No es poca broma, el bar Plata anuncia que es su último año levantando la barrera en Palma, sus últimos meses preparando llonguets de jamón serrano al corte, sus últimas horas sirviendo cafés sin dos dedos de espuma en vaso de cristal.
«No somos un café de especialidad. Nuestra especialidad es servir a la ciudad y al barrio con producto de calidad, simpatía, precios ajustados y haciéndoos sentir parte de esta familia cada día”, expresan con gratitud en un texto Tolo y Alejandro Serra, padre e hijo, unas palabras que suenan a despedida y con las que anuncian que este 2026 será el último año de esta familia mallorquina en el bar Plata, que dirá adiós tras setenta primaveras al frente de este humilde establecimiento en la calle Argenteria que fue hogar para quienes se opusieron al régimen franquista y lucharon por las libertades.
Una ciudad cada vez más enfocada al turismo
“Nos quedamos con todos los momentos de alegría vividos, con todas las amistades y toda la estimación recibida”, continúa rezando el emotivo texto. “Nos sentimos orgullosos de haber perdurado 70 años en un mundo donde casi todo tiene caducidad y en una ciudad cada vez más enfocada al turismo y a la especulación, que nos expulsa poco a poco con precios abusivos y hace peligrar nuestra identidad y cultura, así como los espacios colectivos de los residentes”, señalan críticos con la deriva en la que se ha precipitado sin ninguna red de seguridad la ciudad de Palma.
No es poca broma, los Serra (tres generaciones) se despiden del bar Plata, pero anuncian que buscan sucesor. “Nos haría especial ilusión que esta historia continúe en buenas manos. Haremos todo lo posible para encontrar un relevo al frente del bar que quiera continuar con nuestro espíritu y mantenerlo como un espacio de referencia en el barrio”.
Al primer Serra que pilotó el Plata lo marcó un pasado traumático: vivió en primera persona la Guerra Civil y estuvo en un campo de concentración. Cogió el traspaso en 1956. Hizo de este espacio un refugio de tertulias y reivindicación y lucha por los derechos humanos en los años oscuros de la dictadura. El Plata fue un centro de reunión de la resistencia y la clandestinidad de izquierdas en Palma.
Lo único antiguo en la calle Argenteria
El Plata es lo único antiguo que queda en la calle Argenteria, donde las joyerías y las imprentas conformaban la industria principal de esta parte judía de Ciutat. Abrió sus puertas en 1934, en plena República. Lo llevaba otra familia. Pero era lo mismo: un local para gente humilde que necesitaba un espacio para desayunar, fer es cafetet y socializar. Cuando Joan falleció, en 1998, su hijo Tolo hubo de asumir la responsabilidad: supo en todo momento estar a la altura de este pequeño bar que es una auténtica institución para los mallorquines en el centro de Palma.
«Antes vivía gente humilde en estas calles, pero esos vecinos ya no están y los pisos se han reformado y ha venido otro tipo de gente, con más poder adquisitivo», explicaba recientemente Tolo Serra a este diario en una entrevista.
Pese a su pequeña terraza con vistas a la iglesia de Santa Eulàlia, el aspecto sencillo y austero del Plata ahuyenta al turismo. El llonguet de jamón serrano recién cortado es la única religión que se profesa en estas cuatro paredes con una pequeña barra. En palabras a esta periodista, Tolo Serra ya expresó estar «mentalmente cansado» del oficio hostelero: «Llevo desde los doce trabajando en el bar». Y vaticinó que su hijo Alejandro no iba a seguir con el negocio. La decisión la han hecho pública ahora en un bello texto. Y no es poca broma. Al fondo quedan dos mesas de mármol antiguas, las más vetustas del bar, que han echado raíces. Son como los bellasombra talados por Cort. Quizá habría que movilizarse para que se queden siempre ahí. Necesitamos referentes.
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