Son varios los alicientes que, de vez en cuando, convierten a la Ligue 1 en una competición atractiva. Mientras el PSG libra su batalla particular con un Lens dispuesto a plantarle cara hasta el final en la lucha por el liderato, la pelea por la Champions está más al rojo vivo que nunca.
Y el gran culpable es el Mónaco de Ansu Fati, que le dio este domingo la puntilla a un Olympique de Lyon hundido que va cayendo posiciones y alejándose del top-3. Una decadencia de la que no se libra nadie, ni siquiera un Endrick que se erigió como salvador del equipo en enero pero que volvió a quedarse seco en el octavo partido consecutivo sin victoria del OL contando todas las competiciones.
Y eso que el futbolista cedido por el Real Madrid se vistió de asistente para encarrilar el encuentro para los suyos. En una gran demostración de explosividad física, Endrick se deshizo de Wout Faes por banda izquierda y puso un centro rematado de volea por Sulc en el 1-0 local previo al descanso.
«Técnicamente titubeante»
El brasileño ya había avisado antes en un disparo detenido por Hradecky al cuarto de hora de juego y, en la segunda mitad, en otro remate con el que sí logró batir al guardameta pero que fue sacado sobre la línea de gol por un defensor. Se mostró activo, pero no lo suficiente para cerrar la victoria de su equipo. En Francia incluso definieron su actuación como «técnicamente titubeante» y le piden que sea «más decisivo».
Todo ello porque, en cuestión de diez minutos, el Mónaco le dio la vuelta la encuentro. Los del Principado llegan al tramo decisivo de la temporada convertidos en una auténtica máquina ganadora. Son ya seis victorias consecutivas en la Ligue 1 y nueve jornadas consecutivas sin conocer la derrota, hasta situarse en la quinta plaza a un solo punto del propio Lyon, clasificado en estos momentos para la fase previa de la Liga de Campeones.
Este domingo, los monegascos pusieron la ‘zona Champions’ patas arriba con una remontada épica que contó con la participación de Ansu Fati. El delantero cedido por el Barça volvió a ser suplente, entró a la hora de partido y no mojó. Pero sí se mostró muy activo siendo un quebradero de cabeza para una defensa rival muy superada y con múltiples ocasiones en las que se topó con los paradones de Greif, batido previamente por Akliouche y Balogun (1-2).












