Cada año, los españoles se gastan, en conjunto, unos 43,5 billones de euros en comer fuera de casa, en el denominado ‘foodservice’ o consumo inmediato que incluye desde los tradicionales bares, restaurantes y cafeterías hasta las modalidades más esporádicas como las máquinas de autoservicio o ‘vending’, la comida lista para comer que se encuentra en el supermercado u otros servicios similares. Ese ingente volumen de gasto, que se ha mantenido estable los dos últimos años, es el resultado de las más de 7.200 millones de acciones que han realizado los ciudadanos de este país para comer, beber o picar algo fuera de sus hogares.
Del dato, facilitado este lunes por Edurne Uranga, vicepresidenta del área de Foodservice en Europa para la consultora Circana, se concluye que «cada español realiza a lo largo del año una media de 152 de estos consumos inmediatos, una cifra que solo supera Italia, con 221 acciones per cápita, y algo por encima de las 142 que hacen los franceses», ha indicado Uranga en el marco de una jornada sobre ‘El consumidor de 2026 en Foodservice’ celebrada en Alimentaria Hostelco, que hasta el jueves se encuentra en la Fira de Barcelona.
Un cocinero prepara una paella en el salón Alimentaria de Barcelona, este lunes. / Jordi Otix
Eso sí, ha advertido, «aunque en España se apreció el año pasado una cierta estabilización de ese tipo de consumo, lo cierto es que, mientras en el primer semestre del año hubo incluso una ligera subida, del 0,2%, la tendencia se invirtió en la segunda parte del año, cuando se detectó una pequeña recesión del 0,1%». Con todo, en otros países europeos, el ‘foodservice’ experimentó un retroceso de hasta el 3% en el caso del Reino Unido, del 0,8% en Italia y del 0,5% en Francia, «fruto de la presión económica que están sufriendo los consumidores, sobre todo por la incertidumbre geopolítica, que les está llevando a seguir conteniendo el gasto», ha indicado Uranga. «Y es que el sentimiento generalizado es de que la crisis se ha cronificado«, ha lamentado.
El declive del servicio a domicilio
A los españoles les gusta, cuando salen fuera, comer en el interior del bar o restaurante, «es un país que consume en sala», ha subrayado la directiva de Circana, pero el segmento que más crece respecto a años pasados es el denominado ‘take away’, es decir el de quienes se llevan la comida a casa, «ya sea del mismo restaurante o del supermercado». El servicio a domicilio o ‘delivery’ vive aquí un momento complicado y cae un 7% en el número de usuarios, frente a la subida que del 9% que ha tenido en el conjunto de Europa. Uranga lo ha atribuido a las regulaciones que tiene España en este sector, y. aunque no lo ha mencionado, sí aludía las cuestiones laborales de empresas como Glovo.

Riders de la empresa Glovo trabajando cerca en los alrededores de la Sagrada Familia, Barcelona. Foto archivo / Zowy Voeten
En torno al 25% de las ocasiones de consumo inmediato, o sea, una de cada cuatro, se producen fuera del sector de la restauración, lo que significa que «la competencia ya no es el restaurante de al lado, sino todo lo que rivaliza por conseguir un espacio en el estómago del consumidor», ha proseguido la especialista en mercados de Circana. Ese consumo inmediato, además, «responde sobre todo a cuestiones sociodemográficas y encaja con públicos jóvenes».
Otra de las particularidades de los ciudadanos a la hora de salir a comer o tomar algo fuera de casa es que «el 43% de las ocasiones de consumo son para realizar la comida de mediodía o la cena, frente al 35% de la media europea». Con todo, ha destacado la experta, «es verdad que aumentan momentos que hasta ahora eran más minoritarios como el desayuno y el ‘brunch‘, que ha tenido un incremento importante».
Lo que está por venir
Las previsiones para este 2026 apuntan a un cierto cambio de tendencia. Así, mientras todo apunta a que habrá un repunte en los países europeos en los que el año pasado se frenó el consumo fuera de casa (en Italia podría crecer un 1,3% y en el Reino Unido, un 0,9%), los datos para España son bastante más moderados y señalan que si aumenta, lo hará en un 0,1%.
«Lo que sí se incrementará, y se prevé incluso un crecimiento explosivo, es el consumo fuera de la restauración tradicional», vaticina Uranga. Esto vendrá dado por un fenómeno que ya ha empezado a verse en algunos países como las cadenas de supermercados que han lanzado sus propias marcas de alimentos para llevarse a casa o las que han firmado acuerdos con restaurantes o cafeterías para vender sus productos en los lineales de la gran distribución.
Esto no implica, ha puntualizado, que los restaurantes tal y como los hemos conocido hasta ahora estén llamados a la extinción. «Podrían desaparecer aquellos que no aportan ningún valor añadido, los que se han dedicado al menú del día sin más especialización, pero los otros, los que aportan una experiencia al cliente, no tienen nada que temer», ha dicho. Y un dato más, digno de reflexión: los establecimientos que sirven comida en la barra, sin camarero o servicio de mesa, «los que antes se habían dado en llamar de ‘fast food’ ya han igualado en número de consumidores a los que mantienen ese servicio de mesa», ha concluido.
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