Comparar Essex Market con un mercado barcelonés, español o europeo es “como comparar peras con manzanas”. Lo dice Pat, un vecino al que este jueves la nostalgia por un kebab berlinés le llevó a caminar 20 minutos y visitar por primera vez el mercado en el Lower East Side de Manhattan para probar Kotti Berliner Döner Kebab. Devoraba una de sus comandas gustoso en la zona comedor del mercado, habilitada en la planta superior, que a esa hora estaba a rebosar de gente, incluyendo muchos jóvenes de un instituto cercano.
Este empleado de un hospital, que definía como “muy ‘cool'» el Essex Market, no está solo en ver la singularidad de este enjambre con 36 puestos y locales. La misma idea se repetían en entrevistas a varios vendedores y clientes del mercado: todos encuentran muchas más similitudes entre los mercados del viejo continente y los “mercados verdes” como el de Union Square, donde varios días por semana granjeros, agricultores, panaderos y todo tipo de comerciantes locales venden al aire libre productos de cercanía.
Essex Market, no obstante, es algo único y preciado en Nueva York: una rareza con algo de joya. Es el más histórico de sus mercados de interior; con rico pasado, vibrante presente y un futuro tan lleno de posibilidades como de interrogantes.
La rica historia
Essex Market es uno de los seis mercados públicos que quedan en la ciudad de Nueva York, que originalmente construyó una decena para asegurar que los residentes tuvieran acceso a productos frescos. Es uno de los tres directamente gestionados por la Corporación de Desarrollo Económico municipal (NYC EDC, por sus siglas en inglés), junto a La Marqueta en East Harlem y el de Moore Street en Brooklyn. El grupo comunitario la Alianza Lower East Side se encarga de la publicidad y proporciona programas gratuitos para la comunidad y servicios para vendedores.
Exterior e interior el Essex Market, el único mercado municipal en Manhattan, en 2019 / David Nogué – Eixos
Sus cimientos se hunden en el siglo XIX, cuando los carritos de vendedores llenaban las calles de un barrio con fuerte presencia de inmigrantes. Para eliminar condiciones insalubres y la saturación de las calles, el alcalde Fiorello La Guardia tuvo la visión de una red de mercados de interior y el de Essex abrió sus puertas inicialmente en 1940, con cuatro edificios y 475 vendedores, en su mayoría inmigrantes judíos e italianos, a los que pronto se sumarían los puertorriqueños.
Durante un tiempo los vendedores funcionaron como cooperativa, pero cuando la ciudad empezó a cortejar a inversores privados, la comunidad local se unió y junto a académicos, cargos electos, activistas progresistas y planificadores urbanos consiguieron preservarlo, asegurando mejoras estructurales en la gestión y en las instalaciones. Cuando la EDC tomó las riendas en 1995 hubo una renovación y el mercado se consolidó en un solo edificio, donde estuvo hasta 2019, cuando se mudó a su actual ubicación, parte del desarrollo inmobiliario Essex Crossing, un complejo moderno con varios rascacielos y espacios.
El fuerte presente
“No hay día que no eche de menos el viejo mercado”, dice Andrew Clarke, propietario de Formaggio Essex, una quesería con amplio surtido de delicias y productos importados, desde vinagre de jerez a patatas fritas Torres. “No tenía ningún sentido y tenía todo el sentido del mundo. Podías pasar por fuera y no saber qué había ahí”, rememora.

Andrew Clarke, en su tienda de quesos del Essex Market de Nueva York / Idoya Noain
“En comparación con los europeos, este es algo más formal y un poco más de diseño, pero, ya sabes, es Nueva York”, dice sonriendo. Y habla con cariño y entusiasmo del proyecto general. “El diseño de este mercado te fuerza a ser muy humano, y eso es muy valioso. Es más que una calle con una tienda detrás de otra, donde los comerciantes apenas se conocen”, dice Clarke, originario de una pequeña población de la Pensilvania rural y que lleva trabajando 17 años en una tienda que compró hace siete cuando se jubiló el dueño original. “Entre los vendedores hay modelos de negocio muy distintos, interesantes. Y hay valoración y respeto mutuo. No sé si una comunidad, pero sí somos como un vecindario”.

