Hinchazón de barriga, gases, dolor abdominal, retortijones, diarrea. Ocurre de forma casi automática, entre 30 minutos y dos horas después de ingerir la leche. En niños es frecuente que aparezcan después de desayunar, ya que es cuando más cantidad de leche suelen tomar. También por la noche. La intolerancia a la lactosa es un trastorno digestivo que afecta a una parte significativa de la sociedad, incluyendo a los menores, aunque no en todos los casos es para siempre.
Los expertos hablan de una prevalencia de entre el 30% y el 50% de la población. Y va en aumento. Según afirma Eugenio Freire, cirujano general y digestivo de Centro Médico-Quirúgico de Enfermedades Digestivas (CMED), para el año 2030 se estima que más del 70% de los españoles adultos sufrirán este tipo intolerancia.
La mayoría de los intolerantes es capaz de soportar pequeñas cantidades de lácteos (especialmente quesos curados o yogures). Muchos afectados por intolerancia a la lactosa, incluidos los niños, pueden consumir cierta cantidad -hasta un vaso de leche al día- sin llegar a tener síntomas, pero otros ya tienen problemas con cantidades mínimas. ¿Qué circunstancia se da para que esto ocurra?.
El azúcar
Desde la Asociación Española de Pediatría (AEP) explican en uno de sus documentos divulgativos que «la intolerancia a la lactosa es la incapacidad para digerir bien la lactosa, el azúcar natural de la leche. Se debe a la falta de una enzima del intestino llamada lactasa. La lactosa no digerida es fermentada por la flora intestinal, produciendo gas y sustancias que vuelven las heces más ácidas y líquidas”. Un matiz importante, sobre todo en niños lactantes, “no hay que confundirla con la alergia a las proteínas de la leche de vaca, en la que el mecanismo y el componente de la leche implicados son diferentes”.
Diferentes tipos de intolerancia
Desde la AEP distinguen dos tipos de intolerancia. La primaria, frecuente en niños mayores y adultos, y la secundaria, detectada a menudo en infantes, pero que afortunadamente es pasajera. “En niños mayores y adultos es más frecuente la intolerancia primaria a la lactosa, debida a la pérdida progresiva de la lactasa intestinal después de los primeros años de vida. En regiones del mundo como Asia y África afecta a la mayoría de la gente. Europa es el continente donde es menos frecuente y aun así se encuentra en más del 20% de la población. Eso no quiere decir que todos los afectados vayan a tener síntomas, pues depende de su grado de tolerancia y de la cantidad de lactosa que consuman. Aunque la intolerancia primaria suele llamarse intolerancia a la lactosa del adulto, lo cierto es que los síntomas pueden aparecer ya a partir de los 5 años de edad o incluso antes”, se añade.
Sin embargo estaremos hablando de intolerancia secundaria si la enfermedad daña la superficie del intestino. Esto puede ocurrir en algunas gastroenteritis, con la ventaja sobre la intolerancia primaria a que ésta es algo «transitorio» que se normaliza en poco tiempo. También puede acompañar a enfermedades crónicas como la celiaquía.
¿Cómo se diagnostica?
Los expertos de la Asociación de Pediatría destacan que la fórmula más sencilla para detectar si existe intolerancia a la lactosa es suprimir la leche de la dieta entre 2 y 4 semanas, de forma que se pueda observar si los síntomas detectados por el paciente desaparecen. Después de esas jornadas sin probarla, se ofrecerá de nuevo leche para comprobar si reaparecen o no.
Si hay duda, explican, puede solicitarse una prueba médica. “Se puede hacer la prueba del hidrógeno espirado, en la que se mide la concentración de hidrógeno en el aliento (procedente de la fermentación por las bacterias intestinales) tras tomar cierta cantidad de lactosa. También se puede estudiar la acidez de las heces, midiendo el pH o los cuerpos reductores”, especifican.
Tratamiento
El tratamiento no es otro que reducir el consumo de lactosa. “El primer paso es excluir la leche y los productos elaborados principalmente con leche sin fermentar (flanes, natillas, batidos, etc.). El sustituto más parecido es la leche sin lactosa, aunque también se pueden utilizar leches de origen vegetal como la soja. Para lactantes que utilizan sucedáneos de leche materna existen fórmulas adaptadas sin lactosa”.
Si la intolerancia es leve, puntualizan desde la citada asociación, los lácteos fermentados (yogur, queso) suelen tolerarse mejor, dado que contienen poca lactosa y proporcionan bacterias capaces de digerirla. Cuando no se toleren los especialistas abogan por eliminarlas también de la dieta o utilizar yogures y quesos sin lactosa.
En caso de que sea muy fuerte, puede ser necesario eliminar por completo la lactosa de la dieta, lo que obliga a equilibrar la dieta para garantizar que existen suficientes alimentos ricos en calcio. Cabe recalcar en todo caso que la intolerancia a la lactosa no es solo a la leche, por lo que se hace imprescindible revisar la composición de productos de bollería o panadería, embutidos y los alimentos procesados, sin perder de vista que también puede encontrarse en medicamentos, sobre todo en los comprimidos.
¿Hay alguna pastilla para hacerle frente a este tipo de intolerancia? Existen suplementos de lactasa en forma de comprimidos, con la idea de administrarlos antes del consumo de alimentos con lactosa y evitar los síntomas de la intolerancia. Aún así los expertos advierten de que hay poca experiencia sobre su uso y todavía no se conoce bien su eficacia ni la dosis necesaria».













