El sector ganadero es uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo y, por eso mismo, cada vez son más los científicos, instituciones y empresas que centran sus esfuerzos en reducir la huella ecológica de las granjas. En este contexto, el proyecto europeo ‘Life Green Ammonia’, liderado por varias entidades españolas, se ha centrado en desarrollar una nueva tecnología capaz de reducir las emisiones de amoníaco del sector ganadero y transformar los residuos en materiales útiles para el sector. Según explican los responsables de esta iniciativa, esta herramienta permite capturar hasta el 98% de estos contaminantes atmosféricos y convertir una parte de estos en fertilizantes agrícolas reutilizables.
La iniciativa surge en un contexto de creciente exigencia normativa por parte de la Unión Europea en materia de calidad del aire, donde el sector ganadero figura como una de las principales fuentes de emisiones de amoníaco. Para Coral Carrasco, coordinadora de I+D y Sostenibilidad del Grupo Vall Companys, uno de los impulsores de este proyecto, la gestión de este contaminante generado a partir de la excreción animal y la gestión de purines «representa un desafío clave para países como España ya que implica compatibilizar la sostenibilidad ambiental con la competitividad de sus explotaciones«. Es por eso que, frente a este escenario, el proyecto plantea un cambio de enfoque basado en la economía circular. «La idea es capturar el amoníaco en origen y reintroducirlo en el sistema productivo como fertilizante agrícola», afirma la especialista.
La tecnología desarrollada se basa en el uso de membranas permeables que permiten separar selectivamente el amoníaco del aire presente en las naves ganaderas
La tecnología desarrollada se basa en el uso de membranas permeables que permiten separar selectivamente el amoníaco del aire presente en las naves ganaderas. Este gas es conducido hacia una solución de ácido sulfúrico, donde reacciona químicamente para transformarse en sulfato de amonio líquido, un fertilizante de uso directo en agricultura. Las pruebas piloto realizadas en explotaciones ganaderas de España y Portugal han validado el rendimiento del sistema en condiciones reales de operación. Los resultados obtenidos muestran una capacidad de captura de hasta el 98% del amoníaco presente en el aire tratado, lo que permite reducir de forma significativa el impacto ambiental de las instalaciones ganaderas y facilitar el cumplimiento de los límites de emisión establecidos por la normativa europea.
Fertilizante agrícola
Según explica Carrasco desde una presentación organizada este jueve en Madrid, el producto obtenido de este proceso, llamado sulfato de amonio líquido, es útil como fertilizante agrícola «con un rendimiento comparable al de otros producto ya presentes en el mercado». Los ensayos agronómicos realizados por el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León han confirmado que este fertilizante ofrece un rendimiento equivalente al de los fertilizantes sintéticos convencionales en distintos cultivos como de productos hortícolas, cereales y leguminosas. Estos resultados avalan su potencial como alternativa sostenible y de proximidad, contribuyendo a reducir la dependencia de fertilizantes de síntesis química importados de otros países y, por lo tanto, susceptibles a sufrir problemas de importación.
Las pruebas demuestran que el producto obtenido de este proceso es útil como fertilizante agrícola y cuenta con un rendimiento comparable al de otros producto ya presentes en el mercado
El éxito del proyecto, apuntan sus impulsores, ha sido la colaboración público-privada entre entidades como la Fundación de la Universidad de Valladolid (UVA), el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACYL), el Grupo Vall Companys a través de su filial Agrocesa, así como compañías como Agroporcino Manso y la portuguesa Vale Do Junco. Según argumentan los promotores de esta iniciativa, los resultados obtenidos en los últimos años confirman que «la captura y valorización del amoníaco constituye una solución eficaz para reducir el impacto ambiental de la ganadería, al tiempo que genera un producto útil para la agricultura». Este enfoque, afirman, contribuye a «cerrar el ciclo del nitrógeno» y «refuerza la autonomía del sector» frente a la volatilidad de los mercados internacionales de fertilizantes.
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