Rosa Fuentes es de Salamanca. Lleva haciendo bolillos más de treinta años, viene junto a otras diez compañeras -y un compañero, Miguel García-, y es la tercera vez que acude al Encuentro de Encaje de Bolillos de Mieres. «Me gustó el ambiente y repito». Tiene claro que esta actividad tiene algo de terapéutico, «me resulta muy relajante. Hay quien dice que es difícil, pero no lo es. Relaja, es bueno para las manos. Tuve un problema de fractura de muñeca, y el día que los retomé, se me redujo la inflamación a la mitad. Me viene muy bien». Con su asociación, Ciudad de Salamanca, «hacemos sobre todo vestidos tradicionales, también puntillas para pañuelos, puños… los aplicamos a la indumentaria tradicional».
También desde Castilla y León, pero en este caso, desde Valladolid, llega Paquita Berzosa. Es todo un ejemplo de amor por esta actividad, y también, de amistad «con mis amigas de Asturias». El tren de Renfe que iba a tomar para llegar a Mieres se anuló, «luego los autobuses se llenaron»… pero finalmente, a media mañana, pudo llegar al recinto ferial de Santullano, donde fue recibida por abrazos por las organizadoras del encuentro. «Fue todo un desastre al principio, al final pude llegar». No tenía pensado al principio hacer noche en Mieres, finalmente lo hará, todo, «porque me gustan los bolillos, y me gusta el ambiente que hay aquí en Mieres».
Alta participación y mucho público
Tanto Fuentes como Berzosa son ejemplos del éxito de participación del encuentro mierense, que cada año organiza la asociación «Elbuenporqué». Su presidenta es Conchita Marcos, y portavoz Laude Díaz. Ambas destacan que hasta el valle del Caudal, en una jornada como la de este sábado llegan «más de 500 participantes», procedentes de toda Asturias, de buena parte de España -Galicia, Castilla y León, mucha gente de Galicia, Madrid, País Vasco, Castilla-La Mancha, Cantabria…- e incluso del extranjero, «tenemos a una pareja de Colombia». A todas ellas -hay mayoría femenina, pero a los bolillos también se empiezan a enganchar bastantes hombres- hay que añadir las visitantes, el público, «mucha gente que viene a ver cómo se trabaja, a comprar material a las tiendas que se instalan hoy, a hablar y a intercambiar experiencias».
Exposiciones
En el encuentro, además, destacaba una parte dedicada a exposiciones. Tres muestras, dos con trabajos de bolilleras mierenses «con una mano extraordinaria», como Tere Pérez y Kety Álvarez, y «un pequeño tesoro», piezas de la colección de Marian Muller, experta en el denominado Tul de Malinas, tal vez «la modalidad más complicada y fina» de este arte textil. Piezas «del siglo XVIII, auténticas joyas», recalcaba Laude Díaz.
«Apunta ahí, apunta ahí», explica una de las asistentes, apuntando con el dedo a la libreta. «Venimos, porque esto es una fiesta. Conoces a gente con tu misma afición, te lo pasas bien, está bien organizado. Es una fecha en nuestro calendario», y con la de este sábado, van ya 21 ediciones. Y las que quedan, visto que los bolillos son una tradición que engancha.
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