La Liga sigue viva. El Real Madrid no bajó los brazos ante un Atlético que le complicó la vida sin poner toda la carne en el asador. La tibieza rojiblanca en el inicio de la segunda parte permitió a los blanco resucitar un partido que se les había puesto cuesta arriba. Vinícius y Valverde, los dos rostros más identificables del Madrid de Arbeloa, dieron la vuelta a un derbi lleno de emoción, de buenos goles y de tensión. Un resultado que obliga al Barcelona a no fallar, al Madrid a seguir apretando a los azulgrana y deja al Atlético pensando en lo único que tiene en la cabeza: ganar la Copa y eliminar a los de Flick en la Champions. Y ninguna de esas dos cosas tenía nada que ver con este derbi en el Bernabéu. Ganó la necesidad al deseo.
El derbi amaneció con la calculadora en la mano. Mientras el barcelonismo se teñía de rojiblanco por unas horas, hay quien advertía que al Atlético le convenía mantener al Madrid vivo en la pelea por el título para impedir al Barça que de diese el lujo de rotar en el partido de Liga que jugarán los de Flick ante los de Simeone cerca de la eliminatoria de cuartos de Champions. Sin embargo es más fácil encontrarse a Ayuso de cañas con Irene Montero que ver a un jugador del Atlético dejarse ir en en el Bernabéu.
Rotaciones y sin Mbappé
Simeone se quedó a medias en la rotación, combinando titulares y meritorios, mientras Arbeloa apostaba por su once más cholista, ese que corre más que el rival y se compromete en las dos áreas. Lo que dejaba a Mbappé para el segundo plato. Los dos técnicos regalaron kilómetros a la espalda de sus defensas, apostando de inicio por asfixiar al rival en las labores de construcción. El galgo Marcos Llorente se ocupó de Vinícius, pero fue Valverde quien hizo saltar las alarmas a los ocho minutos tras una estampida que coronó estrellando en el palo de Musso. Con Carvajal al fondo del pasillo, el uruguayo quedó liberado en ataque y se desentendió de cerrar la puerta. Thiago y Tchouameni cruzaban puños con Koke y Cardoso, mientras Griezmann y Arda manejaban el florete.
El derbi arrancó con acordes de rock’n’roll, pero con el paso de los minutos se convirtió en un pop melódico solo vitaminado por la guitarra de Valverde con una falta lejana y un centro venenoso al área de Musso. Hasta que pasada la media hora el Atlético desempolvó el manual del ‘cholismo’. Contra con Ruggeri doblando a Lookman que terminó con un centro al corazón del área de Lunin del italiano, Giuliano apareció para acariciar de tacón el balón dejando solo al nigeriano, que adelantaba a los colchoneros tiñendo la Liga de azulgrana. Conocedor Simeone de que en el once de Arbeloa había más litros de sudor que arrobas de talento, le entregó el balón y atrincheró a su gente esperando otra emboscada. El ataque del Madrid lánguido como el quejido de un bandoneón, echaba en falta una voz tenor. Un cabezazo cruzado de Tchouameni y un disparo mal blocado por Musso provocaron un respingo en la grada local. Pero cuando Munuera pitó el descanso había más incertidumbre que peligro. Más querer que poder de los de Arbeloa.
Goles de dos en dos
El segundo asaltó arrancó sin Mbappé, que, sin embargo, calentó desde muy temprano. La decoración era la misma, con el Madrid coqueteando en el área de un Atlético complaciente que amaneció demasiado aculado en su área. Tanto que en el minuto 50 una pelota cayó en los pies de Brahim, quien sacó a bailar a Hancko al que terminó desmadejando con varios amagos hasta que le compró uno y el malagueño terminó en el suelo. Penalti. Tan innecesario como ingenuo. Y empate de Vinícius. La fe blanca le acercaba de nuevo a la Liga. La misma fe que tres minutos después llevó a Valverde a perseguir una pelota en el área que Giménez despejó con tibieza, dejando a su compatriota ante Musso para batirle y remontar. El Atlético había regalado en cinco minutos todo el trabajo de la primera parte.
Entonces Cholo dejó de mirar el reloj y miró el calendario, retirando a Griezmann, Lookman y Cardoso para dar entrada a Sorloth, Nico y Molina. El Atlético se andaba recomponiendo cuando Molina agarró un balón a 30 metros de la portería de Lunin y se sacó un obús que entró por la escuadra. El segundo consecutivo después del que anotó la jornada pasada ante el Villarreal. Nahuel volvía a teñir la Liga de azulgrana. Poco duró la alegría en la ciudad condal, porque apenas cinco minutos después otra desatención defensiva atlética permitió a Vinícius recortar hacia adentro y sacar un derechazo que Musso vio pasar y uno sospecha que Oblak habría opuesto más resistencia. Mal Baena dejando que recortase hacia adentro, tarde Llorente y Giménez al llegar a la ayuda y el portero la vio pasar. Vinicius, que ha tomado la corona de Mbappé prestada en estas en las que Arbeloa ha reconstruido al equipo, volvía a echarse al Madrid a la espalda y se aferraba a la pelea por la Liga.
Y entonces Valverde, que tenía cuentas pendientes con Baena, asestó un hachazo al atlético a cinco metros de Munuera en un balón intrascendente. El árbitro no dudó un segundo en mostrarle la roja. Tan merecida como injustificada su patada. Hay algo más que la intención de recuperar un balón en la entrada del charrúa. Los blancos se quedaban con uno menos con un cuarto de hora por delante. La superioridad numérica provocó que el partido se mudase al área blanca, que vio cómo en el 80 Julián sacaba astillas del palo de Lunin cuando la parroquia visitante ya cantaba el gol. Un cabezazo de Sorloth y otro disparo lejano atajado por Lunin echaron el cierre a un derbi que pudo sentenciar la competición doméstica y no lo hizo. El Barcelona tendrá que salir con todo en el Metropolitano también en Liga.
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