Entre memoria histórica y debates actuales, el pasado recupera
protagonismo.
Un análisis de su impacto continuo en la política,
los derechos y la vida pública.
El 24 de marzo de 1976, la junta militar se covierte en la nueva autoridad de Argentina
tras un golpe de Estado que derrocó al Gobierno
constitucional de Isabel Perón. Comienza así una de
las etapas más oscuras de la historia argentina:
la dictadura militar.
Desde entonces, en esta fecha se conmemora en Argentina el “Día Nacional de la Memoria por la
Verdad y la
Justicia”. El 24 de marzo es una jornada para recordar a todas las personas
detenidas, desaparecidas, asesinadas y exiliadas, así como a sus
familiares. Es, además, una forma de reafirmar el “Nunca Más” a los golpes de Estado y
a la violación de los derechos humanos.
Un país al borde del colapso
El golpe de Estado de 1976, que cambió Argentina para siempre, fue
el resultado de una larga acumulación de
crisis política, violencia, polarización ideológica y colapso
económico.
En 1973, el país parecía abrir una nueva etapa.
Después de casi veinte años de exilio,
Juan Domingo Perón, el líder político más
influyente de Argentina, regresaba a su país. Desde 1955, el
peronismo había estado prohibido tras el golpe militar que lo
expulsó del poder. Pero su apoyo popular seguía intacto,
especialmente entre trabajadores y sindicatos.
En marzo de 1973 se celebraron elecciones y resultó
electo Héctor José Cámpora, candidato peronista
cercano al caudillo. Su gobierno facilitó el regreso definitivo del
líder. Sin embargo, ese regreso también dejó al descubierto una
profunda fractura dentro del movimiento peronista.
Dos corrientes convivían con tensiones crecientes: una
izquierda peronista, formada por jóvenes militantes
y organizaciones revolucionarias, y una
derecha peronista, más conservadora, vinculada a
sindicatos tradicionales, sectores del ejército y grupos
anticomunistas.
En junio de 1973, miles de personas se congregaron
cerca del aeropuerto de Buenos Aires para recibir a Perón. Por lo
que debía ser una celebración terminó en tragedia:
la masacre de Ezeiza. Grupos armados de la derecha
peronista dispararon contra militantes de izquierda. Hubo muertos y
heridos. Fue una advertencia clara de lo que estaba por venir.

Poco después, Cámpora renunció y se convocaron nuevas elecciones. En
septiembre de 1973, Perón fue
elegido presidente con una amplia mayoría,
acompañado por su esposa,
Isabel Martínez de Perón, como vicepresidenta.
Muchos vieron en su regreso una esperanza de estabilidad. Pero la
realidad fue distinta: la tensión política no dejó
de crecer.
El escenario político se volvió cada vez más violento. Guerrillas
como los
Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo
intensificaron sus secuestros, atentados y ataques. Desde la derecha, la respuesta también fue violenta.
El 1 de julio de 1974, la
muerte de Perón dejó un vacío de poder.
Isabel Martínez de Perón asumió la presidencia en
un contexto extremadamente frágil. Su gobierno, debilitado por la
falta de experiencia y autoridad, tuvo que
enfrentar crisis económicas, violencia política y una creciente
represión.

En ese contexto, ganó protagonismo
José López Rega y la
Alianza Anticomunista Argentina (Triple A),
responsable de la persecución y asesinato de opositores. Profesores,
estudiantes, periodistas: muchos fueron víctimas o se vieron
obligados al exilio.
Al mismo tiempo, el país atravesó el “Rodrigazo”,
un fuerte ajuste económico que provocó devaluación, inflación y
pérdida del poder adquisitivo. Las protestas y huelgas se
multiplicaron. El malestar social era cada vez más evidente.

El inicio de la dictadura
En la madrugada del 24 de marzo de 1976, las
Fuerzas Armadas tomaron el poder en una operación rápida, coordinada
y sin resistencia. Así comenzó el llamado “Proceso de Reorganización Nacional”.
El golpe había sido preparado durante meses por los altos mandos del
ejército, la marina y la fuerza aérea. Los comandantes
Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón
Agosti
encabezaron la primera junta militar.
Durante la noche, las fuerzas armadas se desplegaron en todo el
país. Buenos Aires amaneció ocupada por tanques, camiones y
soldados. Edificios públicos, aeropuertos y sedes sindicales
quedaron bajo control militar. El objetivo era claro:
controlar la información y evitar cualquier tipo de
reacción.
Isabel Perón fue detenida en la residencia presidencial y obligada a
abandonar el poder. Posteriormente, permaneció bajo arresto durante
años.
Pocas horas después, los militares difundieron un comunicado por
radio y televisión. Aseguraban venir a
restaurar el orden y reorganizar el país.
La población recibió la orden de permanecer en sus casas. Algunos
sintieron alivio, creyendo que el caos llegaría a su fin. Ese mismo día comenzó la censura.
Y, muy pronto, la represión.
El terrorismo de Estado
Entre 1976 y 1983, Argentina vivió un periodo
marcado por la represión sistemática. El Estado
desplegó un aparato clandestino de violencia: secuestros, torturas,
desapariciones y asesinatos.
Aunque el discurso oficial hablaba de combatir la
“subversión”, las víctimas fueron miles de
personas: estudiantes, trabajadores, periodistas, intelectuales y
sindicalistas.

