Tras la muerte del ayatolá Jameneí en los primeros compases de la guerra desatada por EEUU e Israel contra Irán, su hijo Mojtaba le tomó el relevo con todo el poder político en sus manos pero también se situó al frente de un inmenso y opaco imperio económico que trasciende las fronteras del país y cuyas dimensiones se desconocen pero que varias fuentes coinciden en situar en 95.000 millones de dólares (Israel lo eleva a casi 200.000), casi una cuarta parte del PIB del país, que es de 475.000 millones de dólares, según las cifras del Banco Mundial correspondientes a 2024. Los lujosos inmuebles en Europa que en los días pasados la prensa internacional ha señalado como propiedad del nuevo guía espiritual iraní – en Mallorca, Londres, París o Toronto entre otros lugares- serían solo la punta del iceberg de un complejo entramado financiero de activos inmobiliarios y financieros por todo el mundo, diseñado con alambicadas estructuras legales que dificultan llegar hasta su titularidad real.
Tras la vida ascética y piadosa del exlíder fallecido en Teherán se escondía uno de los hombres más ricos del mundo, aunque jamás tuvo puesto en Forbes, que solo incluye fortunas privadas verificables. La de los ayatolás, construida a partir de testaferros y sociedades pantalla en paraísos fiscales, está ligada a fundaciones y organismos estatales. El llamado Setad –cuyas siglas significan Sede para la Ejecución de la Orden del Imán- es la base de la maquinaria de inversiones en casi todos los sectores estratégicos del país (petróleo, finanzas, inmobiliario, telecomunicaciones). Está controlado exclusivamente por el guía espiritual iraní y sin supervisión parlamentaria.
La Setad fue fundada por el líder de la revolución, Ruholá Jomeini, poco antes de su muerte en 1989. El objetivo era crear una entidad para gestionar y vender propiedades “abandonadas” durante los años caóticos posteriores a la Revolución Islámica de 1979 que acabó con el derrocamiento y el exilio del sah Reza Palhavi. Debía durar solo dos años y limitarse a gestionar propiedades sin dueño y destinar los ingresos a obras benéficas. Pero en las cuatro décadas de mandato de Jamenei, se transformó en un mastodonte económico al servicio exclusivo del intocable líder del país.
Investigación del 2013
Fue una exhaustiva investigación del año 2013 de la agencia Reuters titulada ‘Los activos del ayatolá’ la que destapó el funcionamiento de la Setad. Ese informe sostiene que buena parte de los bienes del organismo se lograron mediante la confiscación sistemática y venta de propiedades de ciudadanos iranís. A través de dudosos procesos judiciales, la organización habría declarado como “abandonados” bienes pertenecientes a ciudadanos de minorías religiosas perseguidas como los bahaíes, empresarios y exiliados para venderlos o exigir pagos a sus antiguos propietarios para recuperarlos. La Setad reinvertía el capital obtenido en empresas estratégicas del país.
La investigación de Reuters recoge testimonios de víctimas de estas prácticas que denuncian presiones, amenazas e incluso el pago de elevadas sumas para recuperar sus bienes. Un caso es por ejemplo el de una mujer de 82 años que perdió tres apartamentos familiares en Teherán y se exilió en Europa tras años de litigios. Una oenegé de defensa de los bahaíes estimó que hasta 2003 se confiscaron más de 2.000 casas, tiendas, huertos y otras propiedades a sus miembros en Irán, la cifra más reciente disponible. En ese momento, las propiedades tenían un valor aproximado de 10.000 millones de dólares.
Los mismos recursos del sah
Y si bien es cierto que la Setad mantenía algunas actividades filantrópicas, Reuters concluía que estas representan solo una mínima fracción de su actividad total. El informe también destaca el papel de la Setad en el fortalecimiento del poder del líder supremo, añadiendo una dimensión económica a su control político y militar. La organización atorgó a Jameneí un poder enorme, proporcionándole recursos financieros comparables a los que tenía el último sah, un régimen que, entre otras cosas, se caracterizó por el lujo y la opulencia.
Y como en el caso de la familia Palhavi, la riqueza del apellido Jameneí no se circunscribe a Irán. La familia del ayatolá dipondría de una amplia red de activos en el extranjero, operaciones inversoras que se intensificaron tras las revueltas sociales contra el régimen de los últimos años a través de un complejo entramado de sociedades pantalla, testaferros y cuentas opacas en el Reino Unido, Suiza, Liechtenstein y Emiratos Árabes Unidos. Según la agencia Bloomberg y el diario ‘Financial Times’, el imperio inmobiliario internacional de Mojtaba Jameneí ascendería a 400 millones de dólares solo en Europa, e incluiría un resort de golf en Mallorca, pisos de lujo en Londres y e inversiones en hoteles en los Alpes austriacos y en Alemania, entre otros.
Inversiones que lograron abrirse paso en los mercados internacionales pese a las sanciones que pesaban sobre Irán y que sí han tenido un fuerte impacto en la economía del país. Frente a ingente riqueza de los Jamenei, buena parte de la población sufre la inflación, el aumento del coste de la vida, el desempleo y el empobrecimiento.













