Para la fiscalía noruega, Marius Borg Høiby, hijo de la princesa heredera Mette-Marit, debe cumplir siete años y siete meses de cárcel por violación y agresiones contra cuatro mujeres, incluida una exnovia. Para su defensa, fueron relaciones sexuales consentidas y no hay pruebas de tales violaciones. El propio acusado, de 29 años, reconoce algunos excesos, fruto de su adicción al alcohol y las drogas, pero se siente víctima de un proceso muy mediático, a consecuencia del cual la sociedad le ve ahora como un “monstruo”.
Con los alegatos de la defensa quedó visto para sentencia un proceso cuya apertura coincidió con el escándalo en torno a la amistad entre Mette-Marit y el pederasta estadounidense Jeffrey Epstein. La princesa ha pedido hasta cuatro veces perdón por esos vínculos, que se trazaron en 2018. Para entonces, Epstein ya había sido condenado por violación de una menor, lo que no impidió a la princesa mantener con él un intenso intercambio de confidencias.
Sketch del juicio de Marius Börg. / ANE HEM / AFP
Independientemente de cuál sea la sentencia contra su hijo, el caso pesa como una losa sobre la casa real noruega, aunque el procesado no sea formalmente miembro de ésta. Ambos escándalos, el del proceso por violación y el de la amistad con Epstein, han nutrido a diario los titulares de la prensa nórdica, en alternancia con la preocupación por el estado de salud del rey Harald, de 98 años, o de la propia Mette-Marit, la esposa del príncipe heredero Haakon. Harald estuvo unos días ingresado en un hospital de Tenerife durante unas recientes vacaciones privadas, por una infección. Mette-Marit, a quien en 2018 se le diagnosticó una fibrosis pulmonar, inició los preparativos para recibir un trasplante de pulmón y está prácticamente alejada de la vida pública.
Seguimiento a diario de un proceso tortuoso
Ni Mette-Marit ni su esposo han sido citados a declarar en el proceso. Pero los nombres de ambos han sido omnipresentes en la veintena de vistas celebradas. Høiby se ha referido repetidamente a su madre en términos cariñosos y lamentado los estragos que su caso han causado en la pareja. También ha destacado su buena relación con Haakon, en contraste con la cero sintonía que mantiene con su padre, de quien supuestamente ha heredado ese comportamiento agresivo, ataques de rabia y adicciones tóxicas.

Marius Borg Hoiby con el Príncipe Haakon, Mette-Marit, Ingrid Alexandra y Sverre Magnus. / LISE ASERUD / AFP
La otra figura que ha planeado sobre el proceso es la de su última exnovia, Nora Haukland, quien ha hablado profusamente ante los medios y montado su propio «circo mediático». Es una de las cuatro mujeres que le acusan de violación y agresiones físicas. Las otras víctimas no fueron conscientes de las agresiones sexuales sufridas, ya que ocurrieron mientras dormían. Se enteraron cuando, tras la detención de Marius, en agosto del año pasado, la policía se incautó de teléfonos y ordenadores. Ahí estaban almacenadas las grabaciones hechas por el propio procesado mientras cometía sus vejaciones. Una de esas situaciones se produjo en un sótano de la residencia de los príncipes herederos.
En total se le procesaba por 38 casos, entre violaciones, agresiones y transporte de 3,5 kilos de marihuana. Prácticamente en la víspera de la apertura su juicio se le sumó una última agresión, al vulnerar la orden de alejamiento de una de las mujeres. Ello hizo que se ordenara su detención e ingreso en prisión preventiva, donde ha seguido hasta ahora. La suma de todos estos casos habría representado 16 años de cárcel, aunque algunos de esos cargos fueron desestimados a lo largo del juicio.
Los medios nórdicos han ofrecido un seguimiento minucioso del proceso. No ha habido acceso a las cámaras, ni siquiera en los minutos iniciales de las vistas. Tampoco hay fotografías de Høiby respondiendo ante la justicia. Pero a través de las ediciones digitales de tabloides o de la televisión pública se ha podido asistir al relato de los ataques de ira, llantos e insultos de Høiby.
Un joven privilegiado y con derecho a todo
Curiosamente el procesado encajó la petición de la fiscalía sin mostrar ninguno de esos rasgos característicos de su personalidad descontrolada. El procesado es un joven «que se cree con derecho a todo», incluido seguir teniendo sexo cuando su pareja se queda dormida y sin atender a que una violación deja secuelas de por vida, según el argumento del fiscal. Høiby, el niño rubio y adorable de tres años que Mette-Marit aportó a la familia al casarse con Haakon, es ahora un hombre que «pierde el control, da puñetazos a las paredes, lanza cuchillos y teléfonos al aire, escupe e insulta a su pareja o hasta amaga con estrangularla«, según la acusación.
Høiby no lloró al escuchar la petición del fiscal que pide para él más de siete años de cárcel. Pero sí había tenido uno de sus arrebatos de victimismo en la penúltima vista. «Ya no soy Marius. Me han borrado como persona y ahora soy un monstruo, blanco del odio de toda Noruega».
Suscríbete para seguir leyendo















