo en que «siempre la culpa es de otro». Para la oposición, el problema no es Madrid, sino la gestión del actual Govern.
El intercambio ha elevado rápidamente el tono. Gómez ha dibujado un sistema sanitario «colapsado y saturado», con una atención primaria al límite y una falta de liderazgo evidente. En ese punto, ha introducido un elemento político que se repite desde hace días: la ausencia de la presidenta del Govern, Marga Prohens, de viaje en el Caribe. La imagen de la crisis sanitaria en las islas frente a la agenda internacional de la presidenta ha sido utilizada como símbolo de desconexión. A ello se ha sumado otra crítica de carácter interno: la gerente de Son Espases de vacaciones en plena huelga médica.
El núcleo del reproche socialista apunta a la gestión estructural. Gómez insiste en que buena parte de las infraestructuras sanitarias inauguradas o en proceso de apertura corresponden a proyectos heredados de la legislatura anterior. «Todo lo que se han encontrado viene de la legislatura pasada», ha señalado, cuestionando la capacidad del actual Ejecutivo para generar políticas propias. En ese contexto, la diputada del PSOE apela directamente a la responsabilidad política de la consellera: «Si no es capaz, si no tiene ganas o no puede, por favor dimita y haga un favor a los ciudadanos».
Por un lado se sitúa el Govern, que enmarca la crisis en un problema sistémico de ámbito estatal, amplificado por la huelga médica y la falta de gestión del Ministerio de Sanidad. Por el otro, la oposición sitúa el foco en la gestión autonómica, en la saturación asistencial y en lo que considera una falta de dirección política en un momento crítico. En medio, los datos de listas de espera disparadas, consultas retrasadas e intervenciones aplazadas. La sanidad, convertida en campo de batalla, queda atrapada entre dos discursos que compiten por imponer su marco sin asumir del todo las consecuencias.
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