La mesa del estudio en su casa en las afueras de Valencia está a rebosar de libros, que llenan todas las paredes. La entrevista con José Luis Villacañas (Úbeda, 1955), profesor emérito de la Complutense, se desarrolla mientras prepara su estancia periódica en la Universidad Diego Portales de Chile. El filósofo e historiador, columnista de Prensa Ibérica, ha publicado recientemente Senderos que se bifurcan, sobre las encrucijadas de la historia y sus protagonistas, como ahora Donald Trump.
¿Entiende este mundo de hoy?
Entender ahora es ir tanteando en la niebla, pero es preciso tener hipótesis, porque cualquier hipótesis que evite el desconcierto es mejor que la pasividad. Y mi hipótesis fundamental es que Estados Unidos padece desde las Torres Gemelas un síndrome de impotencia del presidente.
¿Qué quiere decir?
Lo baso en el diagnóstico que hizo Peter Thiel, que en 2003 dijo que cualquier presidente está atado por el sistema institucional norteamericano.
Trump rompería esa impotencia. ¿Pero lo hace conscientemente o es la consecuencia azarosa de una sucesión de acontecimientos?
Trump es un diseño de ciertas élites norteamericanas que han encontrado a su hombre. Thiel en un momento determinado dice: “Necesitamos un Alejandro Magno que rompa el nudo gordiano». Buscaban un hombre que se atreviera.
José Luis Villacañas, durante la entrevista. / Francisco Calabuig
Y ese ha sido Trump, pero no el del primer mandato.
Pero el primer mandato enseña que sin ir más lejos no tendría eficacia para sus aspiraciones, que son aprovechar este momento para impedir que China en el futuro pueda lanzar un órdago directo y radical a la dominación norteamericana.
«Reglas siempre va a haber. El problema es si perdemos el derecho internacional para someternos a la regla del más fuerte»
Mantener el predominio mundial de Estados Unidos es el objetivo principal entonces.
Esta es la cuestión y la señora Von der Leyen se equivoca cuando dice que no podemos sostener un mundo de reglas. Reglas siempre va a haber. El problema es si perdemos el derecho internacional para someternos a la regla del más fuerte.
Esa dominación de Estados Unidos la tenemos desde hace tiempo, pero ahora se plantea con reglas distintas.
Yo distingo entre hegemonía y dominación. Cuando Estados Unidos era hegemónico, nosotros compartíamos los valores con él: la universalización de la democracia y los derechos humanos. Era una dominación, pero con reglas. Ahora la hay sin que compartamos las reglas.
«¿Vamos a ir a un mundo en que nos pongamos del lado del vencedor y que ese sea nuestro único valor?»
¿Y sin que los valores sean los nuestros?
Eso es. Trump está rompiendo el derecho internacional, pero también la Constitución americana. ¿Vamos a seguirle también en romper la Constitución de cada uno de nuestros países? ¿Y vamos a ir a un mundo en que nos pongamos del lado del vencedor y que ese sea nuestro único valor? ¿Va a significar que democracia es la apuesta por el vencedor?
¿Y cuál es el papel de países europeos donde el trumpismo ya se ha impuesto, como Hungría?
A quien temo es a Alemania. Sabemos quién es Orban. Sabemos hasta qué punto ha estado unificando los flujos de capital de Bannon y Putin. Y tengo la impresión de que en el futuro será muy difícil estar a la vez con Putin y Trump, cuando Putin está pasándole información a Irán. El problema es Alemania.
«Que Alemania se incline por un apoyo incondicional a Netanyahu y Trump es enormemente peligroso»
¿El problema es Alternativa por Alemania o la deriva que pueden tomar los demócratas alemanes?
El problema es que quizá por miedo a Alternativa por Alemania, pero también por una opción política clara de apoyo incondicional a Netanyahu y a Israel, las posiciones entre la CDU y Alternativa están condenadas a ir a la convergencia. Que Alemania se incline por esos escenarios es enormemente peligroso, pero creo que no perderá el sentido de los equilibrios y que el acuerdo Berlín-París no se va a romper, también por la necesidad de Le Pen de marcar distancias con Estados Unidos, lo que puede llevar a una recomposición de la derecha francesa en las próximas elecciones.
¿Que Le Pen deje de ser extrema derecha, quiere decir?
Una extrema derecha que recoge los votantes del Partido Comunista es una extrema derecha rara, pero Le Pen es fundamentalmente la representante de la grandeza francesa y como tal no puede rendirse incondicionalmente a Estados Unidos. Se ha visto también en Meloni.

Villacañas, durante la entrevista / Francisco Calabuig
¿Y podría pasar en España si Vox y Abascal tocan poder de verdad?
