El primer ministro de Israel, Binyamín Netanyahu, tira por su propio camino. Tras su choque con el presidente estadounidense Donald Trump por el ataque al mayor yacimiento de gas natural del mundo situado en Irán, el líder judío desoye a su aliado. Mientras Trump afirma que no quiere tropas sobre el terreno, Netanyahu ha insistido este jueves que sería necesaria una ofensiva terrestre para lograr el colapso del régimen iraní. Frente a la prensa extranjera, ha dicho que si bien Israel y Estados Unidos pueden lograr «muchas cosas desde el aire», un «componente terrestre» es imprescindible para crear las condiciones necesarias para un cambio de régimen, sin especificar en qué consistiría dicha ofensiva.
Primero, fue el yacimiento de gas natural de Pars Sur. Estas refinerías de gas iraníes, que comparte con Qatar, fueron el objetivo de los ataques israelíes este miércoles. La agresión contra el yacimiento que representa una gran parte de las exportaciones de gas natural provocó la respuesta iraní, que atacó la refinería Mina Al Ahmadi de Kuwait, provocando varios incendios sin dejar víctimas. Este jueves en rueda de prensa, Netanyahu confirmó que Israel «actuó solo», y que Trump pidió a Tel Aviv que se «abstuviera de realizar más ataques». Por la mañana, el presidente estadounidense dijo a los periodistas que había hablado con Netanyahu y que le había dicho «que no hiciera eso«. “En ocasiones, él hace algo, y si no me gusta, ya no lo haremos”, añadió.
«No voy a desplegar tropas»
Israel y Estados Unidos son «independientes, se llevan de maravilla y están coordinados», insistió Trump frente a la prensa. «¿De verdad alguien cree que alguien puede decirle al presidente Trump lo que tiene que hacer? ¡Por favor!», ironizó Netanyahu, por su parte, sobre las acusaciones de que Tel Aviv arrastró a Washington a la guerra. «El presidente Trump siempre toma sus decisiones basándose en lo que cree que es bueno para Estados Unidos; en este caso, esos intereses son absolutamente claros, al igual que la claridad de nuestros logros», ha añadido. Después de este desencuentro, parece avecinarse otro respecto a la posibilidad de una ofensiva terrestre en Irán. «No voy a desplegar tropas en ningún sitio», dijo Trump este jueves a un periodista que le preguntó sobre el uso de tropas terrestres.
«Si lo hiciera, desde luego no se lo diría», añadió, no obstante, dejando margen de maniobra a esta posibilidad. Dos días antes, Trump afirmó «no tener miedo» de desplegar tropas estadounidenses sobre el terreno. Mientras, su socio en esta campaña militar que está a punto de entrar en su cuarta semana parece tener otra opinión. Netanyahu ha defendido la importancia de una operación terrestre para hacer caer el régimen iraní. El primer ministro israelí, sin embargo, no ha especificado la probabilidad de que el régimen colapse, aunque sí ha dicho que se encuentra en su «punto más débil» y que existen «grietas» visibles. Tras 20 días de guerra, Irán ya no tiene capacidad para enriquecer uranio ni fabricar misiles balísticos, ha declarado Netanyahu, añadiendo que Israel continuaría «destruyendo estas capacidades por completo».
A su vez, ha sugerido creer que la guerra «terminará mucho más rápido de lo que la gente piensa», aunque luego ha agregado que para ganar guerras, «hay que apretar los dientes«. Netanyahu sigue sin detallar los objetivos israelíes y estadounidenses de la guerra, limitándose a afirmar que los dos países están «bien coordinados». Además, ha celebrado que las fuerzas israelíes han creado un «corredor de seguridad» en el sur del Líbano para impedir una invasión de Hezbolá, y ha añadido que existen “planes para el futuro” con respecto a su país vecino. La presencia de tropas israelíes en territorio libanés sigue siendo combatida por los milicianos del grupo chií en distintos puntos de la frontera que comparten. Mientras, el Ejército israelí insiste a la población del sur del país que desaloje forzosamente sus hogares.
Ataque contra la refinería de Haifa
El jueves también tuvo lugar un ataque con misiles iraníes contra la refinería de petróleo de Bazan, en la ciudad norteña de Haifa. Los daños se produjeron en «la infraestructura exterior perteneciente a un tercero, que es esencial para las actividades de la refinería, ubicada fuera del recinto de la refinería», según confirmó la propia refinería, que informó de que la reparación llevará «unos días», aunque la mayor parte de la producción está activa. El ministro de Energía, Eli Cohen, declaró que el ataque, en el que fragmentos de un misil interceptado impactaron en las instalaciones, no causó «daños significativos a las infraestructuras». No hubo heridos. El teniente de alcalde de Haifa, Avihu Han, instó al Gobierno a cerrar las refinerías lo antes posible. «No podemos seguir jugando a la ruleta rusa con la vida y la seguridad de los residentes de la metrópolis de Haifa ni con la seguridad energética de los ciudadanos del Estado de Israel», defendió.
Los ataques procedentes del Líbano por parte de Hezbolá y de Irán han continuado con más intensidad durante este viernes. Fragmentos de un misil iraní han impactado en la Ciudad Vieja de Jerusalén y han causado un herido. A su vez, Israel ha atacado con agresividad ambos territorios. Los aviones de guerra israelíes han ahondado en la guerra psicológica contra el pueblo libanés con explosiones sónicas sobre Beirut. La capital libanesa ha temblado cuando los aviones militares israelíes han roto la barrera del sonido, lo que produce un efecto parecido al de una gran explosión que se repite al cabo de pocos segundos. Este viernes el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Nöel Barrot, ha aterrizado en Israel después de pasar el día anterior por Beirut para impulsar las negociaciones que pongan fin al conflicto que ya ha arrasado con más de un millar de vidas libanesas.
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