Saad Bourkadi, vendedor del Essex Market de Nueva York / Idoya Noain
“A diferencia del Chelsea Market, el Essex Market está hecho para la gente, no para el turismo. Hay turistas pero porque hay turistas en todos sitios”, añade Clarke. Coincide Saad Bourkadi, original de Marruecos, dueño de la tienda Essex Olive and Spice y miembro de la junta de vendedores del mercado. Él también se mudó del anterior edificio, donde abrió su tienda en 2016, al actual. Y hablando también de Chelsea Market como “algo impersonal, donde hay comida de calidad pero no hay relación personal ni sentimiento de barrio”, destaca como uno de los activos que suma Essex Market el fuerte arraigo en la comunidad y una clientela que, en una urbe y una era de turismo desorbitado, es “entre el 80 y el 85% local”.
Bourkadi dice que, salvando las distancias, el suyo es “el mercado neoyorquino de aspecto y sensaciones más europeos, como de España y el sur de Francia”, territorios que conoce bien. Este contable de formación alaba que “hay clientes fijos, una relación personal que no es fácil labrar y construir en Nueva York»: «Es una experiencia humana maravillosa y satisfactoria”.

Grazymay y Howard, clientes del Essex Market de Nueva York, esta semana / Idoya Noain
Entre esos habituales están Grażyma, originaria de Polonia y vecina del barrio, y su marido, Howard, que el jueves también se acercaron a comer. “El antiguo tenía más personalidad, pero este tiene mejor espacio”, asegura Grazyma, que fue diseñadora de interiores y profesora y afirma que “los mercados españoles tienen una belleza que este no tiene”. Pero agradece igualmente tener el Essex: “No hay muchos mercados en Nueva York. Y con este tenemos suerte”.
El modelo de negocio
El Essex Market late con un modelo de propiedad y gestión pública en alianza con lo privado. Y Bourkadi asegura que en los puestos hay “precios muy asequibles y calidad muy alta porque se pagan unos alquileres muy razonables. Muchos vendedores han estado vinculados al mercado por generaciones, algunos desde los años 90, y eso es maravilloso”.
Aunque en el mercado libre un alquiler comercial de características de los puestos del Essex Market podría alcanzar los 1.200 dólares por metro cuadrado, los vendedores están pagando de media menos de 1.000, y algunos de los que tienen más historia pagan poco más de 400 dólares.
La Corporación de Desarrollo Económico municipal insiste en que el objetivo de los mercados públicos neoyorquinos no es obtener beneficios, sino dar acceso a comida sana y asequible. Y Nevin Cohen, director del Instituto de Politica de Alimentation Urbana, le dijo al diario ‘Gothamist’ que los costes para la ciudad, que según algunos datos perdió menos de 500.000 dólares con el mercado en el último año fiscal, «son modestos si se comparan a programas que dan incentivos fiscales a compañías que ponen tiendas de alimentación en barrios con poca oferta”.
Futuro de incógnitas y posibilidades
El futuro del mercado como núcleo para los vecinos sigue vivo y lleno de posibilidades, pero no faltan incógnitas. Toda la planta baja es de propiedad privada y fracasó un intento de establecer otras tiendas y restaurantes en ese enorme espacio sin ventanas y lleno de columnas. En parte por el impacto de la pandemia y sus coletazos, y en parte por el exceso de food halls en Nueva York, cerró en primavera de 2024 y los dueños, Delancey Street Associates, están negociando con Burlington Coat Factory, una cadena de grandes almacenes de descuento, para instalarse allí.
En la última reunión celebrada el lunes por la junta comunitaria del barrio, uno de los órganos consultivos de participación ciudadana que asesoran al ayuntamiento, se debatió una propuesta que se presentará a la alcaldía de Zohran Mamdani y que plantea abrir un “proceso colaborativo” para reactivar el espacio en la planta baja. Aunque es difícil siendo de propiedad privada, plantea contratar un asesor externo para crear un plan estratégico para los próximos cinco años. La Alianza Lower East Side, cuyo contrato de servicios del mercado expira en junio, quiere una prórroga y asumir la gestión diaria del mercado que ahora recae en la ciudad y en la que se ven problemas de mantenimiento, falta de personal y escaso uso de parte de las instalaciones. “Vemos Essex Market como una piedra angular para el desarrollo comunitario y queremos que siga dejando beneficios para la comunidad”, dijo en la reunión Tim Laughlin, presidente de la Alianza.
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