Media hora antes de su conversación con EL PERIÓDICO, Ilan Amit y su familia han sufrido el enésimo sobresalto desde que comenzara la guerra contra Irán. Otra alarma antiaérea de misiles iraníes que han sido finalmente derribados.
Amit es un activista judío israelí que vive en Jerusalén. Él no tiene refugio en su edificio, y cuando suenan las alarmas va a uno público de su barrio. Codirige el Centro Árabe-Judío para el Empoderamiento, la Igualdad y la Cooperación AJEEC. Entre otras cosas, su organización se encarga de denunciar e intentar paliar la flagrante falta de refugios antiaéreos públicos o de permisos para construir refugios privados en los barrios árabes de las ciudades de Israel o en los pueblos de beduinos de la zona del Neguev.
En el autodenominado Estado Judío, los llamados «palestinos del 48», aquellos que se quedaron en el territorio del nuevo Israel tras la guerra y la declaración de independencia, sufren una discriminación de facto en el nivel de protección del que les provee el Gobierno en medio de la guerra de Israel contra Hamás en Gaza, Hezbolá en el Líbano y el régimen iraní de los ayatolás. No está escrita en ningún lado. No es un apartheid con carteles de «árabes no» en la puerta de los refugios. Es, explican Amit y otras fuentes árabes e israelíes consultadas por este diario, una palmaria política pública discriminatoria a la hora de construir refugios públicos en barrios árabes.
«¿Hay discriminación? La respuesta es un sí absoluto. Eso nadie lo discute. La pregunta es por qué», afirma Amit a EL PERIÓDICO. «En gran medida, tiene que ver con la normativa urbanística y con el desarrollo desigual. Como el Estado de Israel construye barrios casi exclusivamente para población judía –muy rara vez construye barrios para árabes–, lo que se ve es que los refugios aparecen en los barrios judíos y no en los árabes, porque es ahí donde el Estado ha promovido vivienda y desarrollo urbano».
De los dos millones de ciudadanos árabes de Israel, unos 550.000 viven sin espacio donde protegerse de los ataques con misiles, drones o cohetes, según la organización AJEEC. En el 60% de los municipios árabes no hay refugios públicos en absoluto. Aproximadamente el 30% de las escuelas públicas árabes carecen de protección adecuada, frente al 11% de las escuelas públicas hebreas y judías religiosas.
Tel Aviv, el 10 de marzo de 2026.- Un niño observa mientras espera en un aparcamiento subterráneo utilizado como refugio antiaéreo durante una alerta / OLYMPIA DE MAISMONT / AFP
Además está la cuestión de las licencias. Las casas de nueva construcción suelen tener licencia para refugio; las viejas, no. El Israel de Binyamín Netanyahu (que ha estado en el poder durante casi dos décadas) ha llevado a cabo una política urbanística en la que casi no se conceden licencias de nueva construcción en los barrios árabes o en las zonas árabes de ciudades mixtas como Lod o Ramle, explica.
La situación es ampliamente conocida en la sociedad israelí. «Israel debe hacer todo lo que pueda para que las ciudades árabes estén protegidas por los misiles«, se leía en un editorial del diario progresista ‘Haaretz’ el pasado 16 de junio de 2025. «Solo 37 de 11.776 refugios públicos de Israel están en localidades árabes; ocho de esos 37 ni siquiera eran aptos para uso público», se leía en el diario ‘Times of Israel’ este 6 de marzo, ya en plena guerra con Irán.
Bimkom, organización israelí de derechos urbanísticos y planificación, ha concluido que hay un «fallo sistémico» y «políticas de planificación discriminatorias» detrás de la escasez de refugios en pueblos árabes, aldeas beduinas y Jerusalén Este.
Grandes ciudades como Tel Aviv están bien protegidas, repletas de refugios. Algunos clubes subterráneos se han convertido en refugios nocturnos donde la música suena mientras fuera caen los misiles.