España es un país débil. La dependencia de Vox de los flujos de dinero de Estados Unidos y de los aliados de Trump impide que se convierta en un partido nacionalista español. Y todo lo que estamos viendo de purgas está íntimamente relacionado con esto.
¿Sería más parecido a Orban: un satélite del trumpismo?
Un satélite de la embajada norteamericana. Por eso no puede en estos momentos construir un ideario que se mantenga en continuidad con la primera emergencia de Vox y ruedan cabezas.
«Trump es un narcisista patológico funcional. Significa que va a cobrar muy caro lo que haga»
Trump es el diseño de ciertas élites americanas. En ese sentido, cuando lo vemos como un ignorante alocado, ¿nos equivocamos con esa imagen?
Sí, porque Trump es un narcisista patológico funcional. Está en condiciones de incorporar ideales de omnipotencia, pero es funcional y esto significa que se lo va a cobrar muy caro. Todo lo que hace tiene la obediencia a esas élites: inteligencia artificial, industrias militares e industrias petroleras.
¿No solo los tecnoligarcas?
Lo peculiar es que se haya unido esta punta del capitalismo, que es el tecnológico, desde el principio vinculado con la industria militar, con el capitalismo más antiguo y arcaico que es el petrolífero. Ahora, todo esto todavía tiene que pasar la prueba del check & balance.
«Es tan necesario resistir a la gran industria tecnológica como a la guerra de Irán»
Si el objetivo de Trump es que EE UU siga dominando el mundo, ¿cual es el objetivo de los tecnoligarcas que lo respaldan?
Por supuesto, ganar dinero. Pero saben que para hacerlo han de tener el dominio mundial. Si Europa va a estar en condiciones de poner límites a las redes, tienen que dominar Europa para impedir que condicione su negocio. Y si no ponemos condiciones a esta industria tecnológica, para ganar dinero va a generar un tipo humano que va a destruir todo lo que signifique mirada histórica, cultura, creatividad y libertad. Por eso es tan necesario resistir a estas tecnológicas como a la guerra de Irán o a las que nos quieran imponer. Si no resistimos, los seres humanos no tendrán criterio de nada. Son tan peligrosos porque para ganar dinero la humanidad tiene que estar corrupta completamente, de tal manera que su dominio no sea puesto en cuestión por nadie.

Villacañas muestra un facsímil del ‘De Tristitia Christi’ de Tomás Moro / Francisco Calabuig
¿Las elecciones de noviembre de medio mandato pueden dar muestra de una resistencia a esos cambios y alianzas?
Sí. La cuestión está hasta qué punto Trump está en condiciones de alterar el resultado, porque está haciendo movimientos para alterar las reglas.
¿Como cuáles?
Movimientos para que no sean los estados los que tengan la dirección del proceso electoral, lo cual es un golpe de estado constitucional. Hemos visto lo más llamativo, la resistencia de ciudades como Mineápolis, pero falta por medir la de los estados. No tiene tampoco tanto margen. Lo hemos visto en Venezuela.
«Estoy casi convencido de que con Irán va a fracasar»
¿Busca controlar, no cambios de régimen?
Efectivamente. Si en lugar del hijo de Jameneí hubieran puesto a alguien controlable, posiblemente aquí se habría acabado todo, pero Irán no es Venezuela. Por tanto, los europeos deberíamos estar imaginando un escenario B en lugar de ponernos a las órdenes de Trump, porque el escenario A de Trump yo estoy casi convencido de que con Irán va a fracasar, porque es un pueblo orgulloso, uno de los pilares de la tierra.
A los europeos nos sitúa en otro dilema: ¿es mejor una guerra fuera del derecho internacional y unilateral o el régimen opresor y tirano de los ayatolás?
Por eso tenemos que tener un escenario B, que solo puede ser diplomático. Una política diplomática que estuviera en condiciones de reclamar para los países que disponen de rutas esenciales para la humanidad, como es el caso de Irán, un estatuto de neutralidad. Sucedió con Suiza, porque las rutas no pueden ser parte de un bando y no pueden asfixiar a otros países. ¿Por qué Europa no se implica en esto que es un ideal pacifista, cosmopolita y liberal?

José Luis Villacañas. / Francisco Calabuig
¿Olvidándonos de lo que pase dentro de Irán?
No, sino a cambio de conceder ese estatuto, desmantelar los poderes radicales. Esto es, darle más poder al gobierno frente a los ayatolás y la Guardia Revolucionaria.
En su último libro explica que Trump no es algo nuevo, sino hijo del neoconservadurismo de Reagan.