Un método sistemático
Los secuestros solían ocurrir de noche. Sin orden judicial, grupos
armados irrumpían en las viviendas, detenían a las personas, las
amordazaban y las trasladaban en vehículos sin identificación.
A partir de ese momento, desaparecían. No había
registros, ni juicios, ni información para sus familias.
Los centros clandestinos
Las víctimas eran llevadas a centros clandestinos distribuidos por
todo el país. Hubo más de 600. Uno de los más
conocidos fue la ESMA, en Buenos Aires.
Allí eran interrogadas bajo tortura, aisladas del mundo exterior y
mantenidas en condiciones extremas. Muchas permanecían encapuchadas
durante meses.
Los vuelos de la muerte
Entre las prácticas más brutales del régimen estuvieron los “vuelos de la muerte”.
Los prisioneros eran sedados, subidos a aviones militares y
arrojados vivos al mar o al Río de la Plata. Décadas después, estas
prácticas fueron confirmadas por las autoridades en los juicios.
Los bebés robados
Muchas mujeres embarazadas
dieron a luz en cautiverio. Sus hijos fueron
separados de ellas y entregados a familias vinculadas al régimen.
Muchas de esas madres fueron asesinadas.
Las Abuelas de Plaza de Mayo
En 1977 comenzó una búsqueda que aún continúa. Un
grupo de mujeres empezó a reunirse en la
Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada. Eran
madres y abuelas de desaparecidos.
Así nacieron las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Cada semana
marchaban con pañuelos blancos, exigiendo saber la
verdad.
Final de la dictadura

A comienzos de los años 80, el régimen comenzó a
debilitarse. La crisis económica, la presión social
y el aislamiento internacional hicieron crecer el descontento.
Las protestas aumentaron, los sindicatos
organizaron huelgas y la oposición política comenzó a reorganizarse.
La guerra de las Malvinas en 1982, iniciada como un
intento de recuperar apoyo, terminó en derrota. Fue el golpe final
para la dictadura.
El presidente Leopoldo Galtieri fue destituido y
reemplazado por Reynaldo Bignone, encargado de
organizar la salida del poder.
El regreso de la democracia
En octubre de 1983, Argentina volvió a las urnas.
Raúl Alfonsín ganó las elecciones y asumió la
presidencia, marcando el fin de la dictadura.
Memoria y justicia

El nuevo gobierno impulsó la investigación de los crímenes. Se creó
la CONADEP y se publicó el informe “Nunca Más”, que documentó miles de
casos.
En 1985 se celebró el histórico
Juicio a las Juntas. Argentina se convirtió en uno
de los primeros países en juzgar a los responsables de una
dictadura.

Casi 50 años después del golpe de Estado, Argentina ha construido
una política pública basada en
memoria, verdad y justicia.
Sin embargo, desde la llegada al poder de
Javier Milei en diciembre de 2023,
estas políticas han sufrido
recortes significativos.
Uno de los cambios más importantes se ha visto dio en la financiación. El
presupuesto del Museo Sitio de Memoria ESMA cayó un 88% en
términos reales en 2024. El programa de
“puesta en valor de sitios de memoria” cayó un 92,2%. En cifras, la
ESMA pasó de
29,1 millones a 10,3 millones de pesos; los
sitios de memoria, de
19,4 millones a 4,8 millones; y para
2025 ambas partidas aparecen con
presupuesto cero. Además, se produjeron más de
800 despidos en la Secretaría de Derechos Humanos
en 2024.
Los recortes no son solo económicos: también afectan a las
instituciones. En 2025 cerró el
Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Hubo
despidos de investigadores y trabajadores dedicados
a la memoria histórica.
Los sitios de memoria, más de 600 en todo el país, son los escenarios donde la dictadura perpetró sus
crímenes. Hoy, los recortes
impactan directamente en la
identificación de desaparecidos, la búsqueda de bebés robados y
los juicios por crímenes de lesa humanidad.
Las Abuelas de Plaza de Mayo denuncian un “vaciamiento de las políticas de memoria”.

Metodología
Las fuentes principales con las que se ha elaborado este reportaje
visual incluyen informes institucionales y documentación histórica
sobre la dictadura argentina y la llamada “guerra sucia”, entre
ellas el informe Nunca Más de la CONADEP (1984), así como
contenidos de Encyclopaedia Britannica sobre la historia de
Argentina y el periodo represivo. También se han consultado
archivos desclasificados del National Security Archive y
documentación de organismos internacionales como Human Rights
Watch, Amnesty International y la Organización de las Naciones
Unidas, que aportan informes sobre la situación de los derechos
humanos en el país.
Asimismo, se han utilizado artículos periodísticos y plataformas
de verificación como Chequeado, junto con informaciones publicadas
por El País y RTVE, que permiten contextualizar la evolución
reciente de las políticas de memoria y derechos humanos en
Argentina.