Tel Aviv, 9 de marzo de 2026.- Jóvenes israelíes bailan en una discoteca que funciona como refugio durante uno de los ataques iraníes / OLYMPIA DE MAISMONT / AFP
Los misiles no distinguen por etnia
Israel también ha desarrollado un sofisticado sistema de alerta que avisa a los residentes a través de sus teléfonos móviles cuando se detectan misiles entrantes. Según denuncian las ONG de defensa de los derechos de los árabes palestinos, también en esos sistemas de comunicación se percibe la discriminación.
Los misiles que lanza ahora Irán, o los que lanzaron los grupos Hamás, palestino, y Hezbolá, libanés, durante la guerra de Gaza no distinguen entre etnias. De hecho, el número de muertos es desproporcionadamente mayor entre algunas poblaciones que otras, especialmente entre los beduinos del Neguev, zona cercana a Gaza.
Khalil Alamor es un ciudadano israelí que vive en Asira, una de las llamadas «35 aldeas beduinas no reconocidas del Neguev«. «Aquí somos 500 personas, unas 75 familias, y tenemos dos cubículos pequeños para protegernos de los ataques, en los que caben entre cinco y ocho personas cada uno. Es decir, en total pueden protegerse unas 16 personas de 500. Se puede imaginar cuánta gente se queda sin refugio», explica a EL PERIÓDICO.

Refugio improvisado en las comunidades beduinas del Neguev (Israel) / Consejo Regional de las Comunidades Beduinas No Reconocidas del Neguev
Uno de los cohetes, cuenta, cayó a menos de 500 metros de su casa. «Como la gente no tiene refugios, cuando suenan las alarmas, muchos salen corriendo con sus hijos y se esconden debajo de los puentes de las carreteras principales. Así que al final todo depende de la suerte».
El Estado no solo no proporciona refugios a estas localidades. Tampoco permite que se los construyan ellos mismos. «Aquí no tenemos permisos para construir nada. Cualquier construcción nueva, da igual para qué sea –para vivir, para refugiarse o para cualquier otro uso–, está sujeta a demolición«, explica. Israel no quiere consolidar la presencia árabe en esas zonas. «Solo este año hemos tenido miles de demoliciones bajo este Gobierno. Hay demoliciones de viviendas en las aldeas prácticamente a diario«.
Principales víctimas de Hamás
El primer día de la guerra de Israel contra Hamás en Gaza, murieron siete beduinos del Neguev por los cohetes lanzados por la milicia islamista palestina Hamás. Seis de ellos en aldeas no reconocidas y uno en Arara, que sí es una localidad reconocida por el Gobierno. Una de las víctimas era un niño de cinco años que, por alguna razón, estaba fuera, en la calle, cuenta Alamor.
Después, durante el primer ataque de Irán en abril de 2024, hubo otra afectada entre la comunidad beduina: una niña del pueblo de Al-Furua, Amina Hassouna, que resultó herida.
«Calculamos que un ciudadano beduino tiene unas 2.000 veces más probabilidades de morir que uno judío, teniendo en cuenta que los beduinos son solo el 3% de la población israelí, y solo el 1% de los cohetes veían hacia aquí», aporta a EL PERIÓDICO. «Estas poblaciones no están seguras. Por supuesto que existe discriminación contra las poblaciones árabes en seguridad. Solo el 0,3% de los refugios públicos de Israel está en localidades y comunidades árabes, aunque los árabes representan el 21% de la población».
Unas 150.000 personas viven en aldeas beduinas. Alrededor de 100.000 en poblaciones no reconocidas. Para él, el problema de los refugios es solo un exponente más de una discriminación más profunda, estructural. El Gobierno israelí no permite a los beduinos vivir de una manera agrícola y rural, como sí permite a los judíos. En lugar de eso, los empuja a vivir en pueblos concentrados. «El Estado no quiere asignar tierra a los árabes. La política consiste en concentrar al mayor número posible de árabes en la menor superficie posible«, concluye.
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