«En fin, es que estoy muy, muy enfadado» decía este viernes Pedro Sánchez tras el Consejo de Ministros en el que aprobaban un plan con medidas para paliar las consecuencias económicas y sociales derivadas del estallido bélico en Oriente Medio.
Y aunque a alguno le pareciera que lo decía por la situación vivida con Sumar -que llevó hasta el final el pulso con el PSOE y se negó a participar en la reunión del Gabinete hasta vislumbrar un acuerdo- el presidente sostenía que su enfado era «con la situación que está viviendo el mundo y la situación a la que nos están llevando determinadas decisiones y determinados gobiernos.»
Pero el enfado en Moncloa, en el PSOE y en el propio Sánchez fue mayúsculo por el «teatro» que consideran que montó el sector minoritario de la coalición al plantarse y bloquear el inicio del Consejo de Ministros. Fue un «plante muy cordial», decía una ministra de Sumar. Mientras en el ala socialista lamentaban este espectáculo «infantil». «Una pena con lo trascendental del momento y la importancia de todas las medidas», decía un miembro del Gobierno del ala socialista. «Hemos aprobado un paquete magnífico y nos arman este lío», lamentaba otro miembro del Ejecutivo en una frase que resumía el sentir de Sánchez, siempre contrario a que el «ruido» en la coalición tapase la acción política.
Y de ahí su intento por minimizar las dos horas en las que tuvieron que fraguar un nuevo decreto con medidas para la vivienda. «Entiendo que el salseo es interesante para los medios de comunicación, pero creo que estamos hablando de un plan muy relevante, muy importante, y es al final el resultado de todas esas horas de negociación que hemos tenido a distintos niveles», dijo Sánchez desde el atril de la sala de prensa cuando se le pidió más detalles sobre lo ocurrido. Poniendo la misma «cara de póker» que algún ministro confesó que puso a primera hora de la mañana cuando Sumar inició el «teatro» del plante con el objetivo de no mostrar preocupación alguno, aunque el verdadero rostro del momento era el de «mandíbula de dinosaurio, apretando dientes».
«El auténtico problema es que no saben ni quien son, ni adonde van, y lo pagan con nosotros», señalaba un miembro del Gabinete de Sánchez sobre la acción de Sumar que, a la vez, daba munición política a la oposición. El Partido Popular rápidamente se lanzó a hacer paralelismos con el contexto actual haciendo un llamamiento al «no a la guerra, en el Consejo de Ministros» y pidiendo el fin de un «gobierno en llamas». Pero resulta que desde el 28 de febrero, cuando Israel y Estados Unidos lanzaron su ataque contra Israel, la ONU ya ha contabilizado que más de 1.200 personas han muerto y 17.000 han resultado heridas.
Desde el PP continuaban con la mofa del lema ‘no a la guerra’ que enarbola el Gobierno y el PSOE desde que se inició este conflicto – y que usaron estratégicamente en la reciente campaña electoral en Castilla y León- y eso que ya están virando y se suman en el rechazo a la contienda. Un viraje parecido al visto en el seno de la Unión Euopea cuando algunos países corrieron a mostrarse del lado de Donald Trump tras el bombadeo contra el régimen del ayatolá Alí Jamenei. «No estábamos solos, íbamos por delante», resumían desde el Gobierno sacando pecho de cómo la unidad de la UE finalmente se fue orquestando entorno a la idea de que «no es nuestra guerra», que verbalizó Bruselas.
Pero el «Consejo de Ministro más divertido», como ironizó algún ministro, también tapó la jugada política del Gobierno con un paquete de medidas de «derechas», como llegó a reconocer Miguel Tellado, y que sitúa la próxima semana al Partido Popular en la coyuntura ante un plan que recoge buena parte de las ideas que habían lanzado estos días como propuestas, centradas en rebajas fiscales, para contener el alza de los precios. Un escenario con el que ya barruntaban en Génova que usaría el Ejecutivo – a tenor de su debilidad parlamentaria- para ponerles en la tesitura de tener que respaldar unas medidas del Gobierno que llevan tres semanas demandando desde la formación que preside Alberto Núñez Feijóo.
Pero en el PP ya han encontrado una rendija del paquete a la que aferrarse si no quieren respaldar el decreto del Gobierno en su convalidación en el Congreso del jueves. Sostienen que hay una parte de los márgenes empresariales que no saben cómo será aplicada. Y esa es justo una de las medidas que diferencia este plan con otros puestos en marcha en anteriores crisis – pandemia o la energética por el conflicto en Ucrania- con las que ha tenido que lidiar el Gobierno: Dotar a la Comisión Nacional de los Mercados de la Competencia (CNMC) de nuevas capacidades de supervisión y de sanción para que «se persiga y eventualmente, si se produce eso, se castigue con dureza» a cualquier empresa que «aproveche» esta crisis o las ayudas del Estado, para «enriquecerse», advirtió Sánchez.
Eso después de que la CNMC no haya encontrado «ninguna anomalía» en los precios de las 12.600 gasolineras de España. Y eso que los combustibles han sufrido encarecimientos récord en los primeros compases de la espiral alcista en el mercado del petróleo siendo el gasóleo un 14% más caro y la gasolina, casi un 8%.
El alza de los combustibles es alguna de las consecuencias de un «conflicto que «no sabemos si va a durar días, como se dice en algunas ocasiones, o va a durar meses o años», admitía Sánchez, porque «ni siquiera los tres países que están intercambiando bombardeos parecen saber cuál es la duración de esta de esta guerra». Una contienda a la que «han sido una vez más arrojados» los pueblos de Medio Oriente, como decía días atrás el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, después del llamamiento del Papa a poner fin a la contienda y al uso de la «diplomacia de la fuerza». Nada de neutralidad papal en esta ocasión.
De la guerra hablaron los Reyes con León XIV en la audiencia en la Santa Sede en la que coincidieron en un llamamiento a la paz y en el que abordaron la próxima visita a España en junio a Madrid, Barcelona y Canarias – con la que el Papa está «ilusionado». La cita de Felipe VI y Letizia con el Papa también estuvo ‘conectada’ con la Moncloa y el Consejo de Ministros extraordinario con un Félix Bolaños -que ejercía de ministro de jornada- que permaneció «enganchado» al teléfono.
Investido ‘protector’ de Santa María la Mayor, la basílica donde está enterrado el Papa Francisco, terminaba Felipe VI una semana que empezó mostrando sintonía con el Gobierno y sumándose a los esfuerzos para recuperar la relación diplomática con México y hacer que la cumbre iberoamericana de noviembre que se celebra en España luzca como los cónclaves de antaño con la mayor participación de países y con el mejor clima político posibles. Lo hizo con un gesto nada menor de reconocer «hubo mucho abuso» en la colonización del continente americano que descolocó a dirigentes de la derecha política y que, a su vez, agrandó las diferencias del Monarca con Vox .
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