Un conspicuo observador de alargada retranca y solvente trayectoria hizo una apreciación nada baladí acerca del rostro maquillado del presidente del Gobierno. El colega, cinéfilo aficionado a las películas antiguas de terror, trató de convencerme sobre el parecido de la caracterización facial de Sánchez con la del desaparecido actor británico Christopher Lee, recordado por los de mi generación en las sesiones continuas de las tardes dominicales interpretando a Drácula, Fu Manchú o La Momia, entre otros papeles inquietantes. Eso es pasarse, contesté, a lo cual el vivaz interlocutor dijo: «No, es maquillaje».
Pensándolo bien el sanchismo es puro maquillaje, con grandes maestros del oficio colaborando. Ahí está el servil Tezanos, derrochando capas de pintura en la nuclear misión de distorsionar la realidad. Elaborando con dinero público y logotipo del CIS unas encuestas hilarantes, apuntalando al PSOE después de cada derrota electoral. Y en menos de cuatro meses van tres descalabros del sanchismo. En junio se espera el cuarto y más estrepitoso naufragio en las urnas, esta vez en Andalucía. Lenguas de doble filo lanzan el bulo de que Victorio y Lucchino le han tomado las medidas a María Jesús Montero a fin de coserle un modelito inspirado en el Viernes de Dolores. Previendo la mortaja política en sacrificio del Camarón del socialismo, al que pronto la diestra palmera dejará de acompañar por seguidillas, bulerías o soleares. Montero apunta a ser un cadáver más en el armario de Pedro. Él seguirá, mientras aguante el maquillaje.
Periodista y escritor
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