Ahí estarían los orígenes, en la revolución conservadora de Ronald Reagan. Toda la religiosidad progresista se volcó en el cosmopolitismo neoliberal y dejó a las iglesias conservadoras desoladas. Es Reagan el que ofrece el escenario de una revolución conservadora con el intento de controlar la Corte Suprema y el esbozo de una política presidencialista ampliada, entre otras cosas. Pero fracasa, porque nunca logra controlar la Corte Suprema.
Y ahora vemos a Trump con su rotulador firmando órdenes ejecutivas una tras otra.
Bruce Ackerman lo llamó la decadencia de la República norteamericana y su conversión en una República imperial.
¿Ese trasfondo religioso llega hasta la foto de Trump rodeado de los pastores evangélicos tocándole?
Testimonia la base MAGA, movimiento que está inspirado en cuestiones profundamente religiosas. No estamos en condiciones de medir su unidad y su evolución en el futuro. Me atengo a una frase de Kant: la humanidad comenzará a perder su esperanza cuando una religión que se originó hace 1.800 años para la defensa de los humildes se vincule al poder estatal. Entonces, la humanidad tendrá razones para desesperar de su futuro. Para los españoles, es el escenario conocido de la dictadura y el caudillo bajo palio. La clave es esta: o reglas o cinismo.
«Lo peor que se puede decir de esta guerra es que es de aventura, de oportunidad, porque está al albur de los servicios secretos»
¿Qué efecto tiene el factor sorpresa, impredecible y contradictorio de Trump?
La indisciplina mental de Trump está acreditada. Y siempre va a ser utilizada por sus colegas, adláteres y familiares en la medida que les permite contar con información privilegiada acerca de los flujos bursátiles y de monedas virtuales. El otro día leía que la fortuna de los Trump ha crecido unos 40.000 millones de dólares en el año que lleva.
¿Las acciones en Venezuela e Irán están marcadas por la información que tenían los servicios secretos?
Ese es el error, porque estar al albur de los servicios secretos es estar al albur de la capacidad de destrucción y aventura, pero nunca de la capacidad de construcción, que se hace con movimientos diplomáticos. Es lo peor que se puede decir de esta guerra, que es de aventura, de oportunidad, que no ha definido los siguientes pasos. Cualquiera que entre en una guerra tiene que saber sobre qué va a aplicar los factores diplomáticos cuando esa guerra acabe. Y esto no se ha hecho.
«La posición de Sánchez es coherente, pero los países débiles, como España, no deberían asumir posiciones de vanguardia por cautela»
¿Pedro Sánchez puede ser un antagonista de todo este mundo trumpista?
Los países débiles, como España, no deberían asumir posiciones de vanguardia por cautela, por prudencia y por control de las consecuencias.
¿Sánchez actúa por política interna?
Y como miembro muy importante de la internacional socialdemócrata. La posición española es coherente y defendible. Pero el énfasis puede exponernos demasiado y con consecuencias no completamente deseables.

Uno de los últimos libros de Villacañas, sobre la mesa del estudio. / Francisco Calabuig
¿La democracia puede salir indemne de este golpe que supone Trump y su orden?
Él no cree en la democracia como esta élite que lo impulsa no cree en ella. Por lo tanto, la pregunta radical es si la democracia va a triunfar en Estados Unidos.
«Daría un 60-40 de probabilidades de que la democracia norteamericana pueda ganar la partida»
¿Y esa posibilidad cómo la ve?
Yo daría un 60-40 de probabilidades de que la democracia norteamericana pueda ganar la partida. Estamos hablando de una fractura del país muy profunda, pero donde los estados más dinámicos pueden estar a favor de esta victoria de la democracia.
Se ha visto también en Nueva York.
Así es. Ahora, si eso no cristaliza, si Trump logra que no sean elecciones normales, la cosa para Europa puede pintar muy fea.
«Toda la estrategia norteamericana está diseñada para un bloqueo continental de China. Toda está construida sobre imposibilitar Eurasia»
¿Y en este contexto, España ha de ir abrazando a China?
Mi actitud hacia China es de cautela. Habría mejores razones para recomponer un comercio mundial si China se autocontrolara. Nos podría llevar hacia un globalismo no claramente diseñado para el triunfo de China. Creo que toda la estrategia norteamericana está diseñada para un bloqueo continental de China. Toda está construida sobre imposibilitar Eurasia como un territorio continuo. Es lo que determina también la guerra de Ucrania. Yo, sin embargo, creo que Eurasia tiene que ser una tierra continua. No podemos tener otro telón de acero.
¿Eso qué significa?
Que tenemos que comerciar con Rusia, China e India y hacerlo equilibradamente, de tal manera que EE UU no tenga necesidad de sentirse amenazado por ello.
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